Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 227

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Lobo solitario, de vuelta al amor
  4. Capítulo 227 - Capítulo 227: Lo que creí natural
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 227: Lo que creí natural

**Renesmee**

Un año.

No era una cifra ceremonial ni una fecha que necesitara celebración grandilocuente, pero se sentía importante. Real. Elliot y yo habíamos cumplido un año juntos y, aunque el tiempo para nosotros siempre había sido extraño, ese año tenía peso. Habíamos crecido. Habíamos aprendido a leernos. A esperarnos.

Por eso, cuando mis tíos —Jacob y Emma— renovaron sus votos en el jardín de la casa, algo se acomodó dentro de mí sin que yo lo buscara.

La ceremonia fue sencilla. Íntima. Palabras que no necesitaban adornos porque estaban sostenidas por los hechos. Yo los miraba de la mano, sonriéndose como si el mundo no existiera fuera de ese pequeño círculo, y sentí una emoción cálida, tranquila. No aspiracional. No idealizada. Posible.

Elliot estaba a mi lado, su mano firme rodeando la mía. De vez en cuando bajaba la mirada hacia mí, y yo le devolvía la sonrisa. Me sentía segura. Profundamente amada.

Cuando anunciaron que se irían dos semanas de luna de miel a la Riviera Maya, todo se volvió todavía más ligero. Anthony viajaría con Quetzaly a California. La cabaña quedaría sola.

No pensé en eso como un “ahora o nunca”. No hubo ansiedad. No hubo plan. Solo una certeza suave: ya no éramos niños.

Esa noche, después de que la celebración se diluyera en conversaciones y risas, regresamos a la cabaña. Preparé té. Elliot dejó las luces bajas. Todo era familiar, cómodo, nuestro.

Nos sentamos juntos en el sofá. Yo me acomodé entre sus piernas, apoyando la espalda contra su pecho. Sentí cómo su respiración se ajustaba a la mía, cómo su brazo rodeaba mi cintura con ese gesto protector que siempre me hacía sentir en casa.

Me giré para mirarlo.

Nuestros rostros quedaron muy cerca. No hubo palabras. No hicieron falta.

Me incliné primero, lenta, dándole espacio para retirarse si quería. No lo hizo. Sus labios encontraron los míos con suavidad, como siempre, pero esta vez el beso no se quedó ahí. Se profundizó. Su boca respondió con más intención, con una calidez que me recorrió el cuerpo.

Mis manos subieron a su cuello. Luego a su pecho. Sentí el latido firme bajo la tela de su camiseta.

Elliot no se apartó.

Al contrario, su mano se deslizó por mi espalda, lenta, cuidadosa. Me atrajo un poco más hacia él. El beso se volvió más largo, más denso. Mi respiración cambió, y la suya también.

Me sentí segura.

Quise acercarme más.

Deslicé una mano por su costado, buscando la piel debajo de la camiseta, apenas un gesto, una pregunta silenciosa.

Y entonces… se tensó.

No se apartó de golpe. No me empujó. Pero su cuerpo dejó de avanzar. Sus labios se separaron de los míos con cuidado, como si temiera romper algo frágil.

—Nessie… —dijo en voz baja.

Abrí los ojos.

Su frente descansó contra la mía. Sus manos seguían en mi cintura, pero quietas. Demasiado quietas.

—No —continuó, con un suspiro contenido—. No así.

La frase no fue dura, pero cayó pesada.

—¿No… así? —pregunté, todavía cerca, sin reproche, sin ironía.

Se apartó lo suficiente para mirarme a los ojos. Su expresión no era de duda, ni de culpa. Era… decisión.

—No quiero cruzar ese límite todavía.

El silencio se instaló entre nosotros.

Mi mente tardó un segundo en reaccionar. No porque no entendiera las palabras, sino porque no esperaba oírlas ahí, en ese momento exacto, cuando todo parecía fluir con naturalidad.

Retiré despacio la mano.

—Está bien —dije, más rápido de lo que sentía—. Perdón, yo…

—No —me interrumpió enseguida—. No tienes nada que disculpar.

Eso, curiosamente, fue lo que más me descolocó.

Asentí, aunque algo en mí se había replegado.

Nos quedamos así un momento más, abrazados, pero ya no de la misma forma. La cercanía seguía ahí, pero el aire había cambiado. No incómodo de inmediato, solo… distinto.

Esa noche dormimos juntos. Vestidos. A una distancia mínima, pero perceptible. Yo sentía su calor, su respiración constante, y aun así me costó conciliar el sueño.

No estaba molesta.

No estaba herida.

Pero algo se había movido.

No supe nombrarlo.

No quise hacerlo.

Solo supe que, por primera vez desde que estaba con Elliot, me quedé despierta más tiempo del habitual, mirando el techo, escuchando el silencio compartido y preguntándome, sin palabras claras, qué era exactamente lo que acababa de pasar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo