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Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 235

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Capítulo 235: El regreso y el acuerdo

**Elliot**

Habían pasado días que me parecieron eternos desde que Nessie se fue a Denali.

Intenté mantenerme ocupado, entrenar más, adelantar cosas de la universidad, ayudar en lo que podía en la reserva, pero nada lograba silenciar esa sensación constante de ausencia. No era solo extrañarla a ella; era extrañar la forma en que todo parecía tener sentido cuando estaba cerca.

Balto no ayudaba en absoluto.

Cada noche, cuando intentaba descansar, sentía su inquietud. Daba vueltas dentro de mí, impaciente, trazando rutas imaginarias hacia el norte, como si Alaska fuera solo una caminata larga y no miles de kilómetros.

—No —le decía en voz baja, más para mí que para él—. No vamos a ir a buscarla.

Balto gruñía, inconforme. Para él, la distancia no era una prueba romántica sino una afrenta directa al vínculo.

Mis padres ya habían regresado de su luna de miel cuando finalmente decidí hablar con mi padre. Jacob me encontró en el porche, mirando al bosque sin realmente verlo.

—La extrañas —dijo, sin rodeos.

Suspiré, derrotado.

—Más de lo que pensé que sería capaz de soportar.

Jacob se sentó a mi lado, apoyando los antebrazos sobre las rodillas.

—Te entiendo, hijo. Desde que conocí a tu madre no he sido capaz de pasar un solo día lejos de ella sin sentir que algo falta. Estar separados jamás estuvo en discusión para nosotros.

Levanté la mirada.

—Entonces… ¿por qué siento que esto es lo correcto y al mismo tiempo tan difícil?

Jacob sonrió con calma, esa sonrisa de alfa que no imponía, sino que sostenía.

—Porque esto es una crisis, Elliot. Y todas las relaciones verdaderas pasan por ellas. No son señales de que algo esté mal; son pruebas de que algo es real.

—Hizo una pausa—. Admira la fortaleza de ambos. No cualquiera es capaz de detenerse, pensar y cuidarse así.

Negué con una pequeña risa cansada.

—Estoy resistiendo, papá… pero Balto ya tiene una ruta trazada para ir a buscarla a Alaska.

Jacob soltó una carcajada sincera.

—Me lo imaginaba.

Luego se puso serio.

—Escucha bien esto. La mejor muestra de amor que puedes darle ahora no es correr tras ella, sino respetar su espera. Confía. Los amores irreversibles son así. No se rompen por la distancia; se fortalecen si se sostienen con respeto.

Sus palabras hicieron lo que ninguna lógica había logrado: calmarme.

Esa misma noche, cuando menos lo esperaba, mi teléfono vibró.

El nombre en la pantalla hizo que el corazón se me acelerara: **Nessie**.

—Amor… —escuché su voz, suave y firme a la vez—. Regreso mañana.

Sentí que el aire volvía a mis pulmones.

Acordamos todo en pocos minutos. La recogería yo mismo.

Al día siguiente, cuando la vi salir por las puertas del aeropuerto, no pude contenerme. La abracé con fuerza y la alcé del suelo, girando con ella como si el mundo hubiera vuelto a su eje.

—Te extrañé tanto, mi amor.

Ella me rodeó el cuello y me besó largo, sin prisas, sin dudas.

De regreso en casa, hablamos. Sin evasivas. Sin miedo.

Fue una conversación honesta, madura, donde ambos expusimos lo que sentíamos y lo que necesitábamos. No discutimos; construimos.

Definimos el acuerdo con claridad:

avanzar juntos, respetando los tiempos de ambos, sin presiones ni imposiciones, entendiendo que la intimidad no era una meta sino un camino que recorreríamos cuando los dos estuviéramos listos.

Cuando creí que todo estaba dicho, Nessie tomó aire.

—Hay algo más —añadió.

La miré, atento.

—No quiero que esto quede solo entre nosotros. Quiero que sea claro para todos. Para tu familia, para la mía. No como una promesa silenciosa, sino como una decisión consciente.

Tardé apenas un segundo en comprender.

—Alice —dije.

Ella asintió.

—Hablemos con ella. Hagamos un anuncio formal de nuestro compromiso. No una boda aún… pero sí un acuerdo sellado frente a toda la familia. Que sea público. Que sea real.

Sentí algo acomodarse dentro de mí, como si todas las piezas encajaran por fin.

—Me parece perfecto —respondí—. Alice va a convertirlo en un evento inolvidable, ya lo sabes.

Nessie sonrió, libre, tranquila.

—Lo sé. Y quiero eso. Quiero mirarte frente a todos y saber que, aunque aún estemos aprendiendo, ya nos estamos eligiendo.

La abracé con fuerza.

Balto suspiró satisfecho en algún lugar de mi consciencia.

Ese sería nuestro ancla.

No una espera incierta.

No un límite impuesto.

Sino un compromiso declarado, sellado ante quienes amamos, con la certeza de que lo nuestro no necesitaba prisa… solo verdad.

Y por primera vez desde que se fue a Denali, supe que el futuro ya no era una pregunta, sino una promesa compartida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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