Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 236
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Capítulo 236: Promesa a plena luz
**Renesmee**
Volver de Denali no fue solo regresar a casa; fue volver distinta.
La conversación con Elliot había sido honesta, profunda, sin reproches ni defensas. Me sostuvo sin apurarme, me escuchó sin intentar convencerme, y cuando hablamos de acuerdos sentí, por primera vez en semanas, que no estaba sola sosteniendo el peso de la relación. No estábamos resolviendo desde el miedo, sino desde el amor.
Aun así, nada me preparó para la conversación con Alice.
Ella me llamó una tarde, con ese tono aparentemente casual que nunca lo es.
—Nessie, cariño… ¿puedes venir un momento?
Entré al salón esperando cualquier cosa menos lo que encontré: Alice de pie, quieta, con el ceño apenas fruncido, algo que en ella era rarísimo. Carlisle y Esme intercambiaban miradas pacientes.
—¿Pasa algo? —pregunté.
Alice negó lentamente.
—Eso es lo extraño. No puedo ver claramente tus decisiones ni las de Elliot. Hay zonas en blanco… y ya sabes que eso casi nunca ocurre.
Sentí un leve nudo en el pecho. Antes de que pudiera responder, Elliot tomó mi mano.
—Justamente por eso estamos aquí —dijo—. Queremos anunciar algo.
Alice nos miró, expectante.
—Queremos que prepares una recepción —continué—. Para anunciar oficialmente nuestro compromiso.
El silencio duró exactamente dos segundos.
Luego Alice dio un pequeño salto, llevó las manos a su rostro y dejó escapar un chillido de felicidad absolutamente contenido durante décadas.
—¡¿UN COMPROMISO?! —exclamó—. ¡Oh, esto es maravilloso! ¡Primavera, jardín, luz natural, tonos suaves, nada demasiado cargado, pero elegante, simbólico, eterno…!
Y así, sin más preguntas ni dudas, Alice entró en modo absoluto de organización. Vestuarios, decoración, música, comida, cada detalle quedó bajo su dirección impecable. Yo apenas podía creer que aquello estuviera ocurriendo de verdad.
El día de la recepción amaneció claro y tibio, una primavera perfecta.
El jardín de la estancia Cullen estaba irreconocible: flores blancas y lavanda, mesas delicadamente dispuestas, luces sutiles que prometían brillar al caer la noche. Todo respiraba calma, belleza y celebración.
Estaban todos.
Familia, manada, amigos.
Rostros conocidos, sonrisas sinceras.
Elliot tomó mi mano y me condujo al centro del jardín. Sentí el silencio extenderse como un suspiro colectivo.
Entonces ocurrió.
Elliot Black se arrodilló frente a mí.
Mi corazón se detuvo.
Sacó una pequeña caja y la abrió: un anillo de oro de veinticuatro quilates, coronado por un diamante luminoso, rodeado de delicadas incrustaciones de amatistas. No era ostentoso; era profundamente simbólico, fuerte y hermoso, como él.
—Renesmee —dijo, con la voz firme pero cargada de emoción—. No te prometo prisa ni perfección. Te prometo elección diaria, respeto, paciencia y una vida entera caminando a tu lado… si decides aceptarla.
No recuerdo haber respondido con palabras.
Solo asentí, con los ojos llenos de lágrimas.
Cuando el anillo tocó mi dedo, los aplausos estallaron, pero yo solo podía verlo a él.
Más tarde, en medio de la celebración, Anthony se acercó con su guitarra. Elliot tomó el micrófono y yo sentí cómo la música se convertía en el lenguaje que mejor sabíamos hablar juntos.
Cantamos.
Los tres.
*Die With A Smile*.
Una interpretación sencilla, honesta, cargada de emoción. No era solo una canción; era una declaración. Cada nota honraba lo que Elliot y yo éramos, lo que habíamos atravesado y lo que estábamos eligiendo construir.
Vi a Esme secarse una lágrima, que no se materializaba pero describía su emoción.
Alice sonreía satisfecha, como si el universo finalmente hubiera encajado.
La manada observaba en silencio respetuoso.
Cuando la noche llegó a su fin, no hubo dudas ni preguntas pendientes.
Nuestro compromiso había sido sellado.
En exactamente un año, el matrimonio se llevaría a cabo.
Y mientras apoyaba mi cabeza en el hombro de Elliot, supe que no había renunciado a nada de mí para llegar hasta aquí.
Había elegido.
Y esa elección, hecha a plena luz, era el comienzo más verdadero que podía imaginar.
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