Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 246

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Lobo solitario, de vuelta al amor
  4. Capítulo 246 - Capítulo 246: Sarah
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 246: Sarah

**Emma**

Supe que había llegado el momento antes de que el dolor apareciera.

Fue una sensación tibia, inesperada, deslizándose entre mis piernas mientras me incorporaba de la cama, todavía envuelta en ese estado extraño entre el sueño y la vigilia. Me quedé quieta unos segundos, respirando, escuchando mi propio cuerpo.

—Jacob… —lo llamé con calma, aunque el corazón ya me latía con fuerza—. Amor, creo que… creo que ya rompí fuente.

Él se levantó de inmediato. No hubo pánico en sus ojos, solo una atención absoluta, una presencia firme que siempre me sostuvo incluso antes de que yo supiera que la necesitaba.

—Está bien —dijo, tomando mis manos—. Ya vamos.

El trayecto hasta donde Carlisle fue rápido. Mi cuerpo sabía lo que tenía que hacer. Cuatro meses y medio. Solo eso había durado este embarazo, casi un reflejo comprimido de uno humano, intenso pero noble. Nada que ver con el caos de los mellizos. Esta vez mi cuerpo había cooperado, como si hubiese aprendido el camino.

Aun así, cuando comenzaron las contracciones, entendí que el dolor no se negocia: se atraviesa.

Carlisle estaba listo. Rosalie también. La habitación preparada respiraba una calma casi irreal, contrastando con la marea que empezaba a levantarse dentro de mí.

Jacob no se separó de mi lado.

Las contracciones llegaron como olas. Primero espaciadas, luego más profundas, más exigentes. Sentía cómo mi cuerpo se abría paso, cómo cada músculo recordaba algo antiguo, instintivo. Apreté la mano de Jacob con fuerza.

—Estoy aquí —me repetía—. Mírame. Respira conmigo.

Y respiré.

Cuando el dolor se volvió total, cuando ya no había pensamiento sino puro cuerpo, Carlisle me miró con esa serenidad que solo él posee.

—Emma, en la siguiente… empuja.

Lo hice.

Sentí cómo algo se movía, cómo descendía, cómo el mundo entero se concentraba en ese único acto. Empujé de nuevo, con un grito que no sabía que llevaba guardado.

Y entonces…

Un llanto.

Claro. Firme. Vivo.

—Es una niña —dijo Carlisle, con una sonrisa que no intentó ocultar—. Es una niña.

Lloré.

Lloré como no lo había hecho ni siquiera con los mellizos. Porque nunca me había imaginado ser madre. Porque nunca me había permitido desearlo. Porque aun así la vida me había entregado, una vez más, un milagro.

Cuando la pusieron sobre mi pecho, el tiempo se detuvo.

Tenía el cabello negro, suave, todavía húmedo. Sus ojitos eran oscuros, profundos, como si ya estuvieran observando el mundo con una calma antigua. Era pequeña. Perfecta.

—Hola… —susurré, temblando—. Hola, mi amor.

Jacob se inclinó y besó mi frente, luego mis labios.

—Lo hiciste muy bien —me dijo, con la voz quebrada—. Muy bien, amor.

Rosalie la tomó con cuidado para limpiarla y vestirla, mientras Carlisle se aseguraba de que todo estuviera bien conmigo. Me sentía agotada, pero en paz. Entera.

Cuando por fin me llevaron a la habitación donde pasaría los siguientes días, Jacob estaba allí, sosteniendo a la bebé con una expresión que jamás olvidaré. La miraba como si el universo entero se hubiera reducido a ese pequeño cuerpo entre sus brazos.

—Es Sarah —dijo, con una sonrisa llena de emoción—. Como mi mamá.

El nombre se acomodó en el aire con una dulzura perfecta.

**Sarah.**

La felicidad llegó en oleadas.

Los mellizos no tardaron en aparecer. Elliot y Anthony entraron casi al mismo tiempo, conteniendo a duras penas su emoción. Cuando vieron a la bebé, sus rostros se iluminaron.

—La vamos a cuidar —dijo Elliot con absoluta seriedad—. Va a ser la princesa de la casa.

—Nadie la toca sin permiso —añadió Anthony, sonriendo—. Nadie.

Reímos. Lloramos. Nos abrazamos.

La casa volvía a llenarse de vida, de futuro, de promesas nuevas.

Nada parecía fuera de lugar.

Nada parecía amenazante.

Y aun así…

En algún punto, muy dentro de mí, una certeza silenciosa se acomodó como una sombra suave: esto no era el final de las sorpresas.

Algo más se acercaba.

Algo que ninguno de nosotros —nadie— habría podido imaginar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo