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Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 249

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Capítulo 249: La mañana que todo volvió a empezar

**Emma**

La casa estaba llena de ese murmullo suave que antecede a los grandes momentos. No era ruido, era expectativa. Pasos que iban y venían, telas deslizándose, voces que se cruzaban con sonrisas contenidas. El aire mismo parecía cargado de promesas.

Era la mañana de la boda de Elliot y Renesmee.

Mientras me ajustaba el vestido frente al espejo, sentí la presencia de Jacob a mi espalda. Estaba terminando de arreglarse también, concentrado, aunque lo conocía lo suficiente como para saber que su mente no estaba del todo ahí, sino repartida entre mil detalles invisibles.

—¿Y Sarah? —pregunté de pronto, al darme cuenta de que no la oía corretear por la casa.

Jacob hizo una mueca que me sacó una sonrisa antes incluso de que hablara.

—Con el niñero —dijo, enfatizando la palabra como si le supiera extraña—. Llegó temprano. Ya estaba arreglado y decidió “ayudar” mientras terminábamos de alistarnos.

No necesitaba más explicación. Seth había llegado antes que casi todos, como solía hacerlo desde hacía un año. Y aunque Jacob jamás terminó de sentirse del todo cómodo con la idea, la verdad era imposible negar una cosa: Seth no podía estar lejos de Sarah… y Sarah tampoco parecía quererlo lejos.

—No seas injusto —le dije, girándome hacia él—. Sabes que Sarah reparte su cariño por igual. A todos nos tiene igual de rendidos.

Jacob bufó con una sonrisa resignada.

—Eso dices tú porque no te ha mordido tanto.

Reí suavemente.

Era verdad. Sarah tenía esa… manía. Morder. Una mordida juguetona, impulsiva, propia de una criatura que aún estaba aprendiendo a regular su fuerza y su curiosidad. Todos habíamos sido víctimas de ello: Jacob, Seth, Elliot, Anthony, incluso algunos de los Cullen. A mí me mordía menos, aunque tampoco me había librado del todo.

—Y pensar que el que más debería preocuparnos es Anthony —dije en tono divertido—, y resulta que la pequeña vampirita es ella.

—Ni me lo recuerdes —respondió Jacob—. Si no fuera por mi curación, ya tendría los brazos marcados como mapa. Y Seth ni se diga.

Afortunadamente, sabíamos que Sarah no tenía ponzoña. Sus mordidas no eran peligrosas, solo… insistentes. Con el tiempo aprendería, como aprendía todo lo demás a una velocidad que aún nos sorprendía.

Apenas tenía un año en tiempo humano, pero cualquiera que la viera pensaría que era una niña de tres, quizá tres y medio. Caminaba con seguridad, hablaba con frases cortas, observaba el mundo con una intensidad que a veces me dejaba sin aliento. Era imposible no notar cómo todos girábamos un poco alrededor de ella.

Terminamos de arreglarnos. La casa empezó a vaciarse poco a poco, todos dirigiéndose hacia la cabaña de Bella y Edward. Esta vez la ceremonia no sería en el jardín de los Cullen, sino en aquel claro precioso junto a la cabaña, un lugar abierto, sereno, rodeado de árboles altos y luz filtrada. Alice lo había elegido con una certeza absoluta: allí se celebraría el matrimonio de Elliot y Renesmee.

Anthony pasó por la sala, ya listo.

—Voy por Quetzaly —anunció—. Nos vemos allá.

Asentí, observándolo con ese orgullo silencioso que solo una madre puede sentir. Mis hijos estaban creciendo, encontrando sus caminos, construyendo sus propias historias.

Tomé la mano de Jacob.

—¿Listo? —le pregunté.

Él apretó mis dedos y me miró con una sonrisa tranquila, de esas que dicen más de lo que cualquier palabra podría.

—Siempre —respondió.—Me dió un tierno beso y me abrazó fuertemente.

Salimos juntos, sabiendo que íbamos a presenciar algo irrepetible: el primer matrimonio de uno de nuestros hijos. Y mientras caminábamos hacia ese nuevo capítulo, pensé que así era la vida. Avanzaba. Se transformaba. A veces dolía, a veces sorprendía… pero, de algún modo, siempre terminaba acomodándose.

Y esta vez, lo hacía con una felicidad serena, profunda, casi agradecida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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