Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 25
- Inicio
- Todas las novelas
- Lobo solitario, de vuelta al amor
- Capítulo 25 - 25 El umbral
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
25: El umbral 25: El umbral ** EMMA** He pasado días convenciéndome de que mantener la distancia es lo correcto.
No porque no lo desee, sino precisamente por eso.
Porque lo deseo más de lo que me permito admitir.
Porque cada vez que pienso en él, algo en mí se afloja peligrosamente, como una cuerda que ha soportado demasiada tensión.
Hoy me detengo en el umbral de la cabaña más tiempo del necesario.
El aire frío me envuelve y cierro los ojos un instante, respirando hondo.
Podría volver a entrar.
Podría seguir como hasta ahora, segura en mi aislamiento cuidadosamente construido.
No lo hago.
Sé que él está cerca.
Y sé que yo también lo busqué.
Camino sin prisa hacia el claro donde sé que suele aparecer al atardecer.
No hay sorpresa cuando lo veo.
Está de pie, esperándome, como si hubiera sabido que vendría.
Pero algo es distinto.
Jacob está vestido de otra manera.
No es solo la ropa —limpia, distinta, elegida— es la intención que hay detrás.
La forma en que se sostiene, firme, presente.
Ya no parece alguien de paso.
Parece alguien que decidió quedarse… incluso sin saber si será bienvenido.
Nuestros ojos se encuentran y, por un momento, ninguno habla.
Siento la tentación de retroceder.
De activar ese impulso casi automático de desaparecer, de poner espacio entre nosotros.
Mi don responde, listo para envolverme y llevarme lejos.
No lo uso.
—Hola —dice él, con suavidad.
—Hola.
Hay tensión, sí.
Pero no es incómoda.
Es expectante.
Jacob no se acerca más de lo necesario.
No invade.
No reclama.
Hay en él una calma deliberada, como si hubiera tomado una decisión silenciosa.
Y eso me desarma.
Hablamos poco.
Frases simples.
Comentarios que no buscan llenar el silencio, sino respetarlo.
Aun así, en cada pausa siento el peso de lo que no decimos.
Lo observo sin disimulo.
Hay algo profundamente humano en su manera de mirarme, de esperar.
No hay urgencia.
No hay posesión.
Solo una presencia firme, paciente.
Y entonces ocurre.
Un recuerdo.
No lo invoco.
No lo quiero.
Llega solo.
Otra voz.
Otro cuerpo.
Otra forma de tocar que no preguntaba, que tomaba.
Demetri.
El contraste es brutal.
Él nunca esperó.
Nunca se detuvo.
Confundía deseo con derecho, cercanía con control.
Me enseñó a huir incluso cuando creía quedarme.
Trago saliva.
Jacob nota el cambio en mí.
Lo sé por la manera en que se tensa apenas, atento, sin presionar.
Como si entendiera que tocó algo sin saberlo.
—¿Estás bien?
—pregunta.
Asiento, aunque no es del todo cierto.
—Solo… pensamientos.
No insiste.
Eso, más que cualquier palabra, me confirma algo que me asusta y me atrae a partes iguales: con él, huir no será la única opción.
Pero quedarme tampoco será fácil.
Nos despedimos sin dramatismos.
Mientras lo veo alejarse, erguido, decidido, con esa calma que parece recién adquirida, entiendo que algo ha cambiado entre nosotros.
No es una promesa.
No es una amenaza.
Es una posibilidad.
Regreso a la cabaña con el pecho apretado.
Porque sé que, si dejo de huir, tendré que enfrentar no solo lo que deseo… sino todo lo que una vez me enseñaron a temer.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com