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Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 252

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Capítulo 252: Donde el amor se vuelve hogar

**Renesmee**

El viaje hasta Santorini transcurrió como si el tiempo hubiese decidido ser amable con nosotros. Aún llevaba en la piel el eco de la ceremonia, los abrazos, las risas, la emoción desbordada… y ahora, sentada junto a Elliot, con su mano firme entrelazada con la mía, comprendía que todo aquello no había sido un final, sino un umbral.

El **Grace Hotel** se alzaba blanco y silencioso sobre el acantilado, abierto al mar Egeo como una promesa. Nuestra suite tenía una piscina privada y un balcón desde el que la luna parecía suspendida solo para nosotros. Santorini no era un destino: era un suspiro largo, un paréntesis sagrado.

Nos duchamos, reímos, nos cambiamos sin prisa. La noche era joven y Elliot, con una solemnidad suave que siempre había amado en él, abrió su maleta y sacó lo necesario para el **ritual quileute**.

No necesitábamos palabras.

En un frasco de vidrio comenzamos a depositar arena. Primero él, luego yo. Gris volcánico, blanco luminoso, tonos dorados y pálidos. Capa tras capa, como nuestras vidas: distintas, pero dispuestas a convivir. Cuando el frasco se llenó, lo observamos en silencio. Era un pequeño universo.

Luego tomó mis manos. Palma con palma. Con un rebozo las envolvió despacio, con cuidado reverente.

El *hand fasting* el que simbolizaba unión de almas, de cuerpos, de historias, de vidas…

Después peinó mi cabello y lo trenzó con una paciencia que me desarmó. Sentí cómo algo profundo se aquietaba en mí. El ritual terminó sin necesidad de clausura: lo sabíamos.

—¿Piscina? —propuso, con una sonrisa que ya no era inocente.

Asentí.

Cuando salí con un bikini sencillo, sentí su mirada antes de verla. Elliot tragó saliva, sin ocultarlo.

—Nessie… —murmuró—. Eres tan hermosa.

Él me esperaba solo con una pantaloneta, el torso desnudo, los hombros amplios, la piel dorada por la luz de la luna. Mi estómago se revolvió con una mezcla de anticipación y vértigo delicioso.

El beso que nos dimos entonces no fue como los otros. No tenía frenos. No tenía reservas. Dos años de contención se disolvieron en un solo gesto.

Mis manos recorrieron su pecho, sus hombros, su espalda fuerte. Las suyas descendieron por mi cintura, mis caderas, mis muslos, como si estuviera memorizándome. Su boca encontró mi cuello, mis hombros, mi piel respondiendo con una sensibilidad nueva, expansiva.

La piscina quedó atrás. La cama nos recibió envueltos en respiraciones agitadas y miradas cargadas de promesas cumplidas.

Elliot me recostó con una devoción que me hizo estremecer. Me observó como si yo fuera un milagro que no se atrevía a tocar del todo.

—Te amo, Renesmee —dijo, con una verdad que vibró en el aire.

No respondí con palabras. Mis manos hablaron por mí, despojándolo de lo último que nos separaba, mientras él hacía lo mismo conmigo, con una lentitud deliberada, cuidada, como quien sabe que ese instante no se repite.

Cuando nuestros cuerpos finalmente se encontraron, fue como cruzar un umbral invisible. Hubo sorpresa, hubo una intensidad que me recorrió entera, un calor que me desbordó. Sentí el mundo concentrarse en un solo punto y luego expandirse, como una ola que rompe y vuelve a nacer.

A través de mi don le mostré lo que sentía: la mezcla de vértigo, entrega y plenitud. Él respondió con una atención absoluta, adaptándose a mí, leyéndome como solo él sabía hacerlo. Nos movimos juntos, aprendiendo el lenguaje del otro, hasta que el tiempo dejó de importar y el placer se volvió una corriente compartida que nos sostuvo.

Cuando el silencio regresó, quedamos unidos aún, respirando despacio, con los cuerpos relajados y el alma en calma.

Nada de lo que habíamos vivido antes —las caricias, los juegos, la cercanía— se parecía a esto. Habíamos guardado este momento, y ahora entendía por qué.

Al despertar, la luz del amanecer bañaba la habitación. Elliot dormía a mi lado con una expresión serena, y supe que algo en nosotros había cambiado para siempre.

No solo éramos esposos.

Éramos compañeros completos.

La luna de miel apenas comenzaba, y con ella, una nueva etapa de aprendizaje, deseo y amor profundo.

Una aventura que, esta vez, recorreríamos sin reservas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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