Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 256

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Lobo solitario, de vuelta al amor
  4. Capítulo 256 - Capítulo 256: Donde el hogar comienza
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 256: Donde el hogar comienza

**Quetzaly**

Nunca pensé que una ceremonia pudiera sentirse tan profundamente correcta.

No grandiosa, no perfecta en los términos de otros, sino **verdadera**. Así fue como la viví. Desde el primer tambor hasta el último canto, sentí que cada sonido se acomodaba en mi pecho como algo que siempre había estado ahí, esperando.

Miré a Anthony mientras Billy hablaba y entendí que ese hombre que tenía frente a mí no solo era mi compañero, sino mi elección consciente. No había dudas. No había ruido. Solo esa certeza silenciosa que no necesita ser explicada.

Cuando entrelazamos las manos y el rebozo cubrió nuestras palmas, sentí algo que nunca había sentido antes: no posesión, no miedo, no vértigo… **hogar**. Un hogar que no se construye con paredes, sino con presencia.

La fiesta después fue sencilla y viva, como debía ser. Las manadas reunidas, los tambores marcando un pulso antiguo, los cuerpos moviéndose en armonía con la tierra. Reí. Bailé. Me dejé abrazar por mujeres que me llamaban hermana sin necesidad de compartir sangre. Los Cullen estaban allí también, silenciosos y atentos, acompañando sin invadir. Alice me abrazó con cariño genuino y supe que, aunque no hubiera organizado nada, su amor estaba intacto.

Pero hubo un momento —lo supe con claridad— en que la celebración dejó de ser el centro.

Anthony y yo nos miramos. No hizo falta hablar.

Nos retiramos cuando la noche ya estaba madura, cuando el fuego comenzaba a consumirse lentamente y la música se volvía más suave, más íntima. Caminamos juntos hacia la cabaña que sería nuestro hogar. El regalo de Jacob, Emma y Sam. Un terreno elegido con cuidado, una construcción sencilla de madera y piedra, abrazada por árboles altos y el murmullo constante del bosque.

Al abrir la puerta, el olor a madera nueva y resina me envolvió. La cabaña estaba iluminada solo por lámparas cálidas y por la luna que entraba generosa por los ventanales. Todo era sobrio, fuerte y acogedor. Como él.

Anthony dejó nuestras cosas y se giró hacia mí. Ya no había espectadores. Ya no había rituales externos. Solo nosotros.

Se acercó despacio, como si aún estuviera preguntando, como si el respeto no se hubiera disipado con el matrimonio. Esa fue la primera cosa que me estremeció.

—¿Estás bien? —me preguntó en voz baja.

Sonreí.

—Nunca había estado mejor.

Su mano rozó mi mejilla, luego mi cuello, y ese gesto simple desató algo profundo. Lo besé primero, sin prisa, con la intención clara. El beso no fue torpe ni urgente; fue **lleno**. Como si todo lo que no habíamos dicho en meses encontrara por fin una lengua común.

Sus manos recorrieron mi espalda con devoción, no con apuro. Sentí su respiración cambiar cuando mis dedos buscaron su pecho, cuando confirmé que debajo de esa calma vivía un deseo intenso, contenido, honesto.

Nos despojamos de la ropa sin ceremonia, sin prisa, como si cada prenda que caía fuera una capa antigua que ya no necesitábamos. Cuando su piel tocó la mía sin barreras, entendí lo que significaba compartir el cuerpo con alguien que te ve completa.

Anthony me guió hacia la cama, pero no me llevó: **me acompañó**. Se detuvo a mirarme, como si necesitara memorizarme, como si yo fuera un territorio sagrado al que se entra con reverencia.

—Quiero que recuerdes esto siempre —me dijo—. No te pertenezco. Camino contigo.

Lo abracé, lo besé, lo sentí. Cuando finalmente nos unimos, fue como entrar en una corriente cálida que no empuja, que sostiene. Hubo descubrimiento, hubo asombro. Mi cuerpo respondió con una intensidad que nunca había conocido, no solo por lo físico, sino por la certeza emocional que lo envolvía todo.

No hubo miedo.

No hubo urgencia.

Solo presencia.

Nos movimos aprendiendo, escuchándonos, dejando que el ritmo se construyera solo. El bosque parecía respirar con nosotros. El tiempo se volvió irrelevante. Cuando el placer llegó, lo hizo como una marea lenta y profunda, dejándome sin palabras, sin bordes.

Después, permanecimos abrazados, respirando juntos, con la frente apoyada una contra la otra.

—Así se siente —pensé— cuando el camino es compartido.

Dormimos poco. Y cuando lo hicimos, fue entre risas suaves, caricias distraídas y esa calma que llega cuando el cuerpo ya no necesita defenderse de nada.

Al amanecer, la luz se filtró entre los árboles y supe que ese lugar, esa cabaña, ese hombre… eran mi presente y mi futuro.

Antes de levantarnos, Anthony sonrió contra mi cuello.

—En unos días —dijo— nos iremos a Tailandia.

Sentí una emoción nueva, distinta a la de la noche anterior. No era fuego. Era **expectativa**.

Nuestra luna de miel nos esperaba al otro lado del mundo. Playas, templos, selvas, ciudades vivas. Experiencias que viviríamos no como promesas, sino como esposos.

Pero supe, con absoluta claridad, que sin importar el lugar, el verdadero viaje ya había comenzado.

Aquí.

En este bosque.

En este hogar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo