Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 259
- Inicio
- Todas las novelas
- Lobo solitario, de vuelta al amor
- Capítulo 259 - Capítulo 259: Pactos que también son amor
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 259: Pactos que también son amor
**Jacob**
La reunión no se dio en el claro ni alrededor del fuego. Se dio en la casa Cullen, en la mesa larga que había visto pasar guerras, alianzas imposibles y promesas que parecían irrompibles.
Carlisle nos recibió con la misma serenidad de siempre. Edward estaba a su lado, atento, silencioso, como si ya supiera —porque en parte lo sabía— que no habíamos ido solo a compartir café.
Sam habló primero, como correspondía.
—No venimos a pedirles nada desde la imposición —dijo—. Venimos a hablar desde la responsabilidad que hoy tenemos como padres.
Edward levantó la mirada hacia mí un instante. Asentí. No había reproche en sus ojos, solo comprensión anticipada.
Les explicamos todo:
La nueva generación.
Los hijos que ya corrían por la reserva.
Los que venían en camino.
La certeza biológica de que su presencia despertaría el gen en los adolescentes… aunque no hubiera guerra, aunque no hubiera necesidad.
—Nosotros no elegimos —dije cuando me tocó hablar—. Y cargamos con eso toda la vida. No queremos que ellos tengan que hacerlo también.
Carlisle escuchó sin interrumpir. Cuando Sam terminó, el silencio no fue incómodo. Fue respetuoso.
—Lo entendemos —dijo al fin Carlisle—. Más de lo que creen.
Edward tomó la palabra después, con una voz suave pero firme.
—Esta familia existe porque alguien decidió no imponer su voluntad —dijo—. Porque alguien esperó. Porque alguien renunció cuando amar significaba hacerlo.
No hubo discusión. No hubo resistencia.
—Nos iremos —continuó Carlisle—. No hoy, no de forma abrupta. Denos un mes para organizarlo todo. Y nos alejaremos del territorio… por el tiempo que sea necesario. Una década, si hace falta.
Sentí un nudo en el pecho. No de alivio, sino de gratitud.
Edward me miró directamente entonces.
—Pero esto no es una despedida, Jacob —dijo—. Quiero que vayan a visitarnos. Con frecuencia. Que nuestros lazos no se enfríen por la distancia.
Sonreí, sincero.
—No tendríamos otra forma de hacerlo —respondí—. Ustedes son familia. Y la familia no se pierde por cambiar de casa.
El acuerdo quedó sellado sin formalidades, sin firmas, sin juramentos innecesarios. Solo con la certeza de que todos estábamos haciendo lo correcto, aunque doliera.
Cuando salimos de la casa, Sam exhaló como si llevara años conteniendo el aire.
—No pensé que sería tan… simple —admitió.
—No fue simple —le respondí—. Fue justo.
Esa noche, mientras caminaba de regreso, entendí algo que no me había permitido pensar antes:
A veces proteger el futuro no significa quedarse a vigilarlo…
sino dar un paso atrás para que otros puedan elegir su propio camino.
Y eso, aunque no lo parezca, también es una forma profunda de amor.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com