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Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 260

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Capítulo 260: Cuando el tiempo aprende a ser bueno

**Emma**

El tiempo siguió su curso, como siempre lo hace: sin pedir permiso, sin detenerse, pero esta vez lo hizo con una amabilidad que no siempre concede. Dos años pasaron desde aquella decisión que parecía tan grande entonces y que hoy, vista en perspectiva, fue una de las más sabias que tomamos como familia.

Los Cullen se marcharon del territorio, tal como se acordó. Se establecieron cerca del clan de Denali, en Alaska, un lugar que les ofrecía discreción, estabilidad y la cercanía suficiente para no sentirlos lejos del todo. Desde entonces, dos veces al año viajamos para pasar temporadas con ellos. Vamos todos: Jacob y yo, Elliot y Renesmee, Anthony y Quetzaly, Sarah y Seth. A veces también se une Charlie, el padre de Bella, que ya es parte inseparable de esta familia extendida que aprendió a sobrevivir a lo imposible.

Y mientras el mundo encontraba un nuevo equilibrio, la vida no dejó de florecer.

Vimos nacer al primer hijo de Leah y Collin. Aún recuerdo su mirada cuando sostuvo a su bebé por primera vez: no había rastro de la mujer que había sufrido tanto, solo una madre plena, reconciliada con su historia. Fue un momento silencioso, íntimo, profundamente reparador.

Celebramos también el matrimonio de Quil y Clarie. Una unión sencilla, alegre, con esa naturalidad que solo tienen los amores que crecen sin miedo. La manada entera se reunió para honrarlos y, como era de esperarse, pronto supimos que un nuevo niño llegaría a sus vidas.

Pero hubo un acontecimiento que marcó un antes y un después para todos nosotros.

Renesmee quedó embarazada.

De mellizos.

Un niño y una niña: Gabriel y Elizabeth.

Con la experiencia de mis propios embarazos, pronto supimos que no serían iguales. Gabriel heredó la naturaleza lupina: un pequeño de cabello pelirrojo intenso y ojos verdes, tan vivos como los de Elliot. Elizabeth, en cambio, era semivampira: cabello negro como su padre y unos ojos color chocolate profundo, idénticos a los de Bella. Dos naturalezas distintas latiendo al mismo tiempo, unidas por el mismo amor.

No fue un proceso sencillo. Aunque ya habíamos vivido algo parecido, cada embarazo tiene su propio lenguaje, sus propios retos. Por eso decidimos mudarnos un tiempo a Alaska, junto a los Cullen, para que Carlisle pudiera atender cada detalle del embarazo y del parto. La familia entera se trasladó sin dudarlo, como si fuera lo más natural del mundo. Permanecimos allí más de un año, acompañándonos, sosteniéndonos, aprendiendo una vez más que la familia no es un lugar, sino una elección constante.

Anthony y Quetzaly observaban todo con una mezcla de ternura y serenidad. Nunca se cerraron a la posibilidad de tener hijos, pero tampoco la convirtieron en una exigencia. Decían que, si ese milagro llegaba a sus vidas, lo recibirían con gratitud, y que si no, los sobrinos y hermanos ya llenaban su mundo de sentido. Yo, en silencio, admito que deseaba nietos de Anthony… pero también entendía que el amor no se mide por lo que se hereda en sangre.

Lo que sí nunca estuvo en discusión fue que Quetzaly abandonara el espíritu del lobo. Al igual que Jacob, Seth y Elliot, ella lo necesitaba para permanecer en la eternidad junto a su compañero. Era una decisión consciente, asumida con orgullo y claridad.

Billy también viajó hasta Alaska para conocer a sus primeros bisnietos. Verlo allí, con los ojos húmedos y la voz quebrada por la emoción, fue uno de esos momentos que se guardan para siempre. Decía que la vida, a veces, devuelve más de lo que quita.

Edward, Bella, Jacob y yo nos descubrimos siendo los abuelos más felices del mundo. Alice, Rosalie, Jasper y Emmett se convirtieron en los tíos más consentidores que uno pueda imaginar. Y Carlisle y Esme… los bisabuelos más orgullosos, mirando todo con esa calma amorosa que solo ellos saben sostener.

Sarah, nuestra pequeña Sara, también completó su desarrollo. Aunque cronológicamente seguía siendo joven, su apariencia ya era la de una mujer de unos veinticuatro años. Había iniciado su relación de noviazgo con Seth, el mismo lobo que la había acompañado desde su nacimiento, siendo para ella exactamente lo que necesitaba en cada etapa: guardián, amigo, refugio. Con un respeto tan profundo que fue ella quien tuvo que dar el primer paso, porque Seth, fiel a su esencia, jamás se habría atrevido a cruzar ese umbral sin una certeza absoluta.

Y mientras los miraba a todos —a nuestros hijos, a los nuevos amores, a las vidas que comenzaban— entendí que el tiempo, cuando se le permite, no solo pasa.

El tiempo también sana.

El tiempo une.

El tiempo, a veces, aprende a ser bueno.

Y nosotros estábamos allí para atestiguarlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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