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Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 265

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Capítulo 265: Veinte veces sí

**Emma**

Me observaba en el espejo mientras Alice, Rosalie y Bella se movían a mi alrededor con la naturalidad de quienes han compartido demasiados momentos importantes juntas como para necesitar instrucciones. Había risas suaves, comentarios cariñosos y esa atmósfera casi sagrada que siempre acompaña a los instantes que importan de verdad.

En una percha, a unos pasos de mí, colgaba el vestido que había elegido para ese noche.

Blanco marfil. Largo. Minimalista. Elegante sin esfuerzo.

Su silueta en **A** se ajustaba con delicadeza en la parte superior y luego se abría en una falda amplia y fluida que rozaba el suelo con una caída natural, prolongándose en una cola sutil, presente sin buscar protagonismo. El **escote en V**, profundo y bien definido, estilizando el torso, se acompañaba de tirantes finos que dejaban al descubierto hombros y brazos, aportando ligereza y una feminidad serena.

La tela, un **satén de acabado mate**, liso, sin encajes ni bordados, hablaba de lo que siempre he sido: alguien que nunca necesitó adornos para sentir que pertenecía.

Era un vestido sobrio, atemporal.

Como el amor que celebrábamos.

Mientras me terminaban de arreglar, sentí cómo la emoción me apretaba el pecho. Veinte años. Veinte años junto a Jacob. Aunque físicamente no habíamos cambiado demasiado —la eternidad tenía sus propias reglas—, nuestras miradas, nuestros gestos y silencios sí eran distintos. Más calmados. Más seguros. Más llenos.

Habíamos atravesado tanto.

Las dificultades iniciales para derribar las barreras que nos impedían confiar.

La sombra constante de los Vulturi, el nombre de Demetri flotando durante años como una amenaza silenciosa.

El milagro de nuestros hijos, sus crisis, sus decisiones, sus propios amores.

Y, sin embargo, nuestro amor jamás flaqueó.

Ese amor que sentí desde el primer instante en que lo vi, incluso antes de entenderlo.

Cuando estuve lista, sentí algo parecido a la mañana de mi boda… pero más profundo. No era un comienzo: era una confirmación. La renovación de unos votos que nos habíamos prometido hacía dos décadas y que, con devoción absoluta, habíamos cumplido.

El jardín de la casa de los Cullen estaba bañado por una luz suave. Flores, cintas, pétalos de rosas marcando el sendero. Familia. Amigos. Hogar.

Y allí estaba él.

Bajo el dosel del altar, esperando junto al ministro, Jacob alzó la mirada cuando me vio. Su expresión era el reflejo exacto de la mía: emoción contenida, amor sereno, una certeza tan antigua como nuestras propias vidas. Su sonrisa iluminó todo el espacio y mi corazón vaciló por un instante, como si aún pudiera sorprenderme de cuánto lo amaba.

Avancé por el sendero tomada del brazo de nuestros hijos, Anthony y Elliot, uno a cada lado. Ellos me entregaron a su padre con un gesto solemne y tierno a la vez. Nos abrazamos. Y entonces, frente al altar, todo volvió a encajar.

El ministro habló de caminos recorridos, de elecciones diarias, de amor que no se desgasta sino que se afina con el tiempo. Repetimos nuestros votos, mirándonos como si el mundo hubiera aprendido a desaparecer cada vez que lo necesitábamos.

Y luego, el beso.

Jacob me envolvió entre sus brazos y unió su boca a la mía con una intensidad que aún era capaz de robarme el aliento.

Veinte años después.

Los aplausos estallaron, el brindis dio paso a la música, y el jardín se transformó en un escenario vivo de memorias compartidas.

Sonó **Unforgettable**.

Esme y Carlisle se miraron, sorprendidos, y salieron a bailar. Era su canción.

Luego **Stand By Me**, y Rosalie y Emmett ocuparon la pista con esa fuerza que siempre los ha definido.

**Nothing’s Gonna Stop Us Now** hizo que Alice y Jasper se encontraran en el centro, mirándose como si el futuro aún pudiera sorprenderlos.

Las notas de **Bella’s Lullaby** llenaron el aire y Bella y Edward se movieron con una complicidad silenciosa, profunda, eterna.

Después fue el turno de Anthony y Quetzaly. A ella ya se le notaba el embarazo, apenas cuatro meses, descubierto hacía solo quince días. Bailaron **Leave the Door Open**, enamorados como el primer día.

Elliot y Renesmee bailaron **Die With a Smile**, mientras sus mellizos —con apariencia de niños de siete años— los observaban con sonrisas luminosas.

Sarah y Seth se deslizaron al ritmo de **Underneath It All**, tranquilos, firmes, completos.

Alice había preguntado a cada pareja cuál era la canción que representaba su historia, y las había dejado sonar al azar, regalándonos fragmentos de todas esas vidas entrelazadas.

Y entonces sonó **Can’t Take My Eyes Off You**.

Jacob me miró, sonriendo.

La canción favorita de mi abuela Margarita, convertida con los años en el himno de nuestra relación.

Bailamos.

Por un instante, el mundo se desdibujó.

Solo existíamos él y yo, atrapados en la emoción de todo lo vivido y todo lo que aún vendría. Cuando la música terminó, un nuevo beso selló el momento mientras los aplausos nos rodeaban, felices con nuestra felicidad.

Veinte años después, volví a decir sí.

Y lo volvería a hacer, una y mil veces más.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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