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Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 269

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Capítulo 269: Donde Todo Conduce al Hogar

Capítulo Final

**Emma**

El domingo había caído sobre la Push con esa calma tibia que solo existe cuando el mundo parece, por fin, en equilibrio. El cielo estaba despejado, el aire olía a sal y bosque, y la casa estaba llena de sonidos: risas, pasos pequeños corriendo de un lado a otro, voces que se superponían sin molestarse.

Jacob y yo estábamos sentados en el porche, tomados de la mano, observándolo todo.

Nuestros hijos estaban allí.

Anthony junto a Quetzalí, atentos a los más pequeños, intercambiando miradas cómplices que hablaban de una vida compartida sin necesidad de palabras. Elliot y Renesmee reían mientras vigilaban a sus mellizos, ya casi adolescentes, que habían heredado la mezcla imposible de naturalezas y el carácter curioso de ambos.

Sarah y Seth estaban un poco más apartados, sentados sobre una manta, compartiendo silencios cómodos, de esos que solo existen cuando el amor ya no necesita demostrarse. Seth observaba a Sarah con la misma devoción tranquila con la que lo había hecho desde el inicio de su vida, y ella, segura y luminosa, descansaba en esa presencia constante.

Y Margareth…

Nuestra pequeña Margie, con apariencia de una niña de dos años, corría torpemente por el jardín, persiguiendo a Harry y Liam. Los gemelos de Anthony y Quetzalí reían con carcajadas contagiosas mientras la dejaban “ganar”, cayendo al suelo exageradamente para provocarle risas aún más grandes. Ella gritaba feliz, con el cabello rizado saltando alrededor de su rostro, completamente ajena a la magnitud del mundo que la rodeaba.

Los mellizos mayores los observaban desde la sombra de un árbol, con esa mezcla de paciencia y curiosidad que anuncia la adolescencia, listos para intervenir si era necesario, pero disfrutando del espectáculo.

Todo estaba allí.

Todo lo que alguna vez fue improbable.

Todo lo que alguna vez fue miedo.

Apreté un poco más la mano de Jacob.

—¿Lo ves? —le susurré—. Todo esto.

Él asintió, con los ojos fijos en nuestra familia.

—A veces me parece que estoy viviendo dentro de un sueño —sonrió— Me he despertado sobresaltado sabes; y cuando veo tu rostro sereno y tranquilo, durmiendo tranquila me convenzo una vez más de que es una hermosa realidad.

Yo también sonreí. Porque lo entendía. Nada de esto estaba escrito de la forma en que el mundo suele entender el destino. No fue sencillo, no fue lineal, no fue seguro. Fue elección. Fue lucha. Fue amor sostenido incluso cuando dolía.

—No ganamos la paz —continuó Jacob—. La construimos.

Y era verdad.

La paz no llegó como un regalo. Llegó como una decisión repetida una y otra vez: proteger, amar, quedarse, confiar. Aceptar naturalezas distintas sin intentar borrarlas. Entender que la eternidad no es no cambiar, sino cambiar juntos.

Miré a nuestros hijos, a sus compañeros, a nuestros nietos. Miré la forma en que el pasado y el futuro se encontraban en ese mismo espacio, en esa tarde sencilla, en ese hogar que había crecido con nosotros.

—Si este es el final de nuestra historia —dije en voz baja—, es un final hermoso.

Jacob giró el rostro hacia mí y apoyó su frente contra la mía.

—No es un final —respondió—. Es un descanso. Luego depósito un tierno beso en mis labios.

Volvimos la mirada al jardín. Las risas seguían. El sol comenzaba a descender. La vida continuaba.

Y entendimos, sin necesidad de decirlo, que no importaba cuántos años pasaran, cuántos territorios cruzáramos o cuántos desafíos aparecieran: mientras nos tuviéramos el uno al otro, mientras existiera este lazo que habíamos tejido con amor, todo lo demás encontraría su lugar.

Así, tomados de la mano, dejamos que el momento se grabara en nosotros.

Porque algunas historias no terminan.

Simplemente aprenden a quedarse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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