Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 36

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Lobo solitario, de vuelta al amor
  4. Capítulo 36 - 36 Sostenida
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

36: Sostenida.

36: Sostenida.

**Emma** Despierto sin saber de inmediato dónde estoy.

Hay calor.

Un calor distinto al de la chimenea, distinto al de la sangre recorriendo mi cuerpo.

Es un calor vivo, acompasado, firme.

Abro los ojos con cuidado.

Estoy recostada sobre el pecho de Jacob.

Su respiración es profunda, regular.

Un brazo me rodea con naturalidad, como si siempre hubiera estado ahí, como si mi cuerpo hubiera encontrado ese lugar sin pedir permiso.

Él también duerme.

Su rostro, relajado, no se parece en nada al del lobo imponente que patrulla la montaña ni al del hombre tenso que mide cada uno de sus movimientos cerca de mí.

Así, dormido, parece… joven.

Casi vulnerable.

Mi primer impulso es incorporarme.

Huir.

Recuperar la distancia que me he impuesto durante tanto tiempo.

No lo hago.

Me quedo quieta, escuchando el latido bajo mi mejilla.

Es fuerte.

Constante.

Humano.

No hay amenaza en él.

No hay exigencia.

Solo presencia.

Eso me desconcierta más que cualquier peligro.

Los días han empezado a parecerse entre sí.

Jacob patrulla, vuelve, se queda.

Me recuerda comer.

Me observa con esa atención silenciosa que no juzga, pero tampoco se aparta.

Yo me dejo cuidar… un poco más cada vez.

A regañadientes al principio.

Luego con menos resistencia.

No recuerdo cuándo fue la última vez que alguien se ocupó de mí de esta manera.

Desde mis abuelos, nadie.

El recuerdo se cuela sin permiso, como siempre.

La soledad temprana.

El aprendizaje forzado de sobrevivir sin pedir nada.

Y después… él.

La imagen llega sin transición.

Demetri.

En mi mente aparece vestido de negro, como solía hacerlo.

Sus ojos rojos brillan en la oscuridad, demasiado vivos, demasiado atentos.

En el sueño corro, pero mis piernas no responden.

El bosque se estrecha, las sombras se alargan.

Me acorrala con esa sonrisa que nunca llega a los ojos.

—Siempre vuelves —dice, su voz suave y cruel a la vez—.

No sabes quedarte.

Algo se mueve detrás de él.

Una presencia más oscura aún, reclamándome.

No tiene rostro, solo intención.

Las sombras giran, me envuelven, me aprietan el pecho.

Y entonces aparece el lobo.

Enorme.

Rojo.

Furioso.

Se coloca frente a mí, interponiéndose, pero lejos de tranquilizarme, el miedo cambia de forma.

No es por mí.

Es por él.

Por lo que podrían hacerle.

Por el precio que podría pagar solo por estar aquí, sosteniéndome.

—No —susurro en sueños—.

No a él.

Despierto sobresaltada, con un jadeo que me quema la garganta.

El mundo regresa de golpe.

La cabaña.

La luz tenue.

El calor.

Jacob ya está despierto.

Sus ojos se abren al instante, alertas, enfocados solo en mí.

Su mano se mueve con cuidado, firme, apoyándose en mi espalda.

—Estoy aquí —dice en voz baja—.

Tranquila.

Tardo unos segundos en respirar con normalidad.

Mi corazón sigue acelerado, pero poco a poco el pánico se disuelve.

Él no se aparta.

No pregunta.

No invade.

Simplemente se queda.

Y por primera vez en mucho tiempo, no siento la necesidad inmediata de desaparecer.

El miedo sigue ahí.

El pasado también.

Pero algo ha cambiado.

Tal vez huir ya no sea la única opción.

Tal vez sostener —y dejarme sostener— sea una forma distinta de sobrevivir.

Jacob baja la mirada un instante, como si entendiera más de lo que digo en voz alta.

Luego vuelve a mirarme, tranquilo, presente.

—¿Te quedas?

—pregunta, sin presión.

Asiento.

Y mientras el día comienza a filtrarse entre los árboles, acepto una verdad que me asusta tanto como me alivia: Jacob está ganando terreno.

No a la fuerza.

No con promesas.

Simplemente quedándose.

Y eso… es lo que más miedo me da.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo