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Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 39

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  3. Capítulo 39 - 39 El calor que no pedí
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39: El calor que no pedí.

39: El calor que no pedí.

**Emma** La intimidad no llegó de golpe.

Se fue instalando.

Como el frío en las paredes de la cabaña.

Como la costumbre de escuchar pasos que no son míos.

Como la certeza de que, cuando cae la noche, **ya no estoy sola**.

No lo planeamos.

Simplemente ocurrió.

Jacob patrulla, se va, vuelve.

Siempre vuelve.

Y yo empiezo a esperarlo.

No como quien espera algo que le pertenece, sino como quien empieza a reconocer un ritmo ajeno que se vuelve necesario.

Por las noches, cuando sé que ya está cerca, mi cuerpo se relaja antes de que yo lo decida.

Es absurdo.

Irracional.

Y completamente real.

Me levanto más de una vez sin motivo.

Cruzo el pasillo en silencio.

Me detengo en el umbral de la sala.

Ahí está.

Dormido en el sofá, grande, desarmado, con el ceño apenas fruncido, como si incluso en sueños estuviera atento al mundo.

Jacob dormido no se parece al lobo.

Ni al alfa.

Ni al guardián.

Se parece a un muchacho joven, cansado, que no debería cargar con nadie… y aun así lo hace.

Lo observo más tiempo del que debería.

Me pregunto cuándo fue la última vez que alguien durmió cerca de mí sin exigir nada.

No recuerdo.

El deseo aparece de forma traicionera.

No como urgencia.

Como **anhelo**.

Querer recostarme a su lado.

Sentir su calor.

Escuchar su respiración de cerca.

Eso me asusta más que cualquier impulso físico.

Porque el tiempo siempre termina cobrando.

Y yo he aprendido, a la fuerza, que todo lo que se siente seguro… eventualmente se pierde.

Esa noche el frío es distinto.

Más profundo.

Más insistente.

No logro entrar en calor.

Ni siquiera mi cuerpo responde como antes.

Jacob se despierta cuando intento volver a mi habitación.

—Estás temblando —dice, incorporándose de inmediato.

Niega con la cabeza cuando digo que estoy bien.

No discute.

Simplemente se mueve.

Se sienta en el sofá y abre el espacio a su lado, sin palabras, sin presión.

Me acerco.

Dormimos así.

Vestidos.

Sin besos.

Sin promesas.

Mi espalda contra su pecho.

Su brazo rodeándome con cuidado, como si temiera romper algo.

El calor llega lento.

Seguro.

Cierro los ojos.

Por un instante, una memoria intenta colarse.

Manos que no pedían permiso.

Un cuerpo que confundía deseo con dominio.

Una voz que decía *quédate* mientras cerraba todas las puertas.

Demetri.

La imagen se disuelve cuando Jacob ajusta apenas su abrazo, como si hubiera sentido mi sobresalto.

No me retiene.

No me aprisiona.

Solo está.

Eso debería tranquilizarme.

Y lo hace… pero también me rompe un poco.

Porque empiezo a entender que hay otra forma de estar con alguien.

Y no sé si sabré aprenderla sin perderme.

Me quedo despierta largo rato, escuchándolo respirar.

Deseándolo.

Temiéndolo.

Sabiendo, con una certeza incómoda, que ya no se trata solo de sobrevivir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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