Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 43

  1. Inicio
  2. Lobo solitario, de vuelta al amor
  3. Capítulo 43 - 43 Antes de arder
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

43: Antes de arder.

43: Antes de arder.

Dormimos sin tocarnos.

O, al menos, eso fue lo que nos dijimos a nosotros mismos.

Jacob se acomodó en la sala, como siempre, y yo me retiré a mi habitación con esa sensación extraña de tener el corazón demasiado despierto para un cuerpo cansado.

Me acosté boca arriba, mirando el techo de madera, escuchando la cabaña crujir con el frío nocturno, y su respiración… no, no podía oírla desde aquí.

Pero sabía que estaba ahí.

Esa certeza me mantenía sostenida a un lugar del que ya no quería escapar.

No sé en qué momento me levanté.

Solo recuerdo estar de pie en el umbral de la puerta, descalza, con el frío mordiéndome la piel y una decisión temblorosa formándose en mi pecho.

No era urgencia.

No era miedo.

Era cansancio.

Cansancio de huir incluso cuando nadie me perseguía.

Jacob dormía en el sofá, de lado, con un brazo colgando y el ceño relajado, como si el mundo no pesara cuando cerraba los ojos.

Verlo así me provocó una ternura peligrosa.

No la que enternece.

La que desarma.

Me senté en el suelo, apoyando la espalda contra el sofá, primero con cuidado, como si temiera despertarlo.

El calor de su cuerpo atravesó la tela, lento, constante.

No me moví.

No pensé.

Solo respiré.

—Emma… —murmuró, medio dormido.

No respondí.

Sentí cómo se acomodaba apenas, cómo su mano buscaba algo en la oscuridad hasta encontrar mi hombro.

No me jaló.

No me atrapó.

Solo descansó ahí, presente.

Y por primera vez en mucho tiempo, no sentí que debía justificar mi quietud.

—¿Estás bien?

—preguntó, ya despierto.

Asentí, aunque sabía que no podía verme.

—No quería estar sola —dije finalmente.

No hubo preguntas.

No hubo interpretaciones.

Solo el sofá crujiendo cuando se incorporó un poco para dejarme espacio.

Me giré y quedé frente a él, tan cerca que su respiración rozaba mi frente.

Nos quedamos así.

Sin besarnos.

Sin huir.

—A veces —empecé, y mi voz sonó más frágil de lo que pretendía— el deseo no fue algo seguro para mí.

Jacob no reaccionó de inmediato.

No tensó el cuerpo.

No apartó la mirada.

Solo escuchó.

—Aprendí a quedarme quieta cuando algo dolía —continué—.

A confundir intensidad con… otra cosa.

Sentí su mano moverse apenas, deteniéndose antes de tocarme el rostro.

—Conmigo no tienes que quedarte quieta —dijo—.

Ni avanzar.

Ni probar nada.

Lo miré entonces.

De verdad lo miré.

—Eso es lo que me asusta —confesé—.

Que no me empujes.

Una sonrisa triste cruzó su boca.

—Puedo esperar —respondió—.

Incluso si no sé cuánto.

El silencio volvió a instalarse entre nosotros, pero no era incómodo.

Era espeso.

Cargado de todo lo que no decíamos.

De todo lo que el cuerpo reconocía antes que la mente.

Fui yo quien se inclinó primero.

Un gesto pequeño.

Inofensivo.

Mi frente rozando la suya.

Mi mano subiendo hasta su pecho, abierta, sintiendo el ritmo firme de su corazón.

Ese fue el error.

O la chispa.

Jacob aspiró aire con fuerza.

Sus manos se movieron casi sin permiso, rodeándome la cintura, acercándome más de lo que había planeado.

El beso llegó sin aviso, profundo, cargado de días contenidos.

No fue suave.

Fue honesto.

Y fue demasiado.

Mi cuerpo respondió antes que yo.

El calor, la presión, la manera en que me sostuvo contra él… algo antiguo se agitó en mi interior.

No miedo todavía.

Pero sí memoria.

Una sombra al fondo del deseo.

Jacob lo sintió.

Lo supe porque se detuvo.

Apoyó la frente en la mía, respirando con dificultad, y sus manos aflojaron el agarre, como si soltar fuera un acto consciente, casi doloroso.

—No así —dijo, con la voz baja—.

No si esto te arrastra.

Mi pecho subía y bajaba con rapidez.

Una parte de mí quería seguir.

Otra… necesitaba escapar.

Me aparté, torpe, confusa.

—Lo siento —murmuré.

Jacob negó con la cabeza.

—No —respondió—.

Gracias por quedarte.

Me levanté sin mirarlo y regresé a mi habitación, cerrando la puerta con cuidado.

Me apoyé contra ella, el corazón golpeándome las costillas, el cuerpo temblando por todo lo que casi fue.

Y entonces lo sentí.

Ese tirón familiar.

Ese llamado.

Por primera vez en días, algo en mí respondió… pero no lo suficiente.

Mi don se agitó como un reflejo cansado.

No huyó.

No me arrancó de allí.

Se quedó conmigo.

Y eso, más que el beso, fue lo que me dejó despierta toda la noche.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo