Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 45
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
45: Lo que no dolió.
45: Lo que no dolió.
*Emma* No me duele el cuerpo.
Eso es lo primero que noto cuando despierto.
Lo segundo es el silencio.
No el silencio áspero de la soledad, sino uno tibio, sostenido, como si alguien hubiera colocado el mundo entre sus manos para que no se quiebre.
Abro los ojos despacio.
Jacob está a mi lado.
No me observa.
No vigila.
Descansa.
Su respiración es profunda, tranquila, y por un instante me permito contemplarlo sin defensas, sin huida preparada.
Eso, más que nada, me asusta.
Me muevo apenas, probando mi propio cuerpo, esperando el reflejo aprendido: la tensión, el sobresalto, el rechazo tardío.
No llega.
En su lugar, aparece otra cosa.
Recuerdo sus manos.
No como un asalto, sino como una presencia que se ofrecía.
La forma en que me tocó sin imponer, como si escuchara algo invisible en mí.
Recuerdo cómo mis labios buscaron los suyos primero, cómo el beso fue creciendo lento, profundo, cargado de algo que no urgía conquistar sino permanecer.
Fue como una danza认为.
Y, para mi sorpresa, yo llevaba el compás.
Cada vez que mi respiración cambiaba, él lo sentía.
Cada vez que mi cuerpo dudaba, él esperaba.
No hubo fuerza, no hubo exigencia.
Solo una atención casi devota, como si mi consentimiento no fuera un permiso sino una guía.
Cuando finalmente lo sentí cerca, completo, encajando conmigo de una forma que no sabía posible, no hubo miedo.
No hubo esa pérdida de mí misma que siempre venía después.
Fue plenitud sin vacío.
Presencia sin borrarme.
Como si dos piezas largamente extraviadas hubieran encontrado su lugar sin esfuerzo.
Mi cuerpo supo antes que mi mente: esto es seguro.
Cierro los ojos y la sombra intenta regresar, como siempre.
Demetri.
Sus manos que no preguntaban.
Su cercanía que aplastaba.
Su manera de confundirme haciéndome creer que rendirme era lo mismo que elegir.
Pero hoy la sombra no se instala.
Porque ahora hay otra memoria ocupando ese espacio.
Una en la que fui mirada.
Una en la que fui esperada.
Una en la que no tuve que desaparecer para ser deseada.
Respiro hondo.
Jacob se mueve a mi lado y mi cuerpo reacciona antes que mi mente, pero no con alarma, sino con una calma expectante.
Abro los ojos y él me mira, sorprendido de encontrarme despierta.
—¿Estás bien?
—pregunta en voz baja, como si temiera romper algo frágil.
Asiento.
Todavía no confío en mi voz.
Me incorporo apenas y lo miro de frente.
En sus ojos no hay posesión, ni triunfo, ni urgencia.
Solo una presencia firme, serena, que no exige respuestas inmediatas.
—No sabía… —empiezo, y me detengo.
Las palabras se quedan cortas.
Él no insiste.
Espera.
—No sabía que podía sentirse así —termino—.
Que podía ser… bueno.
Jacob asiente despacio, como si entendiera incluso lo que no digo.
Como si no necesitara detalles para quedarse.
Ese gesto sencillo hace algo en mí.
Algo que llevaba demasiado tiempo rígido comienza a ceder.
Sanar no es olvidar.
Es aprender que no todo vuelve a herir.
Me recuesto otra vez, esta vez más cerca.
No porque tenga que hacerlo, sino porque quiero.
Mi cabeza encuentra su pecho y su brazo me rodea sin apretar, sin cerrar salidas.
Y mientras el mundo vuelve a acomodarse a nuestro alrededor, comprendo algo que me sacude hasta lo más profundo: No solo sobreviví a lo que fui.
También puedo elegir lo que soy ahora.
Y por primera vez en más de un siglo, esa idea no me da miedo.
Me da esperanza.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com