Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 46
- Inicio
- Lobo solitario, de vuelta al amor
- Capítulo 46 - 46 Cuando el miedo cambia de nombre
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
46: Cuando el miedo cambia de nombre.
46: Cuando el miedo cambia de nombre.
**Emma** Lo encuentro en la cocina.
No hace ruido al moverse, pero ocupa el espacio con una naturalidad que todavía me desconcierta.
Está de espaldas a mí, concentrado en algo sencillo —una olla, una taza, el vapor que se eleva— como si ese gesto mínimo fuera importante.
Como si cuidarme fuera una tarea que ha asumido sin necesidad de palabras.
Me quedo quieta en el umbral, observándolo.
Jacob no parece dudar.
No se pregunta si debe estar aquí, si invade, si se equivoca.
Simplemente está.
Apersonado.
Presente.
Seguro de su lugar a mi lado de una forma que jamás nadie lo estuvo.
Y eso… eso es lo que más me desarma.
Anoche no dolió.
Pero esta mañana tampoco.
No hay prisa, ni tensión incómoda, ni esa necesidad mía de medir cada gesto.
Mi cuerpo sigue cansado, todavía vulnerable, pero hay algo distinto: no estoy a la defensiva.
Estoy sostenida.
Jacob se gira cuando me percibe.
—Buenos días —dice, con una sonrisa suave—.
Pensé que quizá te ayudaría comer algo.
Asiento sin hablar.
Me acerco despacio y me siento, envolviendo mis manos alrededor de la taza caliente que me ofrece.
El calor me reconforta más de lo que debería.
No solo por la bebida, sino por el gesto.
Nunca aprendí a dejar que alguien se ocupara de mí así.
Desde mis abuelos, nadie lo había hecho.
Y ellos se fueron demasiado pronto.
Jacob se mueve por la cocina con una torpeza encantadora, como alguien que no necesita impresionar, solo estar.
Me descubro pensando que, sin darme cuenta, hemos empezado a construir algo parecido a una rutina.
Dormimos juntos.
No siempre abrazados, no siempre cerca, pero compartimos el mismo espacio, el mismo silencio nocturno.
Y cuando despierto de golpe, sobresaltada, él está ahí.
A veces medio dormido, a veces completamente alerta, pero siempre presente.
Eso me ayuda.
Y al mismo tiempo… me aterra.
Porque el miedo ha cambiado de forma.
Antes temía quedarme sola.
Ahora temo perderlo.
La idea se instala en mi pecho con una claridad brutal.
Si algo le ocurriera, si alguien lo tocara por mi culpa… no sé si podría sobrevivir a eso.
No como sobreviví a todo lo anterior.
El día transcurre tranquilo.
Jacob sale a patrullar, vuelve.
Prepara comida.
Me observa con una atención cuidadosa, sin invadir.
Yo acepto su cercanía con una mezcla de gratitud y desconcierto.
Por la noche, el cansancio vuelve a arrastrarme al sueño.
Y con él, las sombras.
Las pesadillas ya no son esporádicas.
Se repiten.
Cambian de forma, pero no de esencia.
La montaña oscurecida.
La sensación de ser observada.
Esa presencia que no necesita tocarme para reclamarme.
Corro.
Intento desaparecer.
Mi don responde tarde… o no responde.
Y entonces aparece Jacob.
El lobo rojo.
Protector.
Feroz.
Interponiéndose entre el peligro y yo.
Pero el miedo no se disipa.
Se transforma.
Despierto con el corazón desbocado, respirando con dificultad.
Me incorporo, buscando aire, buscando certeza.
Jacob se mueve a mi lado de inmediato, aún dormido pero atento, como si su cuerpo supiera antes que su mente.
—Estoy aquí —murmura, medio dormido.
Me acerco a él, apoyando la frente en su pecho, escuchando su corazón.
Fuerte.
Constante.
Vivo.
Eso es lo que me calma.
Y eso mismo es lo que me condena.
Porque si el mundo decide arrebatármelo… esta vez no sé si sabré huir.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com