Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 47

  1. Inicio
  2. Lobo solitario, de vuelta al amor
  3. Capítulo 47 - 47 Aprender a velar
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

47: Aprender a velar.

47: Aprender a velar.

**Jacob** Patrullar siempre había sido sencillo.

Moverme entre los árboles, reconocer cada sonido del bosque, cada cambio en el aire, cada huella nueva o vieja.

Antes, era un acto casi automático.

Un deber.

Una forma de mantener la mente ocupada para no pensar demasiado.

Ahora no.

Ahora cada paso que doy lejos de la cabaña tiene un hilo invisible que me mantiene atado a ella.

A Emma.

No importa cuántos kilómetros avance ni cuántas horas pase en fase, siempre hay una parte de mí atenta, midiendo el viento, buscando su rastro, asegurándose de que su esencia siga ahí… estable.

Viva.

Presente.

Desde aquella noche, algo cambió.

No solo entre nosotros.

En ella.

Lo noté primero en su respiración al dormir.

A veces se acelera sin motivo aparente.

Otras, se vuelve tan superficial que me obliga a quedarme despierto, contando cada inhalación como si mi atención pudiera sostenerla en este plano.

Sueña.

Sueña mal.

No siempre habla, pero su cuerpo sí.

Se tensa, se estremece, sus manos buscan algo en la oscuridad.

A mí.

Y cuando me encuentra, cuando mis brazos la rodean, su cuerpo cede apenas un poco… como si solo entonces recordara que no está sola.

No me pregunta nada cuando despierta sobresaltada.

No me cuenta qué ve.

Y yo no la presiono.

Porque no hace falta.

El miedo tiene olor.

Y el suyo no es el miedo al pasado… es el miedo a perder.

A perderme.

Esa certeza se me clava en el pecho mientras avanzo entre los pinos, siguiendo una ruta que conozco de memoria.

El rastro sigue ahí.

Antiguo, persistente, molesto como una herida mal cerrada.

El vampiro.

No necesito verlo para saber que existió.

La montaña conserva huellas que el tiempo no borra del todo.

Senderos marcados por pasos antiguos, grietas abiertas por viejas tormentas, cicatrices que siguen ahí aunque el paisaje haya cambiado.

Emma es igual.

No en el dolor… sino en la memoria.

Y a veces me descubro deseando algo imposible: que mis besos, mis caricias, mi forma de quedarme, de cuidarla en silencio, sean suficientes para suavizar esas marcas.

No borrarlas —sé que no funciona así—, pero sí cubrirlas de nuevas capas, de nuevas experiencias, hasta que dejen de doler al tocarlas.

Sé que no será rápido.

Sé que quizá nunca sea completo.

Aun así, pasaría lo que me reste de vida intentándolo.

Sigo avanzando, dejando que el movimiento calme el ruido en mi cabeza.

Pienso en la manada.

En Sam.

En Embry, Quil, Paul.

¿Qué dirían si supieran?

Que el lobo solitario ya no lo es.

Que el tipo que se burlaba de la imprimación ahora entiende exactamente de qué va.

No es deseo.

No es posesión.

Es vigilia.

Es querer estar.

Quedarse.

Cuidar sin asfixiar.

Es aprender a esperar sin irse.

Por primera vez comprendo algo que antes me parecía injusto.

Tal vez nunca me imprimé de Bella porque ella ya tenía quien la sostuviera.

Aunque ese protector necesitara refuerzos… y yo fuera uno de ellos.

Con Emma es distinto.

Ella no necesita que la salve.

Necesita que no me vaya.

Regreso cuando el cielo empieza a oscurecer.

La cabaña sigue ahí, firme entre la nieve y el bosque.

Su luz es tenue, pero suficiente.

Entro en silencio.

Emma duerme.

Su rostro está relajado por ahora.

Me acerco despacio, me siento a su lado y paso los dedos por su cabello con cuidado, como si pudiera romperla si no mido la fuerza.

Se mueve.

Frunce el ceño.

Murmura algo que no alcanzo a entender.

—Estoy aquí —susurro, aunque no sé si me escucha.

Su cuerpo responde antes que sus palabras.

Se acerca más.

Se afirma a mí sin despertarse del todo.

Y en ese gesto simple, silencioso, tomo una decisión que no necesita ser dicha en voz alta: Voy a cuidarla.

Aunque no sepa de qué huye.

Aunque aún no pueda explicarlo.

Aunque el peligro todavía no tenga rostro.

Si algo viene por ella… primero tendrá que pasar por mí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo