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Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 50

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50: Cuando el futuro se rompe .

50: Cuando el futuro se rompe .

**Alice** Durante meses, la vida en Forks había encontrado una forma extraña de parecer normal.

Renesmee crecía rodeada de risas, de manos siempre dispuestas a sostenerla, de miradas que no podían evitar seguir cada uno de sus movimientos.

Era imposible no hacerlo.

Todo en ella era extraordinario: su risa, su curiosidad, la manera en que aprendía el mundo con una rapidez que asombraba incluso a los más antiguos entre nosotros.

Yo también orbitaba alrededor de ella, como todos.

Pero no podía permitirme el lujo de la tranquilidad completa.

El futuro nunca se queda quieto para mí.

Y cuando lo hace… es porque algo está mal.

Estábamos en los preparativos finales para partir.

Sudamérica ya no era solo una idea, sino una ruta trazada con precisión.

Carlisle había recopilado antiguas referencias, mitos dispersos, relatos de criaturas híbridas en culturas indígenas.

Necesitábamos respuestas, aunque no estuviéramos seguros de que nos gustaran.

Renesmee merecía al menos eso: la verdad.

Habíamos permanecido en Forks más tiempo del prudente, incluso para nosotros.

La tregua con los quileute se había sostenido gracias a acuerdos frágiles, a la mediación paciente de Carlisle y, en gran parte, a la presencia de Seth.

El joven lobo se había convertido en un visitante habitual, una figura familiar para Renesmee, para Bella… incluso para Edward, aunque jamás lo admitiría en voz alta.

Jacob no estaba.

Ese vacío se había vuelto una constante incómoda, un espacio que nadie mencionaba demasiado, pero que todos notábamos.

Aquella tarde, intentaba distraerme reorganizando el salón.

Un gesto inútil, lo sabía, pero el orden físico siempre había sido una forma de calmar mi mente cuando el futuro se tornaba confuso.

Movía jarrones, ajustaba pequeños detalles, mientras rastreaba sin insistir, casi con culpa, una línea del futuro que no lograba soltar.

Irina.

No por resentimiento.

No por desconfianza.

Por compasión.

Había visto su dolor, su soledad, la herida que jamás cerró del todo tras la muerte de Laurent.

Quería creer que, en algún punto, encontraría una salida distinta para ella.

Entonces el futuro explotó.

No fue una visión gradual.

No fue una transición lenta.

Fue un golpe.

El jarrón se deslizó de mis manos antes de que pudiera reaccionar, estrellándose contra el suelo.

El sonido pareció lejano, amortiguado, como si el mundo se hubiera hundido bajo una capa de agua espesa.

Vi nieve.

Vi capas negras avanzando como una marea.

Vi ojos rojos, dorados, fríos.

Vi a Aro sonriendo.

Y supe.

—Vienen —susurré, aunque mi voz no parecía mía.

Edward jadeó al mismo tiempo.

Sus rodillas casi cedieron cuando mis pensamientos se abrieron paso hacia los suyos.

Jasper estuvo a mi lado en un segundo, sujetándome con fuerza.

—¿Quién?

—exigió, aunque ya sentía la respuesta en la tensión que recorría la sala.

—Los Vulturi —dije finalmente.

El silencio que siguió fue devastador.

No era incredulidad.

Era comprensión.

—¿Por qué?

—preguntó Carlisle, con esa calma forzada que solo adoptaba cuando el miedo amenazaba con desbordarlo.

Negué despacio.

—No vienen a preguntar.

No vienen a investigar.

Ya han decidido.

Bella se tensó, abrazando instintivamente a Renesmee, que dormía ajena a todo.

Edward cayó de rodillas junto a ellas, como si su cuerpo hubiese entendido antes que su mente.

—Irina —expliqué, sintiendo cómo el peso de la culpa se instalaba en mi pecho—.

Ella los vio.

Vio a Renesmee… y creyó reconocer algo que juró destruir hace siglos.

—Un niño inmortal —murmuró Carlisle, como si decirlo en voz alta lo hiciera más real.

—Está equivocada —insistió Bella, con la voz quebrada—.

Renesmee no es como ellos.

—Lo sé —respondí, con una tristeza que me calaba hasta los huesos—.

Pero Aro no necesita razón.

Solo una excusa.

Edward cerró los ojos.

—Vienen todos —dijo con voz apagada—.

La guardia completa.

Jasper frunció el ceño.

—Eso no tiene sentido.

Nunca movilizan a todos.

—Esta vez sí —contesté—.

Porque no vienen a debatir.

Vienen a erradicar.

El miedo empezó a moverse por la casa como una corriente invisible.

Jasper lo percibió de inmediato, intentando amortiguarlo, pero incluso su don tenía límites.

—¿Cuándo?

—preguntó Emmett, sorprendentemente serio.

—Con la nieve —respondí—.

No más de un mes.

—Entonces lucharemos —dijo Emmett, rompiendo el silencio.

Jasper negó con la cabeza.

—No podemos ganar una guerra así.

—No podemos huir tampoco —añadió Edward—.

No con Demetri.

El nombre cayó como una losa.

—Necesitamos tiempo —dije entonces, aferrándome a la única posibilidad que aún se abría ante nosotros—.

Necesitamos testigos.

Voces que los obliguen a detenerse, aunque sea un instante.

Rosalie cruzó los brazos.

—¿Y quién aceptaría eso?

Mi mente ya corría, buscando rostros, nombres, alianzas antiguas.

Pero algo no encajaba.

Intenté ver a Jacob.

El futuro se volvió borroso.

Oscuro.

Interrumpido.

Mi respiración se aceleró.

—No puedo verlo —admití, sintiendo un escalofrío recorrerme la espalda—.

Hay… interferencia.

Carlisle alzó la vista.

—¿Está vivo?

Asentí lentamente.

—Sí.

Pero no está solo.

Jasper me miró con atención renovada.

—Entonces vamos a buscarlo.

No lo dudé.

—Tenemos que hacerlo.

Ahora.

Tomé su mano y nos dirigimos hacia la puerta trasera, dejando atrás una casa sumida en el silencio y la incredulidad.

—Apúrense —les dije sin volverme—.

Reúnan a todos los aliados que puedan.

No tenemos tiempo.

Mientras corríamos hacia la noche, una certeza me atravesó con una claridad brutal: El futuro no solo se había roto.

Había empezado a moverse… y no todos los hilos estaban ya bajo mi control.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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