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Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 53

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  3. Capítulo 53 - 53 Cuando el fantasma tuvo nombre
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53: Cuando el fantasma tuvo nombre.

53: Cuando el fantasma tuvo nombre.

**Jacob** Emma tarda más de lo habitual en salir.

Lo noto antes de verla: su pulso alterado, esa vibración tenue que siempre precede a sus preguntas no dichas.

La puerta de la cabaña se abre con cuidado y ella aparece en el umbral, envuelta en su chaqueta, el ceño fruncido.

—Jacob… —dice—.

No estabas dentro.

Da dos pasos más y entonces los ve.

Alice y Jasper permanecen al borde del claro, inmóviles, como si fueran parte del paisaje.

Emma se detiene en seco.

Alice es la primera en reaccionar.

No sonríe.

No disimula.

Simplemente **la mira**.

Y algo en ella se rompe.

—No… —murmura—.

Esto no puede ser.

Jasper da un paso adelante, instintivamente, colocándose un poco delante de Alice.

—Alice —advierte—.

¿Qué ocurre?

Ella no responde de inmediato.

Sus ojos recorren a Emma con una intensidad casi dolorosa.

—Late —dice finalmente—.

Su corazón late.

Emma traga saliva.

—Respira —continúa Alice—.

Su cuerpo está vivo.

Da otro paso más, fascinada y perturbada a la vez.

—Pero no puedo verla —susurra—.

No hay futuro.

No hay decisiones.

Nada.

Jasper frunce el ceño.

—Como Renesmee… Alice asiente despacio.

—Del mismo orden imposible —dice—.

No igual… pero cercana.

Emma retrocede medio paso, instintivamente, y mi mano va a su espalda sin pensarlo.

—Emma —digo—.

Tranquila.

Alice levanta la mirada hacia mí.

—¿Desde cuándo?

—pregunta, sin reproche, pero con una urgencia evidente—.

¿Desde cuándo existe ella?

—Desde antes de que yo la encontrara —respondo—.

Y no quiere ser encontrada.

Alice la observa de nuevo, esta vez con algo parecido al respeto.

—Eso lo entiendo —dice—.

Créeme.

El silencio se estira.

Hasta que Alice vuelve a hablar.

—Jacob… —dice con suavidad—.

Los Vulturi no se detendrán.

No es una revelación.

Ya lo sé.

Pero **Emma no**.

Su reacción es inmediata.

El miedo le atraviesa el cuerpo como un rayo.

—No… —susurra—.

No ellos… Su respiración se acelera.

Sus dedos se clavan en mi brazo.

—Emma —le digo—.

Mírame.

Ella no puede.

—Ellos vienen —continúa Alice, sin darse cuenta del terremoto que acaba de provocar—.

Por Renesmee.

Creen que es un niño inmortal.

—No… —repite Emma, más fuerte ahora—.

No pueden venir.

No pueden… —Emma —insisto—.

¿Qué sabes tú de los Vulturi?

Ella levanta la mirada de golpe.

Y entonces lo dice.

—Demetri… El nombre cae entre nosotros como un disparo.

Alice se queda helada.

Jasper gira la cabeza hacia Emma con brusquedad.

Yo siento cómo algo se **encaja** por fin.

—¿Demetri?

—repito despacio.

Emma asiente, los ojos brillantes de terror.

—Él… —su voz tiembla—.

Él es uno de ellos.

El aire se vuelve denso.

Alice cierra los ojos un segundo.

—Demetri es su mejor rastreador —dice—.

Si él estuvo contigo… —Lo estuvo —interrumpe Emma—.

Y fue suficiente.

No necesito más.

Todo ese rastro antiguo.

El miedo que no se iba.

La huida constante.

Ahora tiene nombre.

Y uniforme.

—Entonces esto ya no es solo por la manada —digo con voz baja—.

Ni por los Cullen.

Miro a Alice.

—Es personal.

Ella asiente, seria.

—Emma nos da respuestas —admite—.

Nos ayuda a comprender lo que Renesmee es… y lo que no es.

—¿Pero?

—pregunto.

—Pero no basta —dice—.

Aro no se detendrá solo con eso.

El silencio vuelve.

Entonces Alice me mira de frente.

—Jasper y yo no estaremos cuando llegue el momento.

La rabia me sube como fuego.

—¿Cómo que no?

—gruño—.

¿Vienen hasta aquí, traen esto… y se van?

—No es huir —responde Alice—.

Es elegir.

—Elegir no perderse —escupo—.

Muy conveniente.

Ella no se defiende.

—Ya tomé mi decisión, Jacob —dice con calma—.

Ahora te toca tomar la tuya.

Emma me aprieta con más fuerza.

—¿Así que eso es todo?

—digo—.

¿Vienes, me dices que vuelva… y luego abandonas a los tuyos?

Alice me sostiene la mirada.

No hay disculpa en sus ojos.

Tampoco mentira.

—Cuídala —dice, mirando a Emma—.

Pase lo que pase.

Y se da la vuelta.

Jasper la sigue sin decir una palabra.

El bosque vuelve a cerrarse.

Emma respira con dificultad.

La rodeo con ambos brazos.

Porque ahora lo sé.

El enemigo ya no es un fantasma.

Tiene nombre.

Tiene rostro.

Y pertenece a los Vulturi.

Y haga lo que haga… Esta guerra ya me alcanzó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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