Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 54
- Inicio
- Lobo solitario, de vuelta al amor
- Capítulo 54 - 54 Cuando el nombre rompe el silencio
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
54: Cuando el nombre rompe el silencio 54: Cuando el nombre rompe el silencio **Emma* Despierto con una sensación extraña, como si algo se hubiera movido mientras dormía y ahora el aire no terminara de acomodarse.
Extiendo la mano por inercia, buscando el calor que ya se había vuelto costumbre, pero encuentro solo sábanas frías.
Abro los ojos de inmediato.
Jacob no está.
Me incorporo con rapidez.
El silencio de la cabaña se siente distinto, demasiado amplio.
No hay ruido en la cocina, no hay pasos, no hay ese murmullo casi imperceptible que su presencia siempre deja, incluso cuando intenta ser sigiloso.
Camino descalza hasta la ventana.
Lo veo.
Jacob está fuera, a unos metros de la cabaña, en el claro.
No está solo.
Hay dos figuras frente a él.
No necesito más de un segundo para saber qué son.
Vampiros.
Pero algo en ellos es distinto.
Sus ojos no son rojos.
Son dorados, atentos, contenidos.
No hay hostilidad abierta en sus posturas, tampoco relajación.
Parecen estar allí por una razón que pesa demasiado.
Jacob se mueve con cautela, pero no con miedo.
Habla con ellos como si los conociera.
Su cuerpo está tenso, sí, pero no en posición de ataque.
Mi pecho se aprieta.
Abro la puerta y salgo al exterior antes de pensarlo demasiado.
El aire frío me golpea el rostro, pero apenas lo registro.
Mis pasos llaman su atención.
Jacob gira primero.
Sus ojos se encuentran con los míos y algo cruza por su expresión: alivio, preocupación… y una sombra más profunda que no alcanzo a nombrar.
—Emma… —dice, dando un paso hacia mí.
Pero ya es tarde.
La mujer de cabello corto y movimientos precisos me observa con una intensidad que me atraviesa.
No es hostil.
Es desconcertada.
Fascinada.
Como si acabara de encontrar una variable imposible.
Su compañero —alto, serio, con una energía peligrosa contenida— inclina ligeramente la cabeza, evaluándome.
Ella da un paso lento hacia mí, estudiándome con atención absoluta.
—No puedo verte —dice en voz baja—.
No en el futuro… ni en los márgenes.
Sus ojos recorren mi rostro, mis manos, la forma en que respiro.
—Pero estás aquí —añade—.
Respiras.
Estás viva.
Y aun así… Frunce el ceño, desconcertada.
Jacob se coloca ligeramente delante de mí, sin bloquearme, pero marcando presencia.
—Alice —dice—.
Jasper.
Ella es Emma.
Mi compañera.
La palabra cayó con un peso que me recorrió entera.
No porque no la supiera, sino porque escucharla era otra cosa.
Sin decir más Jacob puso su mano sobre la mía, firme, presente.
Y lo entiendo.
—Es como Renesmee… —murmura Alice—.
No igual.
Pero tampoco invisible.
La palabra me resulta extraña, cargada de algo que no comprendo del todo.
—Alice —interviene Jasper con calma—.
No la presiones.
Ella asiente, aunque no aparta la mirada de mí.
—Esto explica muchas cosas —dice al fin—.
Por qué no puedo ver a Jacob.
Por qué hay interferencias.
Pero… Se detiene.
—No es suficiente.
—¿Suficiente para qué?
—pregunto, sin poder evitarlo.
Alice me mira directamente.
—Para detener lo que viene.
Siento que el suelo se inclina.
—Los Vulturi —dice Jacob con voz grave.
La palabra cae como una sentencia.
El aire se me atasca en los pulmones.
El frío se vuelve cortante.
Una oleada de terror puro me recorre sin pedir permiso.
—No… —susurro.
Jacob se gira hacia mí de inmediato.
—Emma, ¿qué pasa?
Intento hablar, pero los recuerdos llegan antes que las palabras.
Ojos rojos en la oscuridad.
Una sonrisa que prometía control.
Una voz que me despojó de todo.
—No… ellos no… —mi voz tiembla—.
No ahora… —Emma —insiste Jacob, tomándome el rostro con cuidado—.
¿Los conoces?
Trago saliva.
—Demetri… —el nombre se me escapa sin que pueda detenerlo.
El cuerpo de Jacob se tensa por completo.
Alice se queda inmóvil.
—Demetri —repite—.
Entonces es él.
Jacob no aparta los ojos de mí.
—¿Fue él?
Asiento.
No necesito decir más.
El silencio se vuelve denso, definitivo.
—Esto no cambia el plan —dice Alice al cabo—.
Ayuda a entender algunas cosas… pero no lo detiene.
Aro sigue viniendo.
—¿Y ustedes?
—pregunta Jacob, con una dureza nueva en su voz.
Alice lo mira largamente.
—Jasper y yo no iremos a Forks.
Jacob frunce el ceño.
—¿Qué?
—No podemos —responde ella—.
Y no vamos a perdernos el uno al otro.
—Así que le pides a los demás que se queden —replica Jacob—, pero tú te vas.
Alice sostiene su mirada, firme.
—Yo ya tomé mi decisión, Jacob Black.
Tú tendrás que tomar la tuya.
No añade nada más.
Alice da un paso atrás.
Jasper la sigue.
En un parpadeo, desaparecen entre los árboles.
El silencio que dejan atrás es absoluto.
Jacob permanece quieto unos segundos.
Luego se vuelve hacia mí.
Su expresión ha cambiado.
Es más grave.
Más adulta.
—Tenemos que hablar —dice.
Asiento.
Dentro de la cabaña, el mundo que habíamos construido se siente frágil, como si una grieta invisible lo atravesara.
—Voy a tener que volver —dice Jacob—.
Mi manada.
Mi familia.
No puedo ignorarlo.
El pecho se me contrae.
—Lo sé —respondo—.
Siempre lo supe.
Me observa con intensidad.
—No voy a pedirte que te escondas.
Levanto la mirada.
—Si me voy solo —continúa—, te dejo expuesta.
Edward sabrá de ti.
Aro también.
Y Demetri… No termina la frase.
—Si vienes conmigo —dice al fin—, te llevo directo al peligro.
Pero al menos estarás donde pueda verte.
El silencio se alarga.
Pienso en la cabaña.
En la montaña.
En huir otra vez.
Y por primera vez en más de un siglo, la idea de escapar sola me resulta insoportable.
—He pasado toda mi vida huyendo —digo—.
No quiero hacerlo otra vez… sin ti.
Jacob cierra los ojos un instante.
Cuando los abre, hay algo irrevocable en su mirada.
La calma se ha terminado.
Y los dos lo sabemos.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com