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Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 58

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  3. Capítulo 58 - 58 Lo que vale la pena proteger
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58: Lo que vale la pena proteger.

58: Lo que vale la pena proteger.

**Emma** Dejar el monte fue más difícil de lo que imaginé.

No porque aquel lugar fuera el único refugio que había conocido, sino porque allí aprendí a existir con alguien más.

La cabaña, el silencio, el ritmo lento… todo eso quedó atrás cuando el paisaje empezó a cambiar y el bosque se volvió más húmedo, más denso, más vivo.

Forks se siente distinto.

Aquí el verde no es contemplativo, es insistente.

El bosque no observa: rodea.

El aire está cargado de sal, de lluvia, de algo antiguo que no se ha ido nunca.

Jacob conduce con soltura, como si el camino lo reconociera.

Yo miro por la ventana intentando absorberlo todo, como si temiera olvidarlo después.

Cuando llegamos a la casa de su padre, no entro de inmediato.

Espero.

Veo a Jacob bajar del auto y arrodillarse frente a un hombre en silla de ruedas.

El abrazo que se dan no necesita palabras.

Hay lágrimas.

Culpa.

Alivio.

Amor.

No me acerco hasta que Jacob me llama.

Billy Black me observa con una atención que no es incómoda, pero sí profunda.

No me analiza como un enemigo ni como una rareza, sino como alguien que importa porque su hijo la ha elegido.

—Bienvenida a casa —me dice.

No “hola”.

No “mucho gusto”.

Casa.

Esa palabra se me queda clavada en el pecho.

Rachel aparece poco después y el ambiente cambia por completo.

Ríe, lo abraza, le reclama la ausencia con afecto.

Luego me toma de las manos con naturalidad, como si yo llevara años allí.

—Así que tú eres Emma —dice—.

Gracias por traer de vuelta a este idiota.

Me siento algo culpable; no soy yo quien lo trajo, fueron las circunstancias.

Pero no hay juicio en su voz.

Solo alivio.

La casa es sencilla, cálida, llena de recuerdos.

Fotografías, objetos, vida.

Nada que ver con el aislamiento que he cultivado durante décadas.

Y luego está la manada.

No sabía qué esperar, pero no era esto.

Después de presentarme, en medio de comentarios de asombro, aceptación y bienvenida, Jacob menciona a los Vulturi y el ambiente cambia.

No de golpe.

No con pánico.

Con atención.

Las bromas cesan.

Las miradas se vuelven más serias.

Sam habla con voz firme, sin dramatismo.

Jacob explica.

Yo observo.

Y lo que más me sorprende no es la gravedad del asunto.

Es la reacción.

No hay negación.

No hay huidas.

No hay excusas.

Aceptan.

Algunos con tensión en el rostro.

Otros… con algo parecido a anticipación.

Paul aprieta los puños, casi sonriendo.

Jared asiente en silencio.

Seth se inclina hacia adelante, atento.

Incluso Sam, aunque serio, no retrocede.

Leah no dice nada.

Pero su postura se tensa aún más.

Su mirada va de Jacob a mí, como si intentara entender en qué lugar exacto encajo en todo esto.

Entiendo entonces algo fundamental: Para ellos, el peligro no es una señal de retirada.

Es un llamado.

Después de esa aceptación casi ceremonial, como si supieran que para esto nacieron, regresan las risas y las bromas.

Me siento extraña, pero no incómoda, en medio de este grupo tan particular.

Son muchos.

Demasiados para alguien que siempre pasó desapercibida.

Ríen fuerte, se empujan, hacen bromas incluso cuando hablan de peligros inminentes.

Me sorprende ver a Jacob en medio de ellos: relajado, firme, querido.

No es solo un líder.

Es uno de ellos.

Rachel se mueve con naturalidad entre todos y noto cómo Paul la rodea con una familiaridad protectora que no necesita demostraciones.

Ella le responde con una mirada cómplice, casi divertida.

La luna de Paul.

Su prometida.

Hay una palabra que se repite entre bromas, miradas y silencios cargados de significado: **Imprimación.** No la comprendo del todo, pero intuyo que no es algo trivial.

Hay respeto en cómo la dicen.

Algo casi sagrado.

No todos, sin embargo, participan del mismo modo.

Leah está ahí… pero no del todo.

Permanece ligeramente apartada, los brazos cruzados, la mandíbula tensa.

No ríe.

No interviene.

Su mirada se posa en mí de vez en cuando, evaluándome con una mezcla de curiosidad y recelo, como si midiera algo que aún no entiende —o no decide aceptar—.

No es hostilidad abierta.

Es vigilancia.

Emily nos invita a comer antes de que el ambiente se enfríe.

—Aquí nadie se va con el estómago vacío —dice con una sonrisa tranquila—.

Mucho menos hoy.

Y entonces sucede algo que no esperaba.

Normalidad.

Platos que se pasan de mano en mano.

Risas.

Conversaciones cruzadas.

Kimberly, la pareja de Jared, me sonríe y me pregunta si me gusta el pan casero.

Claire, una niña pequeña, corre entre las piernas de los chicos riendo, y Quil la alza con cuidado cuando tropieza.

Hay vida aquí.

Vida que no se esconde.

En medio de una conversación cruzada, Paul me observa con una sonrisa ladeada, claramente buscando atención.

—Oye, Jacob —dice en voz alta—.

Y ella… ¿come normal o hay que buscarle una garganta o qué?

El silencio dura exactamente un segundo.

Luego estalla la risa.

—¡PAUL!

—gruñe Sam desde el otro lado de la mesa.

Jacob no dice nada.

Simplemente se levanta y le da un golpe seco en la cabeza.

—¿Te hacían falta mis golpes, verdad?

—le dice con una calma peligrosa.

Las carcajadas aumentan.

Paul se soba la cabeza, sonriendo.

—Un poco —admite—.

Ya estaba extrañando al alfa.

Jacob me mira entonces, con un gesto de disculpa en los ojos, como diciendo *lo siento por esto*.

Yo no puedo evitar reír.

De verdad reír.

La naturalidad del momento, la ausencia total de miedo, la forma en que no soy tratada como algo frágil ni como un monstruo… me desarma.

*Podría acostumbrarme a esto*, pienso, sorprendida de mí misma.

Emily se acerca después y se sienta a mi lado.

—Me alegra que Jacob te haya encontrado —me dice con suavidad—.

Ha sufrido mucho.

No pregunto cómo.

No necesito detalles.

Pero un nombre aparece en mi mente con claridad inevitable.

Bella.

Comprendo entonces que Jacob no llegó a mí intacto.

Que hubo heridas antes de las mías.

Que este amor también es una reconstrucción.

Eso me une más a él de lo que esperaba.

Observo a la manada.

A Jacob responder con sarcasmo, con paciencia, con autoridad natural.

Veo cómo lo escuchan.

Cómo confían.

Y entonces el escalofrío llega.

Porque sé que los Vulturi no verían esto como una comunidad.

Verían objetivos.

Daños colaterales.

Sacrificios aceptables.

La risa de Claire me atraviesa como un recordatorio cruel.

No tendrían ningún problema en acabar con todo esto.

Aprieto la mano de Jacob bajo la mesa.

Él la aprieta de vuelta.

No necesito palabras para saber que piensa lo mismo.

La felicidad existe aquí.

Y precisamente por eso, está en peligro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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