Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 59
- Inicio
- Lobo solitario, de vuelta al amor
- Capítulo 59 - 59 Cuando la respuesta llega demasiado cerca
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
59: Cuando la respuesta llega demasiado cerca 59: Cuando la respuesta llega demasiado cerca **Jacob** Salimos de la casa de Emily cuando el cielo ya empieza a oscurecer.
No es una noche tranquila, aunque nadie lo diga en voz alta.
Sam se quedó hablando con algunos de los chicos, organizando patrullas, repartiendo turnos, asegurándose de que nadie baje la guardia.
Desde hoy, la reserva vuelve a latir como en los viejos tiempos: alerta, unida, preparada.
Camino junto a Emma hacia el auto.
Ella no pregunta nada.
Solo camina a mi lado, en silencio, procesando todo lo que ha visto y oído.
—Mañana empezamos patrullas reforzadas —le digo mientras abro la puerta—.
Esta noche… intentemos descansar.
Asiente.
—Gracias por no ocultarme nada —responde—.
Aunque dé miedo.
La miro antes de subir.
—Prefiero que tengamos miedo juntos.
No sonríe, pero aprieta mi mano un segundo antes de soltarla.
El trayecto de regreso a casa de mi padre es corto, pero denso.
Sé que mañana tendremos que ir a la casa de los Cullen.
Sé que nada será sencillo a partir de ahora.
Cuando Emma y yo regresamos, la luz ya estaba cayendo.
El interior estaba en silencio, pero no vacío.
Rachel.
No dice nada al principio.
Solo me observa desde el pasillo, con los brazos cruzados, como si quisiera asegurarse de que no voy a desaparecer otra vez.
—Tu cuarto está listo —dice finalmente—.
Por si… se quedan.
Todo está ahí.
Mi cama.
Mis estanterías.
La vieja cómoda con marcas de golpes mal disimulados.
Pero también está distinto.
Las sábanas limpias.
La ropa doblada.
El polvo ausente.
Como si alguien hubiera tomado mi pasado con cuidado y lo hubiera preparado para que yo pudiera volver a habitarlo sin lastimarme.
Emma entra despacio, casi en silencio.
No toca nada al principio.
Solo mira.
Las fotos.
Yo de niño, embarrado hasta las rodillas.
Yo con mis hermanas.
Yo con mi madre.
Se detiene frente al retrato de ella.
—Se parece a ti —dice en voz baja.
Asiento.
—Era mejor que yo.
Emma me mira entonces, con una seriedad suave.
—No —responde—.
Es quien te enseñó a serlo.
No sé qué decir.
—Aquí creciste —dice luego.
—Aquí aprendí a perder —respondo—.
Y a quedarme.
Toma una foto entre sus manos.
Una de mi adolescencia, torpe, sonriendo sin saber nada del mundo.
—Me gusta ver esto —dice—.
Me ayuda a entenderte.
Dormimos juntos, apretados en una cama que ahora parece demasiado pequeña.
La beso en la coronilla.
Ella se acomoda contra mi pecho como si siempre hubiera pertenecido ahí.
—¿Qué te ha parecido todo?
—le pregunto antes de que el sueño nos alcance.
—Sorprendentemente… acogedor —susurra—.
No esperaba sentirme así.
Eso basta.
Dormimos abrazados, como si el mundo pudiera esperar unas horas más.
— Por la mañana, Billy no hace preguntas innecesarias.
Desayunamos juntos.
Café, pan, huevos.
Normalidad deliberada.
Antes de salir, me mira con gravedad tranquila.
—Haz lo que tengas que hacer —dice—.
Pero vuelve.
Asiento.
La casa de los Cullen aparece entre los árboles como siempre: silenciosa, impecable, demasiado ajena al caos que se avecina.
Detengo el auto antes de llegar al camino principal.
Emma no se mueve.
—Esto va a ser… intenso —le digo—.
Prefiero hablar primero con Edward.
Ella asiente.
—Estaré aquí.
Bajo del auto.
No he dado cinco pasos cuando Edward sale de la casa.
No corre.
No duda.
Camina directo hacia mí y, sin aviso, me abraza.
Me quedo quieto un segundo, sorprendido.
—Me alegra verte así —dice con una honestidad que no esperaba—.
De verdad.
—También me alegra verte —respondo—.
Aunque ojalá fuera en otras circunstancias.
Se separa apenas, lo justo para mirarme con atención.
—Alice y Jasper —dice de inmediato.
Asiento.
—Fueron ellos quienes me encontraron.
Vinieron a advertirme.
Edward cierra los ojos un instante.
Cuando los abre, hay una sombra distinta en su expresión.
—Ya lo vi —dice—.
Alice no va a volver.
No es una pregunta.
—Dijo que ayudaría desde la distancia —respondo—.
Pero no estará en la confrontación.
Edward aprieta la mandíbula.
El silencio pesa solo un segundo.
—El plan sigue —continúa—.
Hoy mismo salimos a buscar testigos.
El tiempo ya no juega a nuestro favor.
—Lo sé.
Sam y la manada también están reforzando patrullas.
—Estoy aquí porque quiero saber cuál es el plan —añado—, para comunicarlo a las manadas y preparar las estrategias necesarias.
Asiente.
Eso parece tranquilizarlo.
—Lamento que se vean involucrados en esto —dice—.
Les hemos causado demasiados problemas.
—Ni lo menciones —respondo—.
Al parecer nuestros destinos insisten en enlazarse.
—Así parece —concuerda Edward.
Pero su mirada cambia.
—Hay algo… —frunce el ceño—.
Cuando pienso en ti, hay interferencias.
No te veo como antes.
—¿Interferencias?
—Zonas borrosas.
Información que se desvía.
—Me observa con intensidad—.
¿Quién es ella, Jacob?
No logro verla bien.
—Está conmigo —respondo—.
Y nunca ha querido ser encontrada.
Edward me estudia.
—No es humana —dice lentamente—.
Pero tampoco es vampira.
No lo sabe.
Lo intuye.
—Es especial —añado—.
Como tu hija.
La incredulidad cruza su rostro.
—Eso no es posible —dice—.
Renesmee es única… Se detiene.
Me mira otra vez.
—¿O no?
En ese momento, Carlisle aparece.
—Edward —dice con calma—.
¿Qué ocurre?
—Jacob no vino solo —responde—.
Y hay algo que no logro comprender del todo.
Carlisle me observa con atención, con ese interés científico que nunca pierde… pero también con afecto genuino.
—Jacob —dice—.
Me alegra verte y saber que estás bien.
A salvo.
—Gracias a ella.
Edward se gira hacia Carlisle.
—Hay alguien como Renesmee —dice—.
O al menos… algo parecido.
Carlisle se queda inmóvil.
No es escepticismo.
Es impacto.
—¿Cómo dices?
—pregunta, y por primera vez su voz pierde un poco de control—.
¿Otra criatura híbrida?
—No puedo verla con claridad —continúa Edward—.
Su presencia interfiere.
No logro escuchar su mente con precisión… es como fragmentos borrosos.
Después de Bella, es la mente más extraña con la que me he encontrado.
Carlisle pasa una mano por su rostro.
—Es… extraordinario —murmura—.
Hemos pasado un año entero buscando respuestas.
Pensábamos recorrer el mundo en su totalidad… —me mira—.
¿Y llegan a nosotros así?
¿Ahora?
Hay asombro.
Y algo más peligroso: esperanza.
—No la vean como una solución —digo con firmeza—.
Es una persona.
Carlisle asiente de inmediato.
—Siempre lo hacemos —responde—.
Pero no deja de ser… increíble.
Edward guarda silencio, procesando.
—Será mejor preparar a la familia —dice al fin—.
Antes de conocerla.
Regreso al auto.
Emma me mira con calma expectante.
—Edward no puede verte del todo —le digo—.
Algo en ti interfiere.
—Nunca he sido fácil de rastrear —responde—.
Supongo que eso no cambió.
No sabe cuán literal es eso.
—¿Listos?
—pregunto.
Respira hondo y asiente.
Cuando camina hacia la casa Cullen, entiendo algo con una claridad brutal: La respuesta siempre estuvo más cerca de lo que creímos.
Y cuando ellos lo descubran, no dudarán ni un segundo en intentar hacerse con ella.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com