Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 60

  1. Inicio
  2. Lobo solitario, de vuelta al amor
  3. Capítulo 60 - 60 Donde la vida late
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

60: Donde la vida late.

60: Donde la vida late.

**Emma** Me quedo en el auto cuando Jacob se baja.

No es miedo.

Es intuición.

Entiendo que este es su mundo y que, antes de entrar en él conmigo, necesita abrir el camino.

Desde aquí observo la casa entre los árboles: demasiado perfecta, demasiado silenciosa.

No hay ruidos humanos, pero tampoco la quietud muerta de los vampiros que conocí en el pasado.

Este lugar está contenido.

Vigilante.

Veo salir a dos figuras.

Ambos son vampiros.

Eso lo sé de inmediato.

Pero no son como los otros.

El primero se mueve con una intensidad que me atraviesa.

Sus ojos dorados se clavan en Jacob con algo que reconozco sin dificultad: alivio auténtico.

Se acercan sin dudar y, para mi sorpresa, lo abraza con fuerza.

—Me alegra verte así —dice—.

De verdad.

Hay cariño ahí.

Real.

Jacob regresa al auto con el ceño fruncido, pero los hombros un poco más relajados.

—Está bien —dice—.

Ya saben que vienes.

No pregunta si estoy lista.

Me conoce lo suficiente para saber que, aunque no lo esté, voy a bajar de todos modos.

Abro la puerta y el aire cambia de inmediato.

No es hostil.

Es denso.

Cargado de presencias antiguas, contenidas, observando.

La casa frente a mí es grande, silenciosa, demasiado perfecta para estar rodeada de bosque salvaje.

No parece una vivienda.

Parece un lugar que espera.

Caminamos juntos.

Jacob va un paso delante, pero su mano busca la mía y la aprieta con firmeza.

No me guía: me acompaña.

Dos figuras nos esperan afuera.

El primero es el vampiro de ojos dorados que ya había visto salir antes.

Me observa con una intensidad que no es invasiva, sino asombrada, como si intentara leer un texto que se rehúsa a ser descifrado.

Siento su don rozarme… y deslizarse sin atraparme del todo.

El segundo tiene una energía distinta.

Más serena.

Más humana, si eso es posible.

Sus gestos son suaves, su postura abierta.

No me mira como a un objeto extraño, sino como a alguien que merece cuidado.

—Emma —dice Jacob—.

Ellos son Edward y Carlisle.

El nombre del primero encaja de inmediato.

El segundo asiente con una sonrisa cálida.

—Es un gusto conocerte —dice Carlisle—.

Bienvenida.

No hay miedo en su voz.

Ni juicio.

Solo una curiosidad profunda y genuina.

Edward me observa con una atención que no es del todo cómoda.

Siento su don rozarme de nuevo, intentar encajarme en algún lugar… y resbalar, como si no encontrara asidero.

Frunce ligeramente el ceño.

—Soy Edward —se presenta al fin—.

Un gusto conocerte, Emma.

Su mirada me escruta con un toque de frustración; al parecer no está acostumbrado a tener que forzar su don.

Me observa un segundo más y en sus ojos pasa algo parecido al desconcierto… y a la maravilla.

—No puedo… —se detiene—.

Es difícil de explicar.

—No puedes escucharla —responde Jacob por él.

Edward asiente despacio.

—Es como intentar escuchar una melodía bajo el agua —dice—.

Sé que está ahí, pero se distorsiona.

No respondo.

No sabría cómo hacerlo.

Eso parece desconcertarlo aún más.

Carlisle sonríe con suavidad.

—Qué bueno tenerlos por acá —dice.

Hay algo en su voz que me tranquiliza de inmediato.

No analiza, no juzga.

Observa… con cuidado.

—Gracias por recibirnos —le digo, con una sonrisa algo nerviosa.

Asiente, satisfecho, como si esa respuesta confirmara algo.

—Será mejor entrar —dice—.

Todos querrán conocerla.

La casa se abre ante nosotros.

Varias miradas se vuelven hacia nosotros al mismo tiempo.

Vampiros distintos, cada uno con una energía particular.

Algunos tensos.

Otros curiosos.

Otros claramente sorprendidos al ver a Jacob.

Pero la reacción no es solo por mí.

Es por él.

El muchacho que se fue roto no es el que volvió.

Jacob avanza un paso más, firme, seguro.

Yo voy a su lado.

—Ella es Emma —dice—.

Es mi compañera.

El silencio es inmediato.

Una mujer de expresión suave, casi maternal, se lleva una mano al pecho, visiblemente aliviada.

Siento el peso de las miradas: curiosidad, sorpresa, tensión contenida.

No hostilidad.

Pero sí alerta.

Carlisle se adelanta entonces.

—Permíteme —dice—.

Ella es Esme.

Rosalie, Emmett… —va señalando—.

Y Bella.

La mujer a la que llama Bella me observa con atención.

Hay sorpresa en sus ojos, pero también una emoción profunda que intenta mantener bajo control.

Cuando Jacob dice “mi compañera”, parece contener el impulso inmediato de abrazarlo.

Lo logra… apenas.

Rosalie me mira con una intensidad distinta.

Su belleza es afilada, casi intimidante.

No hay hostilidad abierta, pero sí una evaluación directa, como si midiera mi resistencia al mundo que me rodea y como si no pudiera creer lo que ve y lo que escucha.

Emmett, en cambio, sonríe ampliamente.

—Vaya —dice—.

Un año desaparecido y vuelves con pareja.

Siempre supe que tenías buen gusto, perro.

—Emmett —le reprende Carlisle, aunque sin verdadera severidad.

—¿Qué?

—responde él—.

Estoy siendo amable.

Jacob sonríe orgulloso.

Una risa baja rompe la tensión.

Antes de que alguien más pueda hablar, algo pequeño se mueve entre ellos.

Una niña.

Camina con seguridad y se detiene frente a mí.

Sus ojos me observan con curiosidad abierta, sin miedo.

Sin pedir permiso, toma mis manos.

El contacto me sacude.

No es invasivo.

Es revelador.

Imágenes suaves rozan mi mente: bosque, risas, calor, una certeza simple de pertenencia.

—Te siento —dice—.

Eres como yo.

—Esto es… extraordinario —murmura Carlisle—.

Otra existencia híbrida.

Viva.

Consciente.

El aire parece detenerse.

La incredulidad se dibuja en los rostros de todos.

—Renesmee… —dice Bella, dando un paso involuntario hacia adelante.

La niña no se aparta.

Sonríe, tranquila.

—Jacob —dice, girándose hacia él—.

Volviste.

Jacob se arrodilla frente a ella.

—Hola, Nessy.

Ella ríe, satisfecha.

—Siempre supe que volverías.

Le toca la cara y Jacob reacciona con sorpresa; algo le muestra que lo deja gratamente asombrado.

Sonríe mientras le acaricia el pelo.

Mi pecho se aprieta.

No por miedo.

Por comprensión.

Edward vuelve a mirarme, ahora con auténtico asombro.

—No puedo escucharla —dice—.

No como a los demás.

Es… fragmentado.

—Es extraordinario —murmura Carlisle—.

No solo por lo que es… sino por cuándo ha llegado.

—No soy una solución —digo, antes de poder detenerme—.

No soy un arma.

Carlisle me mira de inmediato.

—Lo sabemos —responde con firmeza—.

Siempre lo hemos sabido.

Rosalie no dice nada, pero su postura se relaja apenas un grado.

Emmett me dedica una sonrisa más suave.

Renesmee se apoya en mí con total naturalidad, como si yo fuera parte del lugar desde siempre.

Jacob aprieta mi mano.

—Este lugar… —le susurro—.

Está lleno de vida.

Más que un clan, son una verdadera familia.

—Por eso están en peligro —responde en voz baja.

Miro alrededor una vez más.

Familia.

Vínculo.

Fragilidad.

Entiendo, con una claridad que duele, que los Vulturi vendrán a destruir todo esto si llegan a saberlo.

Sus sombras se ciernen sobre nuestros destinos, y no hay manera de saber si podremos escapar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo