Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 63
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
63: El nombre que faltaba 63: El nombre que faltaba **Jacob** La historia de Emma deja la sala en silencio.
No es un silencio incómodo, sino uno cargado.
Denso.
De esos que obligan a mirar hacia adentro antes de hablar.
Yo ya conocía fragmentos.
Pedazos sueltos que ella me había entregado con cuidado, cuando estaba lista.
Pero escucharla así, completa, frente a todos… fue distinto.
Ver cómo sostenía su verdad sin quebrarse, cómo no pedía lástima ni absolución, solo comprensión, me reafirmó algo que ya sabía: no estaba junto a ella por accidente.
Cuando menciona su edad —ciento dos años— siento el cambio inmediato en el ambiente.
No necesito mirar para saber que Bella me está observando.
La miro.
Su expresión lo dice todo: *¿ves cómo no fui la única?* Carraspéo.
Edward suelta una risa baja, completamente consciente de todo lo que eso implica.
El momento es breve, pero suficiente para aliviar la tensión sin restarle peso a lo que Emma acaba de compartir.
Emmett, por supuesto, no deja pasar la oportunidad, justo cuando Emma menciona lo de la belleza magnética que atrae a los humanos.
—Y a los perros —añade él, con una sonrisa enorme en los labios.
—Eres insoportable —murmura Rosalie.
—Pero encantador —responde Emmett, guiñándome un ojo.
Emma, que hasta ahora había permanecido serena, me mira de lado.
—Solo a uno en particular —dice con suavidad.
Acto seguido, levanta la mano y me acaricia la mejilla con los dedos, despacio, como si no existiera nadie más en la habitación.
El gesto es simple.
Pero lo cambia todo.
Tomo su mano y beso el dorso con cuidado, sin prisa, sin exhibición.
Solo… verdad.
Siento las miradas.
Sorpresa.
Aceptación.
Alguna que otra sonrisa.
Rosalie pone los ojos en blanco con toda la elegancia del mundo.
Pero incluso ella, después de un segundo más largo de lo normal, relaja los hombros… y sonríe apenas.
No necesito más.
— Las decisiones se toman rápido después de eso.
Edward se mueve con la urgencia que siempre ha tenido cuando se trata de proteger a los suyos.
—Tenemos veinticinco días —dice—.
No más.
Carlisle enumera los destinos con calma firme: Edward, Bella y Renesmee partirán a Denali.
Rosalie y Emmett buscarán nómadas.
Esme y Carlisle visitarán clanes pequeños, viejas deudas, favores silenciosos.
—No buscamos soldados —dice Carlisle—.
Buscamos testigos.
Asiento.
—Mi manada cubrirá el perímetro —añado—.
Extendemos las patrullas hasta sus tierras mientras no estén.
Edward me mira con gratitud genuina.
—Gracias.
—Hay algo más —digo, serio—.
Algunos de los vampiros que llegarán no siguen su… dieta.
Eso genera un murmullo inmediato.
—Entonces necesitan reglas claras —continúo—.
No cazar en Forks.
No en La Push.
Ni en pueblos cercanos.
Ni un solo humano desaparecido.
Carlisle asiente sin dudar.
—Será comunicado de inmediato.
—Porque si no —añado—, no importa cuántos aliados tengamos.
Habrá conflicto.
No discuten.
Saben que hablo en serio.
— Regresamos a La Push al caer la tarde.
Billy nos recibe con una mirada que mezcla cansancio y determinación.
—¿Entonces es cierto?
—pregunta—.
¿Vienen?
—Sí —respondo—.
Y necesitamos convocar al consejo.
A los ancianos.
Sam y yo presidiremos ese encuentro.
Asiente lentamente.
—Entonces que así sea.
Nos reunimos en la casa del abuelo Qüil.
El viejo Ateara nos recibe con la dignidad tranquila de quien ha visto muchas tormentas.
Frente al consejo —mi padre, Sue, la madre de Leah y Seth, y Sam— expongo toda la situación.
Presento también a Emma.
Ella decide quedarse afuera con Seth, que con su ligereza natural intenta hacerla sentir cómoda.
Cuando el consejo termina, repartimos responsabilidades entre las dos manadas.
Cada uno se retira a descansar: al amanecer comenzarían las largas jornadas de vigilancia en el territorio.
Esa noche, cuando todo parece haberse calmado al fin, Emma y yo caminamos hasta la playa.
El mar está oscuro, inmenso, respirando con esa cadencia eterna que siempre me ha dado paz.
La arena está fría bajo mis pies, pero no me importa.
Nos detenemos frente al agua.
Emma no habla de inmediato.
La dejo tomar su tiempo.
—Jacob —dice al fin—.
Hay algo que aún no te he contado.
La miro.
—Lo sé.
Se vuelve hacia mí, con el cabello moviéndose con el viento, los ojos verdes reflejando la luna.
—No es fácil.
—Nunca lo es —respondo—.
Pero estoy aquí.
Guarda silencio unos segundos más.
El mar ruge suave detrás de nosotros.
—Es sobre Demetri —dice finalmente.
El nombre se clava.
No retrocedo.
No pregunto aún.
Solo la escucho.
Y mientras la noche se cierra sobre nosotros, entiendo que lo que viene después no será una estrategia, ni una alianza, ni una guerra.
Será enfrentar al fantasma que aún la persigue.
Esta noche, al fin, sabré el daño al que estuvo expuesta al estar con él.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com