Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 64
- Inicio
- Lobo solitario, de vuelta al amor
- Capítulo 64 - 64 Antes de aprender a huir
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
64: Antes de aprender a huir 64: Antes de aprender a huir **Emma** El mar ruge detrás de nosotros, pero no me apura.
Hay historias que no pueden contarse rápido.
Jacob no me mira como quien exige respuestas.
Me mira como quien se queda.
Y eso cambia todo.
—Demetri no fue solo alguien que me persiguió —digo al fin—.
Fue… alguien a quien amé.
No me interrumpe.
—Mi historia con él comenzó un año después de la muerte de mi abuelo —continúo—.
En el norte de México.
En el lugar donde nací y me crié.
Le hablo de mis abuelos.
De Antonio y Elena.
De cómo pasamos años cuidando a mi abuela hasta que la enfermedad ganó.
De cómo mi abuelo intentó ser fuerte por mí, aun cuando sabía que se estaba quedando sin tiempo.
—Él sabía que yo iba a quedarme sola —le digo—.
Y me preparó para eso.
No para pelear.
Para vivir… con ética.
Con cuidado.
Con perfil bajo.
Recuerdo su voz, y por un instante me tiembla la mía.
—Cuando murió, me quedé en el rancho.
Sola.
Haciendo exactamente lo que me había enseñado.
Jacob aprieta un poco más mis dedos.
—Fue en una salida por provisiones que lo vi por primera vez —digo—.
No sabía quién era.
Solo supe lo que era.
Le cuento cómo me escondí.
Cómo huí esa misma noche.
Cómo activé por instinto un don que apenas entendía.
—Creí que había escapado —confieso—.
Me convencí de que era paranoia.
Respiro hondo.
—Pero él me encontró.
No dramatizo.
No necesito hacerlo.
—Demetri es antiguo, Jacob.
Muy antiguo.
Griego.
No sé cuántos siglos lleva existiendo, pero sé que son muchos más de los que puedo imaginar.
Le hablo de aquel primer encuentro en la montaña.
De su voz educada.
De su sonrisa peligrosa.
De cómo me dijo que mi talento para huir lo había obligado a esforzarse.
—No me atacó —aclaro—.
No al principio.
Quería información.
Quería entender qué era yo.
Le cuento cómo empezó a volver.
A interrogarme.
A observarme.
—Y con el tiempo… dejé de temerle.
Jacob no se mueve, pero siento el peso de eso en su respiración.
—No sé cuándo ocurrió exactamente —admito—.
Solo sé que un día dejé de verlo como un depredador… y empecé a verlo como un hombre.
Describo lo que podía deducir de él.
Lo poco que me dejaba saber.
Su belleza fría.
Su control.
Su silencio.
—Yo me enamoré —digo sin rodeos—.
Y él lo supo.
Mi voz no se quiebra, pero se vuelve más baja.
—Y se aprovechó.
No de inmediato.
No con violencia abierta.
—Tomó lo que yo no sabía que podía perder —continúo—.
Mis primeras veces.
Mi entrega.
Mi intimidad.
No entro en detalles.
No hace falta.
—Había pasión —admito—.
Mucha.
Salvaje.
Retorcida.
Y sí… a veces la disfrutaba.
Lo digo porque necesito decirlo.
—Pero nunca fui elegida —añado—.
Nunca fui su igual.
Yo era algo que poseía… mientras le servía.
Le cuento de la cabaña.
Del traslado.
De la ilusión de que aquello significaba un futuro.
—Pensé que estaba construyendo algo —susurro—.
Él sabía que yo lo pensaba… y nunca me lo negó del todo.
Jacob traga saliva.
—Fue él quien me habló de los Vulturi —prosigo—.
Quien me dijo que mi existencia era una violación de sus leyes.
Que si sabían de mí, me destruirían… o me usarían.
Me enseñó a pelear.
A esconderme.
A perfeccionar mi don.
—Pero también me dejó claro algo —digo—.
Que de él jamás podría ocultarme.
La marea golpea más fuerte.
—Yo esperaba que me eligiera —confieso—.
Que dijera: *quédate conmigo*.
Que yo fuera su compañera.
Pero en lugar de eso… —Me abandonó.
Le cuento de esa última noche.
De cómo me tomó sin decir que era una despedida.
De cómo anunció que debía volver a Italia.
A la guardia.
—Me dijo que había hecho un trato para ocultarme —añado—.
Que era lo último que podía hacer por mí.
Jacob cierra los ojos un instante.
—Y ahí me dejó —digo—.
Con el corazón hecho pedazos.
Convencida de que había nacido para estar sola.
Respiro hondo antes de continuar.
—Años después volvió a buscarme —le digo—.
Esta vez para obligarme a volver con él.
Levanto la vista y lo miro directo a los ojos.
—Pero yo ya sabía que me hacía daño.
Mi voz se afirma.
—Y esta vez mi don era más fuerte.
Le explico cómo escapé.
Cómo lo confundí.
Cómo lo hice buscarme durante meses sin lograr alcanzarme.
—Fue la primera vez que no me encontró —digo—.
Y no volví a saber de él… hasta ahora.
El silencio entre nosotros es profundo, pero no incómodo.
—Eso es lo que fue Demetri para mí —termino—.
Mi primer amor… y mi herida más grande.
No pido consuelo.
No pido absolución.
Solo verdad.
Y Jacob sigue ahí.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com