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Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 68

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  3. Capítulo 68 - 68 La prueba inesperada
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68: La prueba inesperada 68: La prueba inesperada La casa Cullen no vuelve a sentirse silenciosa desde que el clan Denali cruza el umbral.

No es incomodidad lo que llena el aire, sino atención.

Expectativa.

Esa forma particular en que los inmortales observan cuando saben que algo importante está por revelarse.

Edward percibe el momento exacto en que Eleazar empieza a mirar distinto.

No es curiosidad superficial.

Es análisis.

El antiguo miembro de la guardia Vulturi se mueve con calma por la estancia, acompañado por Carmen, mientras Tanya y Kate observan a Renesmee con una mezcla de asombro y cautela.

La niña se mantiene tranquila, serena, como si entendiera perfectamente que está siendo evaluada… no juzgada.

—Es extraordinaria —dice Eleazar finalmente, rompiendo el silencio—.

Pero no solo ella.

Todos lo miran.

—Antes de continuar —añade—, debo decir algo que quizá ya saben… o quizá no.

Fui parte de la guardia Vulturi durante siglos.

El ambiente se tensa apenas un grado.

—Mi don —continúa— siempre fue identificar habilidades en los inmortales.

Talentos especiales.

Y créanme cuando digo esto… —su mirada recorre la sala—.

Esta familia es una concentración poco común de ellos.

Edward inclina ligeramente la cabeza, consciente de lo que eso implica.

—Edward —dice Eleazar—, lectura mental directa.

Precisa.

Constante.

—Bella —prosigue, mirándola con interés—, un escudo mental tan fuerte que ni siquiera después de la transformación perdió coherencia… algo extremadamente raro.

—Y la niña… —sus ojos regresan a Renesmee—.

Ella no invade mentes.

Proyecta.

Comparte recuerdos, pensamientos, emociones… casi como magia.

Renesmee sonríe tímidamente.

—No es una niña inmortal —afirma Eleazar con firmeza—.

Está viva.

Cambia.

Crece.

Y se controla.

Eso termina de sellar la decisión que ya habían tomado.

—Seremos testigos —dice Tanya—.

Y si es necesario… algo más.

Kate asiente, decidida.

—No nos quedaremos mirando si intentan destruir lo que no entienden.

Edward respira hondo.

—Hay algo más que deben saber —dice entonces—.

Algo que cambia por completo el panorama.

Las miradas regresan a él.

—Renesmee no es única.

El desconcierto es inmediato.

—¿Cómo dices?

—pregunta Carmen.

Edward no responde de inmediato.

Da un paso hacia la entrada.

—Llegaron —dice.

Jacob entra primero.

Su sola presencia altera el equilibrio de la sala.

No por amenaza, sino por contraste.

Calor entre tanto frío.

Vida en medio de la quietud pétrea.

Y entonces entra Emma.

El impacto es silencioso… pero absoluto.

Eleazar se queda inmóvil.

Kate frunce el ceño.

Tanya da un paso inconsciente hacia adelante.

—Esto es… —murmura Carmen—.

Inconcebible.

Edward se coloca a un lado de Emma, con claridad deliberada.

—Ella es Emma —dice—.

Nuestra mayor testigo.

Y una de las respuestas que hemos estado buscando.

Emma sostiene la mirada de todos con calma.

No desafía.

No se esconde.

—No soy única —dice—.

Como Renesmee.

Nací de una mujer humana y un vampiro.

Estoy viva.

Crecí… solo que lo hice de forma acelerada.

Alcancé mi apariencia adulta muy temprano y desde entonces no he cambiado.

Eleazar se acerca despacio, como quien teme que el menor movimiento rompa algo frágil.

Cierra los ojos un instante.

Luego los abre, visiblemente conmocionado.

—Tu don… —dice—.

No es simple evasión.

No es invisibilidad.

Es confusión perceptiva.

Desplazas la atención, fragmentas la intención del rastreo.

No desapareces… haces que no sepan cómo seguirte.

Emma asiente lentamente.

—Nunca supe cómo llamarlo.

—Es extraordinario —afirma Eleazar—.

Y peligrosamente efectivo contra los Vulturi.

Eso termina de convencerlos.

—No solo están en lo correcto —dice Tanya al fin—.

Están en lo necesario.

Guarda silencio un segundo y luego pregunta: —Pero… ¿qué papel juegan los licántropos en todo esto?

Edward no duda.

—Jacob es el compañero de Emma —responde—.

De hecho, fue él quien la trajo… sin saber cuánto la necesitábamos.

El asombro es inmediato.

—¿Un hombre lobo…?

—empieza Carmen.

—¿Con una híbrida?

—completa Kate, incrédula.

—¿Qué clase de locura es esta?

—murmura Tanya.

Jacob da un paso al frente.

No alza la voz.

No necesita hacerlo.

—Si los Vulturi deciden no detenerse para escuchar lo que haya que decir sobre Nessie… —se corrige—, sobre Renesmee y Emma… seremos nosotros quienes los detengamos.

El silencio que sigue no es duda.

Es reconocimiento.

—No saben de lo que somos capaces —continúa Jacob— por defender lo que amamos.

Mira a Emma.

Luego al resto.

—No dejaremos morir a nuestra gente.

Y por primera vez desde que el juicio se cierne sobre ellos, la esperanza deja de ser solo una idea.

Se vuelve una posibilidad real.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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