Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 69
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
69: Donde está mi corazón 69: Donde está mi corazón **Jacob** Pedirlo no me resulta difícil.
Aceptar lo que significa, sí.
Encuentro a Edward en el umbral trasero de la casa, mirando el bosque como si pudiera leer el tiempo entre los árboles.
Antes de que abra la boca, inclina apenas la cabeza.
—Ya lo sé —dice—.
Ibas a pedírmelo.
No puedo evitar sonreír de lado.
—A veces olvido ese pequeño detalle —respondo—.
Lo de leer mentes.
—Solo cuando te conviene —replica, sin rastro de burla.
—Quiero pedirte algo —digo, aun así—.
Que Emma se quede aquí.
Edward no se sorprende.
En realidad, ya había llegado a la misma conclusión antes incluso de que yo la formulara.
—La reserva es segura —dice—, pero aquí… —Aquí está más protegida —termino por él—.
Y yo patrullo este lado.
Puedo estar pendiente.
Asiente despacio.
—Bella y yo estaremos aquí.
No estará sola.
Además es importante que esté junto a Renesmee para cuando lleguen los demás testigos.
No digo nada más.
No hace falta.
— Cuando se lo cuento a Emma, acepta… pero algo en su silencio me inquieta.
—¿Qué pasa?
—le pregunto cuando nos quedamos a solas.
Baja la mirada un instante antes de responder.
—No es desconfianza —dice—.
Solo… no estoy acostumbrada a estar rodeada de tantos vampiros.
De tanta gente.
Siempre he vivido sola.
Me acerco un poco más.
—Edward y Bella son de fiar —le digo—.
Y yo estaré cerca.
Asiente, pero no parece del todo convencida.
—Lo sé —responde—.
De verdad.
Solo que… —inhala con suavidad, como si reunir valor le costara más de lo que quiere admitir—.
No quiero dormir sola.
La confesión me golpea directo al pecho.
Sonrío sin poder evitarlo.
No con burla.
Con ternura.
—Cuando no tenga patrulla nocturna —le digo—, me quedaré contigo.
Dormiremos juntos.
Me mira entonces, con esos ojos verdes que ya aprendí a reconocer como mi lugar seguro.
—¿Me lo juras?
Tomo su rostro con cuidado.
—Estoy donde está mi corazón.
El beso es suave, lento.
Un abrazo que no busca nada más que quedarse.
Cuando nos separamos, lo decimos por primera vez, sin dramatismo, sin miedo: —Te amo.
—Yo también te amo.
Y el mundo, por un segundo, parece sostenerse.
Más tarde, me encuentro con Bella en el jardín.
Está sentada en el escalón de piedra, observando la casa como si la viera desde fuera por primera vez.
Sonríe cuando me acerco.
—Te ves bien —dice—.
De verdad.
—Tú también —respondo.
Guarda silencio un momento.
—Estoy feliz por ti, Jacob —añade—.
Aunque no deja de asombrarme que estés con alguien como ella.
—A mí también —admito—.
Pero supongo que nuestra historia fue necesaria para llegar aquí.
Tú con Edward.
Yo con Emma.
Bella sonríe, suave, cómplice.
—Dos almas solitarias esperando más de un siglo —dice—.
Para encontrar el amor en dos seres de este tiempo.
—Muy nosotros —respondo—.
Siempre dramáticos.
Ríe.
Luego se pone seria.
—Gracias —dice—.
Por mantenerme viva cuando no sabía cómo hacerlo yo.
—Siempre serás mi mejor amiga —le digo—.
Eso no cambia.
Asiente, emocionada.
—Cuidaré de Emma —promete—.
Buscaré una habitación tranquila, que se sienta acogida.
Y… gracias.
Por traer tantas respuestas con ella.
Guarda silencio un momento.
Cuando vuelve a hablar, su voz es más baja.
—Siento que te debo gran parte de mi felicidad —dice—.
Yo, en cambio… te hice infeliz muchas veces.
La miro con calma.
Sin reproche.
—Si no hubiera pasado por todo eso —respondo—, nunca habría llegado tan lejos.
Y si no hubiera llegado tan lejos, nunca la habría encontrado.
Bella me observa con atención.
—Con el don de Emma —continúo—, no había manera de que la encontrara antes.
Fue mi decepción la que me empujó fuera del camino conocido.
Y aunque dolió… lo volvería a vivir mil veces si eso me lleva otra vez a ella.
Bella se ríe suavemente.
—La Bella del pasado estaría muy celosa —admite—.
Pero la del presente está muy feliz por ti.
Luego su expresión cambia.
—Quisiera decir que vamos a salir de esta —añade—.
Pero no puedo estar segura.
Tengo mucho miedo.
No lo pienso demasiado.
—Lucharemos —digo—.
Estamos juntos en esto.
Defenderemos lo que amamos con todo lo que somos y con todo lo que tenemos.
Bella asiente.
—Así es.
Nos abrazamos.
No queda nada pendiente entre nosotros.
Nada que duela.
— Cuando me interno en el bosque, el aire cambia.
El llamado de la manada me recibe como siempre.
Es hora de relevar la patrulla.
Y esta vez, sé exactamente por qué —y por quién— estoy aquí.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com