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Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 76

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  3. Capítulo 76 - 76 Sombras en la orilla
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76: Sombras en la orilla 76: Sombras en la orilla **Emma** La calma puede ser engañosa.

Lo descubro mientras **Bella conduce** por las calles de Forks, con Jacob a mi lado y Renesmee acomodada detrás, tarareando algo que solo ella conoce.

El trayecto es cotidiano, casi banal: árboles, calles húmedas, señales que anuncian un pueblo que finge normalidad.

Pero bajo esa superficie tranquila, todo vibra con una tensión contenida, como si el mundo mismo estuviera aguantando la respiración.

Bella maneja con soltura.

Hay algo admirable en verla así: convertida en vampira, eterna, y aun así decidida a permanecer cerca de su padre humano.

Jacob me explicó que, de alguna manera, lograron que **Charlie siguiera siendo parte de su vida**, aunque no conozca toda la verdad.

Un equilibrio frágil, pero real.

Charlie nos recibe con una sonrisa amplia y honesta, de esas que no saben fingir.

—Así que tú eres Emma —dice, estrechando mi mano con firmeza—.

Jacob habló de ti.

No hay juicio en sus ojos.

Solo curiosidad y una calidez sencilla que me desarma más de lo que esperaba.

—Es un gusto conocerla —añade—.

Cualquiera que logre que ese muchacho vuelva a casa… merece respeto.

Jacob se encoge de hombros, incómodo.

Yo sonrío.

Sue Clearwater también está allí.

Me observa con atención tranquila, como alguien que ya me conoce, pero que ahora entiende mejor **el lugar que ocupo al lado de Jacob**.

Renesmee se mueve con naturalidad entre nosotros.

Se acomoda junto a mí sin pedir permiso, luego se inclina hacia Jacob con una confianza absoluta.

Me sorprende lo bien que se entienden.

No es solo afecto: es afinidad.

Como si algo en ambos se reconociera.

Hay café, risas suaves, conversaciones simples.

Charlie habla de pesca, de Sue, de lo rápido que crece Renesmee.

Nadie menciona amenazas, ni vampiros, ni el peligro que se cierne como una sombra silenciosa.

Bella se levanta de pronto.

—Voy a salir un momento —dice—.

Necesito comprar unos regalos.

No se lleva a Renesmee.

La deja con nosotros.

Y en ese gesto lo entiendo todo: confía en Jacob, confía en mí, y Renesmee confía en ambos sin reservas.

La niña se queda tranquila, ajena a cualquier tensión.

Miro a Bella mientras se aleja y algo en mi interior se contrae.

No es preocupación.

Es intuición.

**Esa salida no tiene nada que ver con regalos… y todo que ver con algo que aún no me ha pedido.** — De regreso en la casa Cullen, el ambiente cambia.

Edward está tocando el piano.

La música fluye suave, melancólica, envolviendo el espacio como una promesa triste.

Sus dedos se mueven con precisión, pero hay algo inquieto en la melodía, como si incluso él sintiera el peso del tiempo que se acorta.

Jacob me toma la mano.

—¿Río?

—pregunta en voz baja.

Asiento.

El agua corre clara, constante.

Nos sentamos cerca, con los pies casi tocando la corriente.

Jacob apoya la frente contra la mía y el mundo se reduce a ese gesto.

Sus manos son cálidas.

Firmes.

Reales.

Me besa despacio, sin urgencia, como si intentara grabar ese momento en la memoria del universo.

Le respondo con la misma necesidad silenciosa.

No hay palabras, solo la certeza de que aquí, ahora, estamos vivos.

Y entonces lo siento.

No un sonido.

No un olor.

Una presencia.

Algo —alguien— que observa desde la distancia.

Me separo apenas de Jacob.

Él lo nota de inmediato.

—¿Qué pasa?

—Nada… —miento—.

Solo… el aire cambió.

Él frunce el ceño, atento.

Pero no detecta nada.

Yo tampoco puedo precisar qué fue.

Solo sé que no me gustó.

— Más tarde, debo volver a La Push.

Dejé ropa en la casa de Jacob y necesito recogerla.

Él está de patrulla, así que voy sola.

La noche cae rápido.

La playa está casi desierta, el mar golpea la orilla con una cadencia hipnótica.

Camino descalza por la arena fría, agradeciendo por unos minutos de soledad.

La necesitaba.

Respiro profundo.

Y entonces lo veo.

No está cerca.

No se mueve.

Desde el límite del bosque, una figura observa.

No necesito verlo con claridad para saber quién es.

Mi peor pesadilla ha regresado.

Demetri.

Su presencia es como un veneno antiguo, familiar, que despierta recuerdos que creí enterrados.

No sonríe.

No se acerca.

Solo observa, desde un punto estratégico, seguro de sí mismo.

Seguro de mí.

El mar sigue rugiendo.

El mundo continúa como si nada.

Pero yo lo sé.

**Sabía que había vuelto.

Y ya no puedo aplazar mi encuentro con él.**

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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