Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 78
- Inicio
- Lobo solitario, de vuelta al amor
- Capítulo 78 - 78 Encuentro con el pasado
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
78: Encuentro con el pasado 78: Encuentro con el pasado **Emma** No fue el viento.
Tampoco el crujido habitual del bosque ni el murmullo del mar a lo lejos.
Fue esa sensación antigua, inconfundible, que me recorrió la piel como una herida que nunca terminó de cerrar.
Alcé la mirada.
Y ahí estaba.
No necesitaba verlo de frente para saberlo, pero lo vi igual: una figura inmóvil entre los árboles, perfectamente colocada para observar sin ser vista.
Demasiado quieto.
Demasiado consciente.
Demetri.
El aire se me quedó atrapado en el pecho, no por sorpresa, sino por reconocimiento.
Como si una parte de mí siempre hubiera sabido que este momento llegaría.
*Sabía que habías vuelto*, pensé.
*Y ya no puedo seguir aplazándolo.* No di un paso atrás.
No corrí.
Eso lo habría alimentado.
Me limité a sostenerle la mirada, aun sabiendo que él disfrutaba cada segundo de ese intercambio silencioso.
Sentí su atención deslizarse sobre mí como una caricia sucia, posesiva, idéntica a las de antes.
—Sabía que eras tú —digo al fin.
Él da un paso al frente y me mira directo a los ojos.
Sé lo que intenta hacer: intimidarme.
Pero no me muevo.
—Has mejorado —me dice—.
Antes habrías corrido.
Entonces lo miro.
Su sonrisa es lenta.
Satisfecha.
—Antes estaba rota —le respondo—.
Ahora no.
Sus ojos brillan, rojos incluso bajo la penumbra del bosque.
—¿Eso crees?
—inquiere, sonriendo—.
Te escondes entre perros, finges normalidad… y llamas a eso estar entera.
—No me escondo —le retruco—.
Elegí.
Su gesto deja claro que lo que escucha no le gusta.
—Veo que el tiempo no te ha quitado la arrogancia —da un paso apenas perceptible hacia adelante—.
Ni la belleza.
El asco me sube por la garganta, pero no se lo muestro.
—Ese licántropo no puede protegerte —me advierte—.
No de lo que viene.
No le contesto.
—Los Vulturi vendrán —prosigue—.
Tú lo sabes.
Yo lo sé.
Y cuando lleguen, no habrá escudos, ni manadas, ni promesas románticas que te salven.
Sonrío con ironía.
—¿Y tú sí?
—le pregunto.
Él sonríe, cínico, arrogante.
—Yo puedo asegurarte la supervivencia —dice—.
Como antes.
Como siempre debió ser.
—¿Volver contigo?
—digo, con un dejo de amargura e indignación—.
¿Eso es sobrevivir para ti?
—Es existir —repone—.
Lejos de la caza.
Lejos del castigo.
Lejos de la muerte segura.
Lo miro con incredulidad.
—No volví para obligarte —explica—.
Aprendí de ese error.
Hace una pausa antes de añadir: —Volví para advertirte.
Me tenso, apenas.
—Si decides quedarte aquí —amenaza—, morirás con ellos.
Permanezco en silencio unos segundos antes de responder: —Prefiero morir eligiendo… que vivir siendo poseída.
La ira arde en sus ojos, contenida apenas.
—Piénsalo, Emma —me advierte—.
El tiempo se acaba.
Y cuando llegue el momento… yo estaré observando.
Entonces lo sentí.
Los aullidos.
Lejanos al principio.
Uno.
Luego otro.
Después varios, extendiéndose como una red viva entre los árboles.
Demetri los escucha también.
Su expresión cambia apenas un segundo: cálculo, fastidio, algo más oscuro.
—Ten cuidado, Emma —dice con suavidad venenosa—.
Hay decisiones que tienen consecuencias irreversibles.
—Lo sé —respondo—.
Por eso no pienso volver contigo.
No grita.
No se enfurece.
Solo sonríe… y desaparece entre los árboles, justo cuando los aullidos se hacen más cercanos.
Mis piernas tiemblan entonces.
No por miedo a él.
Sino por la certeza de que ya no hay vuelta atrás.
— Jacob llega antes de que pueda ordenar mis pensamientos.
Entra a la casa como una tormenta contenida, el rostro tenso, los ojos oscuros de preocupación.
El alivio al verme es inmediato, pero no suficiente para ocultar lo que viene detrás.
—¿Está aquí?
—pregunta sin rodeos.
Asiento.
—Ya lo estaba antes de que yo lo supiera.
Cierra los ojos un instante, pasándose una mano por el cabello.
—Emma… —su voz no es dura, es quebrada—.
Los chicos lo sintieron.
El rastro.
Los aullidos no fueron casualidad.
—Lo sé.
—¿Y aun así saliste sola?
—su voz tiembla—.
¿Tienes idea del terror que sentí mientras venía hasta acá?
¿Por qué me haces esto?
Doy un paso hacia él.
—Jacob —digo con calma—.
No puedo pasar el resto de mi existencia huyendo de él.
Eso es exactamente lo que quiere.
Me mira, luchando entre el miedo y el entendimiento.
—Pudo haberte hecho daño —insiste—.
Pudo haberte llevado con él.
¡La guerra hubiese podido estallar, por Dios!
—No hoy —respondo—.
No mientras sepa que no le tengo miedo.
Su cuerpo tiembla.
Me acerco más, hasta quedar frente a frente.
—Mírame, Jacob —le digo—.
Estoy aquí.
Estoy bien.
El silencio se extiende entre nosotros, cargado de todo lo que no necesitamos decir.
Finalmente, Jacob me rodea con los brazos y me aprieta contra su pecho con una fuerza que no busca retenerme, sino comprobar que estoy viva.
Que estoy aquí.
Apoyo la frente en su clavícula, respirando su olor, ese ancla que siempre me devuelve al presente.
—No vuelvas a enfrentarlo sola —murmura.
—No lo haré —prometo—.
Pero tampoco voy a esconderme.
Asiente lentamente.
—Entonces tendremos que decírselo a los Cullen.
—Sí —respondo—.
Ya no es solo un Vulturi más.
Trago saliva.
—Esto… es personal.
Jacob aprieta los brazos a mi alrededor, como si quisiera blindarme del mundo.
—No va a tocarte —dice con una certeza que no admite réplica—.
No mientras yo respire.
Cierro los ojos.
Sé que la calma se ha terminado.
Y que Demetri no vino solo a observar.
Vino a reclamar.
Y esta vez, no estoy dispuesta a ceder ni un solo paso.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com