Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 80
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
80: Chelsea 80: Chelsea Demetri no sabe ocultarse cuando algo se le sale de control.
Lo observo desde el umbral, apoyada con aparente despreocupación en la pared de mármol.
Camina de un lado a otro, los movimientos tensos, la mandíbula rígida.
Su don sigue funcionando, lo sé, pero hay una interferencia constante, una vibración incómoda que lo irrita.
—¿De verdad vale la pena?
—pregunto al fin, rompiendo el silencio—.
Todo lo que tienes… por un capricho.
Se detiene en seco.
No me mira de inmediato.
—Sabes que nunca suelto mis juguetes con facilidad —responde al fin, con una sonrisa ladeada que no alcanza a sus ojos.
Ahí está.
La confirmación.
Camino despacio hasta quedar frente a él.
No necesito tocarlo para sentir su agitación; la conozco demasiado bien.
—No estamos hablando de un juguete cualquiera, Demetri —le digo con calma—.
Es una semihumana.
Una anomalía.
Y Aro ya tiene suficientes razones para quererla.
Sus ojos se oscurecen.
—No sabes lo que dices.
Oh, claro que lo sé.
Lo que Demetri ignora —lo que *todos* ignoran— es que mi don no se limita a reforzar vínculos.
Puedo debilitarlos.
Redirigirlos.
Y, cuando quiero, **ocultar información**.
Pensamientos.
Recuerdos.
Verdades enteras.
Aro cree que me pertenece por completo.
Qué error tan conveniente.
Si supiera la mitad de lo que sé… Demetri y yo ya estaríamos convertidos en polvo antiguo.
Por eso seguimos así.
Porque queremos conservar nuestras cabezas donde están.
—Te estás exponiendo —continúo—.
Y me estás exponiendo a mí.
Demetri me mira entonces.
Hay fastidio en su expresión, pero también algo más… dependencia.
—No voy a perderla otra vez —dice—.
Esta vez no.
Siento cómo algo ácido se me instala en el pecho.
La **odio**.
A esa semihumana.
A Emma.
Aunque nunca la haya visto de cerca, su existencia me resulta insoportable.
Durante un tiempo creí que Demetri había superado esa obsesión enfermiza, que yo había sido suficiente para anclarlo aquí, conmigo.
Me equivoqué.
—Me gustaría poder desollar con mis dientes a esa bastarda —pienso, sin decirlo—.
Arrancarla de raíz.
Pero no es solo una obsesión de Demetri.
También es de Aro.
Y eso la hace peligrosa… y valiosa.
Acaricio el cuello de Demetri con fingida ternura, dejando que mi don haga su trabajo, calmándolo apenas lo suficiente para que no haga una estupidez inmediata.
—Ten cuidado —le susurro—.
Los accidentes ocurren.
Incluso a criaturas… especiales.
Él sonríe, entendiendo exactamente a qué me refiero.
Si algo le pasara a la semihumana, nadie podría culparme.
Ni siquiera Aro.
Y Demetri… Demetri volvería a ser solo mío.
O eso me digo, mientras la idea empieza a tomar forma con una dulzura peligrosa.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com