Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 83

  1. Inicio
  2. Lobo solitario, de vuelta al amor
  3. Capítulo 83 - 83 En el claro
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

83: En el claro 83: En el claro **Emma ** La mañana amaneció blanca.

No por la nieve —esa ya estaba allí desde antes—, sino por la tensión.

Era una claridad artificial, como si el mundo hubiera contenido el aliento y se negara a exhalar hasta que todo terminara.

Nos reunimos temprano para afinar los últimos detalles, pero nadie hablaba más de lo necesario.

Cada movimiento parecía medido, consciente, definitivo.

No había pánico.

Tampoco esperanza ingenua.

Solo una calma tensa, disciplinada, como la de quienes saben que ya no queda nada por improvisar.

El claro de la visión de Alice se extendía frente a nosotros, amplio, desnudo, deliberadamente visible.

Nada que ocultar.

Renesmee y yo fuimos llevadas a la tienda de campaña que habían instalado a un costado, no como escondite, sino como declaración: *no tenemos miedo*.

Bella fue clara en eso.

Si había algo que los Vulturi detestaban, era la ambigüedad.

A unos pasos, afuera, Bella y Edward permanecían tomados de la mano.

No se decían nada.

No lo necesitaban.

Había en ese gesto una firmeza absoluta, una unidad que ni siquiera el fin del mundo parecía capaz de quebrar.

Carlisle estaba al frente.

Erguido, sereno, con esa autoridad tranquila que no se impone, sino que se reconoce.

Patriarca, médico, voz de razón en medio del abismo.

A los lados, alineados, estaban los testigos: clanes distintos, miradas distintas, historias que jamás se habrían cruzado de no ser por este momento.

Algunos tensos.

Otros curiosos.

Todos conscientes de que habían elegido estar allí.

Las dos manadas no eran visibles de inmediato.

Jacob y Sam se habían colocado detrás, ocultos entre los árboles cercanos.

Más atrás aún, dispersos estratégicamente, el resto de los lobos aguardaba.

No como amenaza abierta, sino como recordatorio silencioso de que no estábamos indefensos.

Bella se acercó a mí entonces.

No hubo preámbulos.

—Emma —dijo en voz baja—.

Si esto se sale de control… si la guerra es inevitable… necesito pedirte algo.

La miré.

Sus ojos no temblaban.

Su voz tampoco.

Eso fue lo que más me desarmó.

—Llévate a mi hija —continuó—.

Usa tu poder.

Llévate a Renesmee… y arrastra a Jacob contigo.

Mi mente tardó un segundo en procesar lo que estaba escuchando.

—En la mochila —añadió— está lo necesario.

Dinero, documentos, rutas.

Todo.

Vayan lo más lejos posible.

Donde nadie pueda encontrarlos.

Negué apenas, incrédula.

—Bella… —No te preocupes por Demetri —dijo con firmeza—.

Edward y yo nos encargaremos de él.

La magnitud de su confianza me dejó sin aire.

Me estaba entregando lo más importante de su existencia.

No como un acto de desesperación, sino como una decisión lúcida, maternal, feroz.

—Lo haré —respondí finalmente, aunque cada palabra pesaba como una promesa imposible—.

Te lo juro.

Asintió una sola vez.

Eso fue todo.

Luego se giró hacia su hija.

La despedida fue silenciosa, pero devastadora.

Renesmee rodeó el cuello de su madre con los brazos pequeños, conscientes, y Bella cerró los ojos como si quisiera grabar ese instante en cada rincón de su eternidad.

Sentí el golpe emocional como si fuera mío.

La tristeza me subió a la garganta con una fuerza casi insoportable.

Quise llorar.

Quise gritar.

Quise arrancarme del pecho esa opresión que amenazaba con quebrarme.

Pero no podía.

Mi don necesitaba estabilidad.

Serenidad.

Claridad.

Por todo lo que amaba… tenía que ser fuerte.

Respiré hondo.

Me obligué a anclarme al presente.

Bella regresó a su posición, unos pasos detrás de la línea frontal compuesta por Carlisle, Edward, Emmett, Rosalie, Tanya, Kate y Eleazar.

Muy cerca de mí estaban Benjamin y Zafrina, atentos, preparados.

Sus dones eran ofensivos, sí, pero también protectores.

Sabían que su tarea era mantenernos a salvo tanto como fuera posible.

El aire vibraba.

Entonces lo sentí.

Jacob avanzó.

No pudo quedarse atrás.

Se adelantó desde el bosque y tomó posición a mi derecha, a la izquierda de Bella.

No me miró al principio.

Simplemente estuvo allí.

Hombro con hombro frente a lo que se aproximaba.

El gran alfa de los quileute no se escondía.

No retrocedía.

Edward fue el primero en tensarse.

Dirigió la mirada hacia el norte… y siseó.

El sonido fue breve.

Preciso.

Todos levantamos la vista al mismo tiempo.

Mi corazón comenzó a latir con una violencia que me sacudió el pecho.

No era miedo.

Era reconocimiento.

El momento había llegado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo