Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 84

  1. Inicio
  2. Lobo solitario, de vuelta al amor
  3. Capítulo 84 - 84 Antes de que el mundo se rompa
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

84: Antes de que el mundo se rompa 84: Antes de que el mundo se rompa **Emma ** El claro se volvió más pequeño cuando llegaron.

No físicamente —el espacio seguía siendo el mismo—, pero el aire se contrajo, como si el mundo hubiera decidido encogerse para que el terror cupiera mejor.

Eran demasiados.

Mi primera percepción no fue el número exacto, sino la sensación abrumadora de desproporción.

Oscuros, inmóviles, perfectamente alineados, los Vulturi avanzaron con una solemnidad que no dejaba lugar a dudas: no habían venido a escuchar.

Habían venido a juzgar… y a destruir.

Mi corazón latía con una violencia que amenazaba con romper mi concentración.

*Como sea*, pensé.

*Como sea, tengo que sacar a Jacob y a Nessy de aquí*.

Aunque ese fuera el final de todo para mí.

Entonces lo sentí con claridad.

Edward se inclinó apenas hacia Carlisle y murmuró, con una gravedad que me heló la sangre: —Alistair tenía razón.

Aro y Cayo vienen a destruir y aniquilar.

No había error en su voz.

No había margen de duda.

Miré alrededor, intentando anclarme a los detalles para no perderme en el pánico.

Los lobos comenzaron a moverse.

Adoptaron posiciones a cada extremo de nuestra desigual línea, formando dos flancos alargados que se extendían como una defensa viva.

Me percaté entonces del número real, y el dato se me quedó grabado como una cifra imposible de olvidar.

Dieciséis licántropos.

Diecisiete, si contaba a Jacob.

Reconocí a los que ya conocía… y a otros no.

Muchachos nuevos, jóvenes, demasiado jóvenes, arrastrados por una guerra que no habían elegido.

Aun así, no retrocedían.

Los testigos de los Vulturi se alinearon detrás de ellos, silenciosos, expectantes.

Público.

Aro siempre había amado los espectadores.

Carlisle respiró hondo.

—¿Qué opinas, Edward?

—preguntó en voz apenas audible.

Edward no apartó la vista del frente.

—No están seguros de cómo proceder.

Evalúan opciones… eligen objetivos clave: Eleazar, Tanya, tú… y yo mismo.

Marcus está valorando la fuerza de nuestras ataduras.

Les inquietan los rostros que no identifican: Zafrina y Senna, sobre todo.

Y los lobos, por supuesto.

Nunca antes se habían visto sobrepasados en número.

Eso es lo que los detiene.

—¿Sobrepasados…?

—susurró Tanya, incrédula.

—No cuentan con la participación de los espectadores —respondió Edward—.

En un combate serían irrelevantes.

Están aquí porque Aro disfruta tener público.

Mi estómago se retorció.

Entonces lo sentí.

Los ojos de Demetri.

Fijos en mí.

No parpadeaba.

No evaluaba el campo de batalla como los otros.

Me miraba *a mí*.

Jacob lo percibió al instante.

Su cuerpo se tensó y dejó escapar un bufido bajo, amenazante.

Demetri ladeó apenas la cabeza.

Se reconocieron.

El diálogo entre Carlisle y Aro comenzó, cargado de formalidades venenosas.

Cayo observaba con su habitual desprecio, buscando ya la excusa para la carnicería.

Irina fue llamada al frente.

La denunciante.

La chispa que había encendido todo.

Edward fue requerido entonces.

Bella dio un paso adelante, esforzándose visiblemente por extender su escudo.

Lo sentí vibrar en el aire, inestable, aún joven, pero decidido.

Aro tomó la mano de Edward y lo leyó todo.

Cada recuerdo.

Cada certeza.

Edward sostuvo la mirada.

—No hemos cometido ningún delito.

Aro sonrió.

—Quiero verlas —dijo—.

A las dos.

El mundo se tensó.

Jacob, en forma de lobo, protestó de inmediato.

Un gruñido profundo, visceral, resonó en el claro.

Se acordó entonces que nos reuniríamos a mitad de camino entre ambos grupos.

Renata, el escudo de Aro, se colocó tras él.

Sugirieron guardias.

Aro eligió sin dudar.

—Félix… y Demetri.

Conveniente.

Terriblemente conveniente.

Avanzamos.

Bella, Renesmee, Emmett, Jacob… y yo.

Cada paso era un acto de voluntad.

Sentía el pulso en los oídos.

La cercanía de Demetri era un ácido que me quemaba la piel por dentro.

Jacob dejó escapar entre los dientes un gruñido sordo.

Nos detuvimos a pocos metros de Aro.

Él sonrió primero a Bella, luego a Renesmee.

Mi pequeña se adelantó con una serenidad que me rompió el alma.

Se presentó.

Tocó.

Mostró.

Aro estaba fascinado.

Luego fue mi turno.

Tomó mi mano.

Su ambición era imposible de ocultar.

—Mitad mortal, mitad inmortal —anunció, sin apartar la mirada de Renesmee—.

Esta neófita la concibió y la llevó en su vientre mientras todavía era humana.

—Imposible —se burló Cayo.

Aro rió suavemente.

—¿Acaso los crees capaces de engañarme, hermano?

—preguntó con delectación—.

¿También es una treta el latido de su corazón?

Cayo torció el gesto, mortificado.

—Obremos con calma y cuidado —continuó Aro—.

Conozco bien tu amor por la justicia, pero no es preciso aplicarla contra esta pequeña por razón de su origen.

En cambio… hay mucho que aprender.

Hemos venido esperando sólo justicia y la tristeza de una amistad traicionada, y mira lo que hemos ganado a cambio.

Un conocimiento nuevo y deslumbrante sobre nosotros mismos.

*Premios*, pensé.

*Nos mira como premios*.

Sus ojos se deslizaron entonces hacia Jacob.

No había disgusto en ellos.

Había… añoranza.

—No funciona de ese modo —respondió Edward con dureza.

—Sólo era una idea peregrina —replicó Aro, evaluando a Jacob sin pudor alguno.

—No nos pertenecen —aclaró Edward—.

No acatan nuestras órdenes.

Están aquí por voluntad propia.

Jacob gruñó con fuerza.

—Oh… —murmuró Aro—.

¿El licántropo es tu compañero?

Qué interesante.

Edward se inclinó apenas hacia mí y susurró: —Está intrigado con la idea de tener… perros guardianes.

El silencio que siguió fue sepulcral.

Y entonces, un coro de aullidos furiosos estalló desde toda la manada.

Un sonido primitivo, cargado de desafío y lealtad.

Una orden seca —sin duda de Sam— cortó el clamor de raíz.

El silencio que quedó fue aún más ominoso.

Aro juntó las manos, satisfecho.

—Queda mucho por discutir —concluyó con el tono pragmático de un comerciante—.

Y más por decidir.

Si vosotros y vuestro peludo protector me excusáis… he de deliberar con mis hermanos.

Retrocedieron.

Mientras se alejaban, sentí los ojos de Demetri desplazarse de mí a Jacob.

Desdén hacia él.

Posesión hacia mí.

Supe entonces, con una certeza aterradora, que no sólo buscaban justicia.

Buscaban excusas.

Y que esta historia aún no había llegado a su punto más oscuro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo