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Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 88

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88: El futuro que no fue.

88: El futuro que no fue.

*(POV Alice)* Tenía la mano de Aro entre las mías.

Fría.

Antiguísima.

Pero por primera vez… temblaba.

No necesitaba palabras.

No necesitaba explicaciones.

Solo le mostré.

El claro cubierto de fuego y ceniza.

Los cuerpos hechos pedazos.

Los gritos que nunca olvidaríamos.

El olor a destrucción, a familia rota, a victoria hueca.

Le mostré a Carlisle cayendo.

A Esme quebrándose.

A los lobos muriendo por defender lo que amaban.

A sus joyas —sus talentos más preciados— extinguiéndose uno por uno.

Le mostré incluso su propia muerte… o algo peor: un mundo vacío donde ya no quedaba nada que gobernar.

Aro inhaló con dificultad.

Por primera vez desde que lo conocía, no sonreía.

—Y entonces, Aro… —dije con suavidad, sin soltarlo—.

Ya lo sabes.

¿Qué vas a decidir?

Durante un segundo eterno, el mundo quedó suspendido.

Entonces me soltó.

No con brusquedad.

Con resignación.

Asintió con expresión solemne y se volvió hacia la guardia.

Cuando habló, su voz volvió a ser cálida… pero algo en ella estaba roto.

—Hoy no vamos a luchar, queridos míos.

La tensión se disipó como una niebla herida por el sol.

La guardia asintió al unísono, perfecta, disciplinada, deshumanizada.

Las posturas de ataque se deshicieron con la misma precisión con la que se habían formado.

El rostro de Aro era benigno, como siempre… pero ahora había un vacío detrás de la fachada.

Como si se hubiera quedado sin trucos.

Cayo ardía en silencio.

Marco… estaba aburrido.

Verdaderamente aburrido.

Los testigos de los Vulturi comenzaron a retirarse con cautela.

Uno a uno, luego varios, luego todos.

Cuando ya no hubo necesidad de fingir compostura, echaron a correr hacia los bosques.

Aro nos tendió las manos en un gesto que casi parecía una disculpa.

—Me alegra que esto se haya resuelto sin violencia —dijo con dulzura—.

Carlisle, amigo mío… cuánto me alegra poder llamarte amigo otra vez.

—Ve en paz, Aro —respondió Carlisle con frialdad—.

Y recuerda que estas tierras deben permanecer en anonimato y reserva.

—Por descontado —aseguró Aro, inclinando la cabeza—.

Tal vez… con el tiempo… llegues a perdonarme.

—Tal vez —contestó Carlisle—.

Si demuestras que vuelves a ser nuestro amigo.

Aro se retiró con la imagen perfecta del remordimiento… pero antes de desaparecer entre los árboles, miró atrás.

Y lo vi.

El anhelo.

Sus ojos se posaron, uno a uno, en mí, **Edward**, **Bella**, **Renesmee**… y luego en **Emma**.

No había podido llevarse los trofeos.

El último de los Vulturi desapareció entre los árboles.

El silencio fue absoluto.

—¿De verdad ha terminado?

—susurró Bella.

—Sí —respondió Edward con una sonrisa amplia—.

Se han rendido.

Yo asentí.

—Es real.

No van a volver.

Un segundo más de silencio.

—Así se pudran —masculló Stefan.

Y entonces… todo estalló.

Aullidos de triunfo.

Gritos de alivio.

Risas que sonaban a lágrimas contenidas.

Maggie golpeaba la espalda de Siobhan.

Rosalie y Emmett se besaban con una pasión feroz.

Benjamin y Tía se abrazaban.

Carmen y Eleazar también.

Esme nos rodeó a Jasper y a mí como si no pensara soltarnos jamás.

Carlisle agradecía a los recién llegados de Sudamérica con una emoción que le desbordaba la voz.

Kachiri permanecía cerca de Zafrina y Senna, sus dedos entrelazados.

Garrett alzó a Kate y la hizo girar en el aire.

Bella se subió al lomo del enorme lobo rojo y canturreó: —Nessie… Nessie… Jacob protestó, burlón, como siempre.

Luego la bajó, abrazó a Renesmee contra su pecho y Edward las rodeó a ambas.

La felicidad nos golpeó de lleno.

Jacob corrió hacia el bosque para salir de fase.

Cuando regresó —solo con unos pantalones—, Emma estaba allí.

No dijeron nada.

Él la alzó por la cintura.

Ella rodeó su cuerpo con las piernas.

Y en medio del claro, sin miedo, sin guerra, sin futuro incierto… se besaron largamente.

Los vi.

Y sonreí.

Porque por una vez… el futuro había elegido la vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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