Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 92
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92: Planes, permisos y promesas imposibles 92: Planes, permisos y promesas imposibles ** Jacob** Nunca pensé que planear una boda pudiera ser más agotador que patrullar el bosque durante luna llena.
Y, sin embargo, ahí estaba yo.
Entre clases, planos, permisos tribales, discusiones con Sam y —por si fuera poco— Alice Cullen.
Las clases en Sealett habían comenzado con una normalidad casi insultante.
Gente que se preocupaba por horarios, exámenes y cafeterías abarrotadas, como si el mundo no hubiera estado a punto de acabarse hacía apenas unos meses.
Emma y yo compartíamos trayectos, cafés apresurados y miradas cómplices entre clase y clase.
Eso ayudaba.
Mucho.
Lo que no ayudaba era Alice.
—El vestido no puede esperar —decía—.
Los adornos tampoco.
Y la luz de la playa cambia según la estación, Jacob, esto es crucial.
Crucial.
Yo solo asentía, porque había aprendido que discutir con Alice era una pérdida de energía comparable a discutir con un huracán.
Uno de los temas más delicados fue permitir la entrada de los Cullen al territorio para la ceremonia.
Como Alfa, la decisión recaía sobre mí, y aunque para mí era obvio, Sam no lo vio igual.
—No es una invitación abierta —le dejé claro—.
Solo será para ocasiones especiales.
Esta es una.
La tensión fue real, pero al final hubo acuerdo.
Sam aceptó, no sin reservas.
Sabía que no era una concesión menor, y yo lo respeté.
Las manadas necesitaban límites claros tanto como necesitaban paz.
Mientras tanto, la construcción de nuestra cabaña avanzaba.
Verla levantarse, tabla a tabla, me daba una satisfacción difícil de explicar.
También la remodelación de la casa de Billy seguía su curso.
Todo parecía alinearse, como si por una vez el universo hubiera decidido no complicarnos más las cosas.
— Una tarde, después de clases, me encontré con Edward apoyado en su coche, con esa sonrisa suya que siempre parecía saber algo que los demás no.
—No puedo creerlo —dijo riendo—.
Ahora eres tú el sometido de Alice.
Jamás pensé que tan pronto tendría a alguien más a quien torturar.
Resoplé.
—Hermano, es increíble.
Esa mujer está secuestrando a mi futura esposa… y lo peor es que me ha dicho que no puedo tocarla hasta el matrimonio.
Está loca si cree que pienso cumplir eso.
Edward soltó una carcajada.
—Ten cuidado —advirtió—.
Si Alice logra convencer a Emma, te tendrá en abstinencia hasta la noche de bodas.
—Estamos hablando de dos meses y medio —gruñí—.
De ninguna manera esperaré todo ese tiempo.
—¿De qué hablan tan animados?
—preguntó Bella, acercándose con curiosidad.
—Cosas de hombres —respondió Edward con total naturalidad.
—No es cierto, amor —corrigió enseguida—.
Estamos hablando de que ahora Jacob y Emma están en las garras de Alice.
Estoy escuchando sus quejas.
Bella rió.
—Te compadezco —dijo—.
Para nuestra boda nos sometió a torturas indescriptibles.
Las risas fueron generales.
Fue entonces cuando Emma apareció.
—¿Y bien?
—le pregunté, esperanzado.
—No está tan mal —dijo, encogiéndose de hombros.
La miré con desconfianza.
—Estás siendo muy benevolente.
Ella sonrió.
—Lo hace con buena intención —me dijo—.
Solo que es un poco… obsesiva.
Como si la hubiera invocado, Alice apareció de la nada.
—Está bien, Jacob —anunció—.
Dejaré que te la lleves hoy.
Pero mañana, después de la universidad, la necesito puntual para la primera prueba del vestido.
Entorné los ojos.
Emma se despidió de todos y nos alejamos juntos.
—No olviden que deben guardarse para la noche de bodas —gritó Alice desde atrás.
Emma y yo reímos.
—Estoy hablando en serio —añadió.
—Es mejor que hagas caso, perrito —intervino Emmett—.
Si no, secuestrará a Emma y no te la entregará hasta el día del matrimonio.
—¿Y cómo sabrá si eso ha pasado o no?
—pregunté.
Emmett me dio una palmada en el hombro.
—Créeme, hermano —dijo—.
Lo sabrá.
Te lo digo por experiencia propia.
Suspiré.
Dos meses y medio.
Definitivamente, nadie me había preparado para esta parte del matrimonio.
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