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Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 94

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94: Prohibido tocar 94: Prohibido tocar **Jacob** Nunca pensé que Alice Cullen sería la criatura más peligrosa que cruzaría mi camino.

No vampiros antiguos.

No los Vulturi.

No siquiera Sam cuando se pone en modo alfa insoportable.

Alice.

Finalmente había logrado convencer a Emma de no tener intimidad conmigo hasta la noche de bodas.

Y la única vez que casi, casi lo conseguimos… la reprimenda fue inmediata.

Precisa.

Letal.

Y, por supuesto, pública.

Desde ese día, durante dos meses y medio, mi vida se convirtió en una tortura adornada con risas.

—Qué perrito… —decía Emmett cada vez que me veía—.

¿Cómo va el verano?

Yo respondía con un gruñido malhumorado.

—Veo que te tiene de muy mal humor —añadía, disfrutándolo demasiado.

—Ya cállate, Emmett.

—No te preocupes —continuaba—.

En poco Rosalie y yo cumplimos aniversario de casados y seré sometido a la misma tortura.

—¿Ah, sí?

—pregunté, arqueando una ceja—.

¿Es que también mete las manos en eso?

—Desde luego —respondió encogiéndose de hombros—.

En todo lo que se llame celebraciones.

Puse los ojos en blanco.

—Me pregunto si así será con su propio marido.

—No terminas de acostumbrarte del todo —intervino Jasper con una sonrisa ladeada—, pero ¿qué vamos a hacer?

Es Alice.

Edward fue el siguiente en hablar, con esa calma insoportable suya.

—Yo tengo mis propios planes para cuando eso pase —dijo—.

Será lejos de aquí.

—De ninguna manera —interrumpió Alice desde la escalera—.

Esos temas no están en discusión, Edward.

Ni te atrevas.

Silencio absoluto.

—Jacob —añadió—, ya es hora de probarte tu traje.

Esta es la última prueba.

Antes de entrar a la casa, Emmett no pudo evitarlo.

—Una buena manera de mermar la ansiedad de la última espera es una despedida de solteros.

Me detuve.

—Las manadas están preparando una —continuó—.

Y estamos invitados.

Me quedé un momento en silencio.

Supongo que sí.

Ya éramos parte de esta familia, nos gustara o no.

A algunos no les haría gracia, pero otros estarían encantados.

Seth, por ejemplo.

—Está bien —dije—.

Será mañana al anochecer en la playa de La Push.

—Diles que no se preocupen —añadió Emmett arrugando la nariz—.

Nosotros ya cazamos esta semana y la sangre de perro no nos resulta muy apetecible.

Entorné los ojos.

Otra vez.

Como si no fuera suficiente con las burlas de los Cullen, tenía que aguantar también las de la manada.

En patrulla era peor.

Cuando mis pensamientos se deslizaban inevitablemente hacia esas noches durmiendo con Emma, sintiéndola cerca sin poder tocarla más de lo permitido… —¿Y si te das baños de agua fría?

—sugirió Seth entre risas.

—Cállate, idiota.

—Pobre Jacob —dijo Embry—.

Pero siempre tendrás mi consuelo: cien por ciento virgen.

—Yo también —añadió Seth—.

Y no me quejo.

Quil solo reía, sabiamente callado para no convertirse en el próximo objetivo.

—Ya cállense, imbéciles —gruñó Leah—.

Si no tienen nada más interesante que decir, me largo.

Y se largó.

Cuando Leah salió de fase, les dejé ver mi conversación con los Cullen sobre la despedida de solteros.

A Seth le pareció una idea genial; los otros estaban más prevenidos.

—A Sam no le va a encantar la idea —dijo Quil.

—No es para tanto —respondí—.

Ya hemos luchado juntos y soportado amenazas de muerte.

¿Qué más da?

Tal como lo había previsto, la despedida de solteros en la playa fue mejor de lo que esperábamos.

Cervezas.

Una fogata.

Risas.

Los Cullen se integraron sorprendentemente bien con los chicos, y al final fue una buena noche de charlas entre amigos, sin tensiones, sin bandos, sin guerras.

Por su parte, las chicas se habían quedado en casa.

Ya solo faltaba un día para la boda.

La cabaña estaba en sus últimos detalles, el mar sonaba constante a lo lejos… y entonces lo sentí.

Los nervios.

Por primera vez en mucho tiempo, no era miedo.

Era felicidad.

Y vértigo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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