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Los Alfas de Orión y su Pareja Inquebrantable - Capítulo 13

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  3. Capítulo 13 - 13 Palabras crípticas de una criatura mítica
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13: Palabras crípticas de una criatura mítica 13: Palabras crípticas de una criatura mítica (Amaia)
—No —responde Kacir secamente y se aleja.

—¡Oh!

Parece que hay problemas —le dice Alnitak divertido a su hermano.

Rahria simplemente se cruza de brazos sobre su pecho agitado, entrecierra los ojos y me pregunta con rudeza.

—¿Por qué estás pegada a él si no es tu pareja?

Me enderezo.

Puede que sea baja, pero no voy a dejar que me intimiden.

—Nos conocimos durante la prueba, y solo ha venido a buscarme para la ceremonia.

No creo que haya nada de malo en ello —respondo con calma, pero mi mirada se mantiene afilada sobre ella.

—Será por tu bien que te mantengas alejada de él —me espeta, lo que hace que Alnitak ponga su enorme brazo sobre mis pequeños hombros y apriete con suavidad.

La sensación de hormigueo de su contacto me provoca un escalofrío que me recorre la espalda.

Se me hace la boca agua con su embriagador aroma y ni siquiera me importa el dolor incipiente en mi muslo.

—Mira, Rahria —noto que el tono divertido desaparece de la voz de Alnitak—.

Estamos en el mismo Gremio y Amaia no solo salvó la vida de mi hermano, sino también la de Kacir.

Así que no seamos maleducados.

Puede hablar con quien quiera.

No recuerdo haber contratado a Alnitak como mi portavoz, pero da igual.

La mirada fulminante que le devuelve y la forma posesiva en que me sujeta del hombro parecen agitarla aún más.

—¿Qué eres, Alnitak?

¿Su guardaespaldas ahora?

¿O la estás reclamando?

—Solo estoy siendo una persona decente.

Pruébalo, Rahria.

Te hará maravillas —responde Alnitak con sarcasmo.

Discuten como hermanos o amigos que se conocen desde la infancia.

—Dejadlo ya, los dos —Mintaka parece ligeramente furioso con ella y, sin embargo, tiene esa mirada aturdida en los ojos.

Ella simplemente echa su coleta hacia atrás con un movimiento brusco.

—¡Nunca!

—Y dirige su atención hacia Kacir.

Con toda esa conmoción, no nos hemos dado cuenta de que Kacir ha sido seleccionado para el Gremio Leo.

Regresa triunfante, con una sonrisa y su ojo derecho todavía oculto por su largo pelo.

Alnitak me suelta el hombro y choca los cinco con Kacir.

—¡Toma ya!

Tío, sabíamos que podías hacerlo.

Mintaka le asiente con la cabeza, pero no parece tan emocionado como su hermano.

Kacir, por otro lado, ni siquiera mira a Mintaka.

En su lugar, dirige su atención hacia mí y yo le ofrezco una sonrisa amable.

—Felicidades, Kacir.

—¡Gracias!

—Una sonrisa se dibuja en sus labios, pero se desvanece cuando Rahria intenta enganchar su brazo con el de él.

Se pone rígido al sentir su contacto y aparta con suavidad la mano de ella de su brazo, volviendo a su posición anterior a mi derecha.

Incluso evita mirarla, y mucho menos hablarle.

Percibo que hay una historia entre ellos, junto con esta tensión asfixiante, y de alguna manera me encuentro en medio de todo.

¿Se conocían todos de antes?

—¿Así que ahora vas a ignorarme y a hacerte amigo de la chica nueva?

—le pregunta Rahria a Kacir con los dientes apretados.

Sus manos se han cerrado en puños y las venas de su cuello se tensan.

Apenas se controla.

Antes de que Kacir pueda responder, llaman mi nombre: «¡Amaia Zhāng!».

Observo que soy la última.

Todos los demás ya han sido asignados.

—Vamos, vamos.

Sé una Leo.

Conviértete en el quinto miembro de nuestro grupo —Alnitak me da una palmada en la espalda y me empuja hacia delante con entusiasmo.

—Buena suerte, Amaia —le sigue la voz serena de Kacir, mientras Mintaka solo emite un murmullo.

Dando pasos decididos, intento controlar los latidos desbocados de mi corazón.

El sudor perla mi frente mientras todas las miradas se posan sobre mí.

Subo los dos escalones alfombrados y llego al escenario donde está la estatua dorada.

Mi mirada recorre a toda la gente sentada en el escenario, incluidos el rey y la reina.

Otros parecen ser Instructores, Ejecutores y Mentores.

Se diferencian por sus capas.

Sé que los Ejecutores llevan capas azules, los Instructores deben de llevarlas rojas y los Mentores, verdes.

—Coloca la mano sobre la cabeza de la estatua —me indica Jamina amablemente, con esa dulce sonrisa que siempre tiene en los labios.

No me ha dicho ni una sola palabra dura y, sin embargo, verla llena mi ser de unos celos atenazadores.

Lo que lo empeora es que el hombre que es mi pareja parece odiarme más que nadie.

Hago lo que me pide, y al instante los ojos de rubí de la estatua brillan y salgo disparada por los aires.

Es como si el suelo hubiera desaparecido bajo mis pies, cayendo en un abismo sin fondo.

Intento gritar, pero me he quedado sin voz.

La cabeza me da vueltas, mis manos y piernas se agitan desesperadas por agarrarse a algo, pero no hay nada.

Solo un vacío infinito de energía palpitante y colores chillones.

Finalmente, aterrizo sobre algo suave, algo blanco, algo plumoso.

Parece que alguien me ha atrapado.

Echo un vistazo a la figura y la criatura de la estatua parece haber despertado.

Es el ala del Pegaso sobre la que he aterrizado, pero me deposita suavemente en el suelo.

Desconcertada, retrocedo a trompicones para alejarme de la criatura.

Tiene un largo cuerpo sinuoso de serpiente, una enorme cabeza de león con una espesa melena dorada y unas gigantescas alas de un blanco plateado.

Intimidante y hermosa al mismo tiempo, esta criatura me tiene hipnotizada y aterrorizada.

Aun así, no puedo apartar la mirada.

—¡Amaia!

—me llama con suavidad—.

Qué destino te aguarda, niña.

Sus ojos de color naranja rojizo están fijos en mí, portadores de la sabiduría de mil años.

—¿Quién eres?

—pregunto, mientras me levanto del suelo y me arreglo la ropa.

—Aquel a quien vendrás a buscar cuando todo parezca perdido.

La guerra que se avecina, serás crucial para ella… cuando la luna de sangre se alce —su tono permanece calmado, aunque sus palabras no lo son.

—¿Qué quieres decir?

—pregunto, dando un paso hacia él.

El miedo inicial de mi corazón se ha evaporado y extiendo la mano hacia él.

Me deja tocar su melena.

La siento suave y espesa bajo mis dedos.

—Cuando sea el momento adecuado, lo entenderás —responde de una manera críptica y divertida—.

Y ahora, ¿dónde ponerte?

¿Dónde más sino con tus parejas?

No pierdas la esperanza, un día descubrirán la verdad y te reclamarán como suya.

Con eso, salgo disparada de vuelta por donde he venido, y antes de darme cuenta, estoy de pie frente a la estatua mientras esta anuncia a viva voz:
«¡Gremio Leo!»

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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