Los Alfas de Orión y su Pareja Inquebrantable - Capítulo 275
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Capítulo 275: Trascendental
(Amaia)
(Contenido para adultos a continuación)
Mis ojos dilatados lo encuentran mientras su cabello me invade, retorciéndose en mi interior, bombardeándome de placeres.
Los gritos de euforia y dicha se asientan en la punta de mi lengua. Mi espalda se arquea, mis tobillos se flexionan y mis talones se hunden en el suave colchón.
—Eres todo un espectáculo, más de lo que había imaginado —su voz sensual se desliza contra mi piel como un fantasma.
Está sobre mí.
Está dentro de mí.
Está en mi piel.
Está en mi cabeza.
Está en mi pecho.
Está en mi propia alma.
Es el único ser que ven mis ojos.
Es el mismo aire que respiro.
Su esencia me ha impregnado.
Es mío y yo soy suya.
Su cabello se desliza rápidamente hacia dentro y hacia fuera, llevándome al éxtasis con la embriaguez que es Alnilam. Mi sedosa humedad lo acoge y le da la bienvenida.
Jadeo tan fuerte cuando entra y se expande que cada hebra roza lentamente mis paredes internas.
—¡Oooo! ¡Ahhhhh!
Alnilam me envuelve por completo con su cuerpo, presionándome hacia abajo, contra el colchón.
—¡Amaia! —me llama con tal delicadeza que mi cuerpo se estremece como un carillón de viento durante la tormenta.
Mis brazos luchan contra sus ataduras mientras sus manos vienen a sujetar mi rostro.
—Voy a hacerte mía, hoy y hasta el final. No habrá vuelta atrás.
Una tempestad de negro y violeta ruge en sus ojos, lo que me hace sonreír débilmente.
—Fui tuya desde el mismo momento en que te vi. Sabía en mis huesos que serías mío. No puedo esperar a ser toda tuya. —Mis palabras hacen que sus labios se extiendan lentamente en otra sonrisa evocadora.
Cuánto amo a este hombre.
Su cabello deja paso a su miembro endurecido. Se retira lentamente. Las caderas de Alnilam ceden y él se desliza dentro de mí, estirándome.
En el mismo instante en que entra en mí, sus labios encuentran los míos, tragándose los gemidos que nacen.
Nuestros cuerpos conectan, no solo física sino emocionalmente. Incluso nuestra magia choca.
Una sensación que nunca antes había experimentado viaja desde donde estamos conectados hasta el resto de mi cuerpo.
Nuestra magia se ha entremezclado, se ha vuelto una. Sensaciones burbujeantes y chispeantes desbordan la sangre de mis venas.
Nuestros cabellos se fusionan, y las puntas de ambos se unen. Cada cabello suyo se ha fusionado con uno mío. Literalmente siento su magia fluir a través de mi pelo y hormiguear en mi cuero cabelludo y en los folículos pilosos.
Esto es más que mágico, nuestros cuerpos se están fusionando en otro nivel, uno que ni siquiera entiendo.
Mis alas se despliegan, batiéndose con el júbilo de estar unidas a nuestro último compañero. Se envuelven alrededor de la espalda de Alnilam, sintiendo sus omóplatos en un lento movimiento rítmico. El éxtasis y la energía en ellas disminuyen, volviendo sus movimientos apagados.
Baten lentamente sobre su espalda, haciéndome preguntar por qué su emoción ha desaparecido de repente.
¿Ya se habían cansado?
¿O es que algo va mal?
Mis pensamientos se ven interrumpidos cuando Alnilam empieza a moverse, desarrollando un ritmo con mi cuerpo. Músculos duros se deslizan contra los míos. Se me eriza hasta el último vello. El interior de mi cabeza se arremolina con una niebla de búsqueda de placer.
Alnilam suelta mi boca y me observa con ojos embriagados. Sus labios son como dos pétalos rojos de una rosa.
—Eres mi estrella y pura alegría. No me canso de ti —me embiste con fuerza, acelerando el ritmo. Su rostro se endurece por la concentración mientras mi interior se aferra a él con más fuerza a cada embestida.
Con la boca abierta, paralizada en una mezcla de frenesí y euforia, observo a mi compañero sacudir mi mundo. Tantas emociones profundas fluyen entre nosotros, algunas se alargan, otras vuelan y unas pocas nos hacen gemir a ambos.
Este apareamiento es diferente a los otros. Puedo sentir cambios en mi cuerpo, no solo en mis alas que parecen expandirse. Trasciende las necesidades físicas, es emocional, es la unión de dos almas, es el hilo de los sentimientos cosiéndose en un tejido de nuestra creación.
Es mucho más que sexo.
—Deseo tocarte la cara —gimoteo, y su cabello libera mis muñecas al instante.
Levantando las manos, agarro la cara de Alnilam.
Una sensación se está acumulando en mi interior, cargando el mismísimo aire entre nosotros. Como una bola explosiva de energía que ambos intentamos controlar.
Alnilam también lo siente. Sus ojos brillan con una energía de otro mundo. Su piel se carga.
—Algo está pasando —gruñe, tratando de contener lo que sea que es esto, y yo solo puedo asentir.
Quizá solo sea el orgasmo a punto de golpearnos.
El cuerpo de Alnilam se sacude y siento su dureza frotándose en mi interior. Aprieto más su cara, con la mirada fija en la suya.
—¡Córrete! —susurro con voz pesada, y él obedece. Su mandíbula está tan tensa que la piel se estira sobre sus huesos.
Nuestros cuerpos se mecen en un último ritmo. Mis alas aún se aferran a su espalda, empapadas como enormes pañuelos mojados, mientras nos corremos juntos.
Se desploma sobre mí y mi cuerpo se relaja. Su cabello se arrastra por mi cara y mi cabeza, sintiéndome a mí y a mi pelo.
Respiro con dificultad, tratando de controlar todas estas emociones y sentimientos sobrecargados que han descendido sobre mí con este apareamiento.
—¿Te he cansado? —pregunta en un susurro, besándome el cuello.
—No, me ha encantado. —Lentamente, Alnilam se levanta sobre mi cuerpo y mis alas finalmente lo liberan.
Apoyando el codo en el colchón, se acomoda sobre su mano extendida y me observa con pura adoración.
—¿Es posible que te hayas vuelto aún más hermosa? Porque ciertamente creo que sí —dice, señalando mi cara—. Tus ojos se ven más brillantes, tus orejas aún más puntiagudas.
Niego con la cabeza, pensando que solo está bromeando. Aunque a estas alturas, ya sé que Alnilam no bromea.
Mi ala derecha aletea hacia él y su mirada emocionada se desvía hacia ella. Las observa con una pizca de asombro y orgullo.
Extendiendo la mano, la toca y un zumbido silencioso de energía parece pasar entre él y mi ala.
—Vaya, mira qué tamaño tienen. Han crecido mucho —dice con orgullo, pero entonces un pliegue aparece en su ceño.
—Pero ¿por qué percibo tristeza en ellas?
Así que él también puede sentirlo. ¿Cómo es eso posible?
—Yo también lo siento. Pensé que estarían felices de crecer por completo, pero no lo sé. —Ambos las observamos. Una línea plateada, como un contorno, aparece a su alrededor, brillando. Son vibrantes y, sin embargo, siento que se están conteniendo.
Entonces caigo en la cuenta. Quizá necesite soltar el secreto venenoso. Su toxicidad me está ahogando. Tengo que decírselo a alguien, no podré hacerlo sola y Alnilam es perfecto para guardar secretos. También es el más racional y franco, el que siempre intenta hacer lo correcto.
Si puedo confiar ciegamente en alguien, es en él. Alnilam está ocupado jugando con mi ala. Levanto la mano y toco su hermoso rostro.
Él siente el cambio en mi estado de ánimo y sus ojos preocupados se dirigen al instante hacia mí. —¿Qué pasa?
Bajo la mirada, incapaz de sostener la intensidad de la suya. Pero su mano empuñada se posa bajo mi barbilla y levanta mi cara para que podamos mirarnos el uno al otro.
—¡Amaia! Confía en mí. ¿Hay algo que te moleste?
Tragando saliva, asiento en silencio.
—Te escucho, y si quieres que quede entre nosotros, así será. Agradezco su comprensión. Sabía que se mantendría fiel a sus palabras.
—Necesitas prometerme que mantendrás esto entre nosotros y necesitas confiar en mí. Porque es la verdad, por muy fea que sea. ¿Puedes hacerlo?
Alnilam baja la cabeza y me besa ambos ojos, uno tras otro.
—Lo prometo y confío en ti por completo. Eres mi compañera, siempre me dirás la verdad. No puedes mentirme aunque lo intentes.
Respirando hondo, empiezo. —Lo siento, pero vi quién es el torturador de Rigel. La persona que mató a tu madrastra y lo secuestró… —le cuento todo lo que vi en la habitación de Rigel.
Todo el cuerpo de Alnilam se pone extremadamente rígido, la rabia lo inunda en oleadas y entonces declara con la voz quebrada.
—Esto no puede ser.
Bajo la mirada, incapaz de soportar el dolor que se refleja en su rostro y que fluye a través del vínculo.
—Lo siento, perdóname por traerte noticias tan horribles. —Mis brazos se cruzan en su espalda y lo abrazo con fuerza.
Alnilam no protesta. Está en shock y le llevará un tiempo aceptar la verdad. Incluso mis alas se envuelven a su alrededor para tranquilizarlo, ofreciéndole nuestro amor y afecto.
No sé cuánto tiempo ha pasado antes de que finalmente hable.
—Sé que hay una explicación para ello. No la conocemos, pero prometo ayudar a revelar la verdad, toda la verdad. Y lo prometo, nadie más que nosotros dos lo sabrá.
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