Los cielos indiferentes - Capítulo 12
- Inicio
- Todas las novelas
- Los cielos indiferentes
- Capítulo 12 - 12 Capítulo 11 - Lindos cuernos
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
12: Capítulo 11 – Lindos cuernos.
12: Capítulo 11 – Lindos cuernos.
Capítulo 11 – Lindos cuernos.
Me movía con rapidez siguiendo las instrucciones del joven sin nombre.
Mientras caminaba con cuidado de no perderme, una voz susurro, melodiosamente irritante.
“No entiendo…
Planeas quemar a todos estos criminales vivos…
Pero instantes antes dijiste que no ibas a matar a nadie, claro, son malvados, asesinos, abusadores, sádicos qué disfrutan causando daño…
Pero no todos lo son, ¿Por qué es justo que los mates?.”, preguntó ella con curiosidad.
Susurre una respuesta mientras trataba de recordar si tenía que girar a la izquierda o a la derecha.
“Primero, en realidad no los mataré yo…
Seran las llamas…
Y segundo, no es justo, nunca lo sera…
Pero no quiero justicia, tampoco injusticia…
Quiero un mundo perfecto, y personas como ellos no merecen vivir en mí paraíso.”, dije mientras se me secaba la garganta.
¿Que era justo en realidad?
No muchas cosas, pero…
No quería justicia, solo un mundo simple.
No era una buena persona, era…
Una persona dañada…
Pero no fue mí culpa, mís padres me lo habían dicho esa noche de pesadilla…
No era mí culpa.
Tragué saliva antes de elegír la izquierda, la diosa solo solto una risita irónica.
Puse los ojos en blanco mientras aumentaba la velocidad y ignoraba esa irritante risa.
Y claramente me había equivocado de pesillo…
Lo qué me recibió fue el olor a muerte y desesperación, no había llantos ni gritos…
sólo el silencio ante la indiferencia, su aceptación.
Me repugno, quería darme la vuelta e ir al tesoro, pero no lo hice.
Caminé hacía adelanté viendo las celdas, vi cuerpos desnutridos y miradas de miedo.
Vi muertos y maltratados, temblaban ante mi.
Mi pecho dolió ante la visión, y mí ideal solo se alimentó de la terrible realidad.
Otra razón para crear un mundo de ensueño.
Vi…
A algunos elfos casi muertos, a algunas elfas cuidando de los niños hambrientos.
Vi a algunos hombre bestia que me miraban con recelo, y algunas mujeres bestia con miradas de pura muerte y odio.
El único sonido del moribundo lugar era el sonido de agua cayendo, tal vez alguna tubería con alguna fuga.
Vi a mujeres humanas heridas cuidandose entre sí, y a los pocos hombres capaces mirándome con cautela.
Vi a niños y niñas de otras razas con miradas hambrientas.
Miré un charco de agua turbia…
Y vi ese horrible rostro.
Mi mirada era fría hacía el rostro del monstro.
Y aprete con ira las manos, sentía que una energía qué tal vez era el [Maná] yendo hacía mí mano.
Y la chispa floreció, un fuego salió de mis dedos, al instante lo supe.
Era magia, pero…
No fue eso lo que comprendí mirándome.
Odiaba ese rostro, y así lleve el fuego a un lado de mi cara y la agonía vino al instante.
Pero no solte ni un solo gritó de dolor de sentir una parte de mi rostro derritiendose, no era dignó de gritar por ese dolor.
El hombre llamado Eirwen Sága no merece estar caminando libre y con solo unas pocas cicatrices.
Tal vez…
No era el, pero llevaba su rostro, y ese rostro horrible necesitaba un arregló de apariencia.
La diosa guardó total silencio, el cuál sinceramente agradecí.
Cuándo empecé a dejar de sentir dolor, tal vez por la muerte de nervios, me detuve y segui caminando tambaleante.
Ya no me miraban con cautela, si no, con puro horror, pero solo pude soltar unas risitas ante el dolor.
Me dolían los bordes y hasta tal vez echaba humo, tuve cuidado de no lastimar mí ojo, pero también dolía.
Después de unos minutos al fin llegué a la última celda, la cual había una niña con una mirada muerta en sus jovenes ojos.
Ella a diferencia de los demás, estaba completamente sola, casi la confundo con una niña humana, pero…
Tenía unos lindos cuernos en la cabeza.
Quise sonreír, pero no lo hice, no quería asustarla, aún qué no había emoción en su rostro.
Me acerqué a su celda y me agache para estar a su altura, no parecía tener mas de 9 o 10, tal vez menos, el mundo nunca es justo.
“Hola…
Coff…
Lo siento, pero quiero preguntarte algo…
¿Cuál es tu ideal?.”, dije con algunas toses, aún qué mi tono fue amable.
No sabía por que le hablaba, ni tampoco por que le preguntaba eso a una pobre niña, pero…
Desde que vi la forma de la diosa tal vez se me salieron unos cuántos tornillos, ¿O…
siempre fui así?.
La niña guardó silencio mientras me miraba, sus ojos negros estaban…
Vacíos.
Era…
Como ver a la diosa, aún que ella reía y se enojaba…
Me parecía un poco vacío, sin esa chispa de emoción, ella se entristecia o se burlaba…
Pero le faltaba algo.
Eso mismo le faltaba a la niña, tal vez por eso decidí hablarle.
Al final, después de unos silenciosos segundos, su voz en un susurró infantil, pero ronco respondió “¿Qué es un ideal?.”, dije ella en un tono vacío.
Yo le di una suave sonrisa, aún probablemente fue macabra y me dolía mucho.
“Un ideal es un susurro etéreo del alma, un faro de luz perfecta que danza en el horizonte del deseo mortal, inalcanzable, pero eternamente anhelado…
¿Un poco poético, no?…
Pero en otras palabras, es un arquetipo del pensamiento sublime y espejo de belleza…
a veces, es nuestra moral, nuestro sentido de justicia…
o injusticia…
Es nuestra virtud…
Es la armonía cósmica…
Pero es completamente imposible e irreal…”, dije con una risita y algunas toses.
Pero no fue el final.
“O eso creía antes…
Coff…
Pero es posible, completamente posible…
ahora…
¿Puedes decirme cuál es tú ideal?.”, le di una suave sonrisa.
La niña me miró atentamente, parecía un poco desnutrida…
Y algo herida, uno de sus lindos cuernos estaba partido, otra parte de su oreja desaparecida, también tenía quemaduras en sus brazos.
Guardó silencio, tal vez pensativa, o simplemente no entendió nada.
Sentía muchos ojos puestos en nosotros, la mayoría me miraba con horror.
Pero su silencio no fue eterno, ella susurró.
“¿Un ideal puede ser…
La muerte de todos?…
Quiero la muerte de todos.”, susurró ella en tono vacío.
La miré pensativo, pero aún así le di una respuesta.
“Supongo…
Mientras esa sea tu luz de perfección, ese puede ser tu ideal, si es tu moral de justicia o injusticia, si esa es tu virtud…
Pero ¿Por qué lo es?.”, pregunté suavemente, tenía sincera curiosidad.
Ella sin duda respondió.
“Por que me hicieron daño.”, dije ella sin rastro de duda, aún que tampoco había otra emoción.
La miré con tristeza, pero aun así respondí.
“Entonces…
Pagarás daño con mas daño, no digo que este mal, ¿Pero tú en verdad quieres eso?…
Por que no, en vez de eso…
Haces algo hermoso, como…
Cambiar al mundo.”, le sugerí.
Ella se lo pensó unos segundos, pero nego con la cabeza.
“No lo se…
Pero…
No puedo hacer algo hermoso…
Por eso quie-.”, ella quiso continúar, pero la interrumpi con suavidad.
“¿Quién lo decidió?, ¿Por qué dices ser incapaz de hacer algo hermoso?…
Y si no lo sabes, descúbrelo…
Descubre si quieres traer muerte o hacer algo que creas hermoso.”, dije, antes de romper los barrotes de su celda y cargarla en brazos.
Le di una sonrisa.
“Descubramos juntos tu ideal, y si…
Al final quieres traer la muerte…
Puedo ayudarte un poco, pero estoy seguró que al final, crearemos un mundo hermoso.”, dije mientras la cargaba en brazos y me movia hacía la salida mientras rompía todos los barrotes de las celdas con llamas.
Era…
Sinceramente hermoso, aún qué muy complicado.
Caminé tambaleante con la niña en brazos hacía la sala del tesoro.
×××××××× ×××××××× Miré al señor brillante que soltaba risitas.
No lo entendía, ¿Por que decía eso?.
Un mundo hermoso…
Pero yo era fea, horrible, no podría crear algo hermoso.
Mi papá me lo decía todo los días antes de venderme, mí mamá nunca me miraba ni una sola vez, ni siquiera cuándo llore.
No lo entendía, era…
Era algo feo, nunca podría crear algo hermoso.
Todos me lo decían, era horrible.
Aún que llorara o sonriera, siempre fui algo feo.
Las luces brillantes en todos también eran feas, y mí luz…
Era las mas fea de todas.
Eso…
Lo entendía, pero ¿Por qué lo decía con sinceridad?.
Su luz…
Era diferente, era mas brillante…
¿Por qué algo tan brillante diría eso sobre algo tan feo?.
No lo entendía…
¿Por que?.
¿Sí…
Llorara sería algo lindo?, O…
¿Si sonriera sería algo lindo?.
El era feo, pero muy brillante.
Tal vez…
aún qué no pueda entenderlo, el señor brillante lo dijo sin mentiras.
Era fácil descubrir las mentiras, las luces se volverían aun más feas…
Por eso no me gustaban las mentiras, si mintiera…
Solo sería mas fea.
Pero, aun no lo entendía…
Su luz solo se volvía mas brillante, ¿Tal vez, el pueda darme un poco de esas luces?…
Así tal vez…
pueda volverme algo hermoso.
Pero…
¿En serio puedo hacer algo hermoso?…
Quiero creerle al señor brillante.
×××××××× ×××××××× Al fin la vi…
La puerta a la sala del tesoro, pero estaba custodiada por dos guardias, o más bién, dos bandidos Dejé a la niña justo en la esquina, no quería que se involucrara.
Así fui directo a los guardias con una sonrisa amistosa, ellos al instante de verme se congelaron cuándo vieron mi rostro.
Era cierto…
No tenía la mejor apariencia, pero no iba a desaprovechar la oportunidad, o al menos lo intenté.
La magia de fuego que me ayudó a liberar a los secuestrados no salió de mí mano cómo antes, ¿el poder…
Del guión se me escapó de las manos?.
Y así, mi ataque se convirtió en un saludo incómodo y probablemente horrible.
Me acerqué a ellos cómo el dueño del lugar, lo cuál, probablemente era cierto, aún que estaba un poco jodido, claro, tal vez podría sorprender a uno, ¿Pero y al otro?.
Hablé en tono levemente autoritario hacía los guardias que me hacían una leve reverencia.
“¿Qué hacen aquí?
¡Malditos imbéciles!…
¿¡No han escuchado la maldita alarma!?
Idiotas…
¡Vayan!
Nos están atacando, ¡Vayan a hacer algo útil, idiotas!.”, dije mientras le daba una cachetada a uno.
Y le escupi en el rostro al otro con una risa divertida.
Apretaron sus puños con fuerza antes de qué uno hablará, tenía un corte cicatrizado en el rostro.
“Joven señor…
Nosotros estamos protegiendo la bóveda, no podem-.”, le di otra cachetada por contestarme.
Hablé con el rostro rojo por la ira.
“¿Cómo te atreves…
A contestarme?
¡Soy tú jefe, maldito vago!, yo cuidaré la bóveda…
malditos cerdos.”, le di otra cachetada.
Vi cómo apretaban la mandíbula, tal vez por el enojó mientras hacían una reverencia y obedecían.
Cuando se dieron la vuelta…
Le pegué una patada en la espalda al de la cicatriz, cayéndose al suelo, al otro un puñetazo.
Miré a ambos, uno estaba tirado en el suelo, el otro con una mueca de dolor buscaba desenvainar su espada, y así me decidí.
Agarré al que tire al suelo con cierta dificultad y le estrellé la cabeza contra la pared de piedra vieja por el tiempo, la sangre salió acompañado de un quejido de dolor.
El otro ya se había recompuesto y venia hacía mi con su espada en mano, era una espada corta igual que la del otro.
Esquíve por poco la espada, y lo embestí con mi hombro, estrellándolo contra la pared de piedra.
Vi como sus ojos se habían vidriado, pero no dude antes de darle un cabezazo, que rompió su nariz.
Oí cómo se había roto algo, fue inquietante.
Me volví hacía el otro tirado en el piso de madera, que no se había desmayado y agarré su espada, le corté el cuello con una mueca, la sangre salió junto con su voz ahogada.
Respire agitadamente, la visión probablemente me daría pesadillas.
Pero duro poco la contemplación, por que tuve que esquivar, aún así la espada se clavó en mi hombro salpicando sangre, solte un gruñido ante el dolor.
Pero aproveché que su espada se atasco y lo tiré al suelo con una patada, antes de sacarme la espada apretando los dientes y la tiré hacía un lado.
Me acerqué al hombre que rogaba por piedad, con sangre en el rostro y lagrimas, era un hombre que iba a matar.
No quería, pero lo iba a hacer.
Le corté la garganta sin piedad ante sus palabras, la sangre vino manchando el piso mientras se ahogaba como el otro.
El aire olía a muerte y sangre.
Estaba adolorido, y probablemente iba a tener pesadillas, pero lo había logrado.
Así, tras minutos de lucha, había matado a dos hombres, confirmados por el susurró del primordial.
**Has asesinado a duncan femirgia, Has devorado su eco.**, susurró el primordial en su sagrada extensión **Has asesinado Damente grey, Has devorado su eco.**, susurró el primordial en su impía extencion.
×××××××× ×××××××× Tras perderme unas tres veces y tener encuentros incomodos con cuerpos desmenbrados, al fin pude llegar a la salida con casi 5 bolsas llenas de monedas de plata y oro.
Allí me recibió un caballero de plata mientras lo bañaba la luz de la luna, tenía a algunos animales extraños en la cabeza y brazos, algunos como monitos se habían quedados abrazados a sus piernas, y una serpiente blanca con lindas alitas se había enrollado alrededor de su cuerpo.
Pero su rostro inexpresivo no fue lo que me saludó, por primera vez…
Estaba completamente en shock mientras me miraba.
Miro mi cara y a la niña con cuernos que me usaba como caballo.
Le salude animadamente.
“¡Hola!
Vámonos, tu lideras…
Y acuérdate de quemar el lugar…
Ya libere a todos, probablemente te los cruzaste.”, le di una suave sonrisa que me genero dolor, en realidad, mí corazón también dolía.
El me miró unos instantes antes de que su rostro volviera a la normalidad, pero habló en tono completamente confuso.
“¿Que te paso…
en la cara?, y ¿La niña demonio?…”, preguntó el joven sin nombre.
Le sonríe mientras le echaba una mirada a la niña.
“¿Mi cara?
Solo la arreglé un poco, era muy fea…
Y ella…
Bueno, es un proyecto personal, si…
Sera como una hermana menor a la que tendré que malcriar y mimar excesivamente.”, solté una risa mientras caminaba con dolor.
El joven solo me miró con extrañeza antes de decirme que por donde iba no era e irse por el otro lado.
Maldije interiormente antes de seguirlo, oí la risita de la diosa qué lamentaba tener un Elegido tan inútil, perra.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com