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Los cielos indiferentes - Capítulo 24

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Capítulo 24: Capítulo 23 – Victoria.

Capítulo 23 – Victoria.

Me desperté agitadamente… Toda mi cama estaba húmeda de sudor… Y sangre se filtraba de mis ojos, oidos y nariz.

Mi cuerpo estaba muy, muy cansado y adolorido. También sentía mucha hambre… En resumen me encontraba fatal.

Me dolía la cabeza y, aun que me sentía cansado… También me sentía totalmente descansado… ¿Por que?.

Tal vez… Esa sea la prueba de que había ganado. Lo hice… ¿No?, le gane a la maldita bestia… Yo había ganado.

Me reí a carcajadas en la soledad de mi cuarto, había asesinado a la bestia… Lo logré en verdad.

Solte un gritó de victoria antes de levantarme de un saltó… Pero salió mal, mis piernas no pudieron sosterme y me caí al suelo.

Y aún así me seguí riendo en el suelo, quizás no había pasado más de 4 horas allí… Pero no fueron para nada agradables.

Lo peor… Fue cuándo vi a la bestia… No solo su forma, sino su interior… Su mente. Había vivido su soledad… Yo fui alguien solitario, pero al final tuve muchos amigos y compañeros… La bestia siempre estuvo sola.

Había devorado todo el bosque… Gobernandolo, creyendo que llegaría a las ‘Visiones’… Al final, solo obtuvo más hambre.

Me quedé viendo el techo en silencio por varios minutos… hasta que en algún momento habían llegado algunas personas.

Desvíe la mirada hacía el cuervo que me miraba con su habitual indiferencia, a su lado estaba Laverna… Vestida de sirvienta, con una falda quizas un poco corta.

Frunci el ceño… Los dos estaban juntos, Laverna se escondía usándolo a el y, ella vestia una ropa extraña.. Sospechoso, ¿Quién tenía el gustó extrañó?.

Dejando de lado mi ship Lavecur… O ¿Cuelave? También estaba Aradia, vestida con un pijama… Me miraba con ligera preocupación, ¿Por que lo hacía?

Detrás de Aradia había una joven que perfectamente podría tener unos 15 años… Y la acompañaban otras dos jóvenes quizás de 13 o 12… Todas con atuendos para los sirvientes.

No pude evitar sonreír… ¿Había hecho tres amigas? Que bonita la juventud. Aradia se me acercó primero, para lamentó de sus probables sirvientas personales.

Ella se agachó un poco y me paso un… ¿Pañuelo? Por la cara, cuándo terminó asintió quizás satisfecha antes de levantarse y, hablar hacía mí.

“¿Estás… bién?.”, dijo con su habitual seriedad.

Era una buena pregunta… Me sentía fatal, quizás había sufrido una conmoción cerebral… Aún que no se que hace eso.

Hablé con un tono confiado hacía Aradia.

“Claro que estoy bién… Soy invencible, nada puede quitarme la vida… Bueno, una espada si. Pero… En fin, ¿Quiénes son tus amigas?.”, señalé débilmente hacía las tres jóvenes… Que me hicieron una rápida reverencia.

¿Cuanto tiempo dormí?… Era imposible que ella hiciera unas amigas en la mitad de la noche.

Aradia las miró de reojo, antes de que las tres muchachas se adelantaran… Y la mayor habló con un tono respetuoso.

“Saludos… Señor Eirwen, es un placer para nosotras que quiera oir nuestros humildes nombres… Soy Irina, la sirvienta principal de la joven ama.”, su expresión era sería, aun que se le notaba nerviosa.

Su apariencia en mi mundo estaba por encima de la media, pero… En este mundo no lo sabía, había demasiadas personas hermosas.

Laverna, El cuervo y hasta Aradia serían considerados muy, muy hermosos… Hasta yo soy guapo, aún que tengo la mitad del rostro quemado… Pero la otra mitad es guapa.

No había visto personas feas, claro, el día que salí a pasear con Aradia vi a unos enanos… No eran guapos para mi, y las enanas tampoco… Pero eso ya era más quizás por la diferencia de la raza, y por el mundo en el que me crié.

Dejando de lado la extrema belleza física de las personas de este mundo… La sirvienta posicionada a la izquierda empezó a hablar, se le notaba muy nerviosa… Demasiado.

“S-saludos… Señor E-Eirwen, es un placer tener el honor de conocerlo… Me llamó Eulalie, soy la sirvienta asistente… De la joven ama…”, la vi tragar saliva… Sus ojos se desviaban constantemente a cierto lado de mi rostro, y cada vez palidecia más.

Fue gracioso, empezaba a darme risa el miedo que tenían los sirvientes de la mansión hacia mi… Y más aún con una parte de mi cara quemada. Cuándo dormía me quitaba la medía máscara, aún que casi no la sentía, prefería no dormir con ella.

Me levanté débilmente, gracias a la pronta ayuda del Cuervo y, nuevamente gracias a el llegué al escritorio… Agarré la máscara de bufón sin expresión. Ante las silenciosas miradas me puse la máscara, tapando mi quemadura.

Con el cuervo ayudándome, me senté en la silla del escritorio, una muy cómoda por cierto.

Llevé mi atención hacia la tercera y última sirvienta, que había esperado su turno de presentarse en silencio.

A ella no se le veía muy preocupada ni nerviosa, se le veía emocionada… ¿Una rarita?… Espero que no sea mala influencia para Aradia.

Me dio una sonrisa respetuosa, y me habló con un brillo raro en sus ojos… Me generó un escalofrío.

“Saludos señor Eirwen, es usted tan guapo como dicen… ¿Acepta sirvientas personales?, me encanta cuidar a los enfermos… ¿Sabe?, yo ayudaba a mi madre con los enfermos del pueblo… Su quemadura es fabul-.”, la rara quiso continuar… Pero Irina la detuvo agarrandole del cuello y, obligándole a hacer una reverencia.

Irina al instante palidecio, y la Eulalie parecía a punto de morir. Irina con la mirada baja habló en un tono profundamente respetuoso.

“¡Lo siento, Señor Eirwen!… Por favor perdonele, si a de castigar a alguien que sea a mi… Se lo ruego.”, tragó saliva visiblemente mortificada.

Fue admirable ver la muestra de camaradería. En realidad no me había molestado… Pero me mantendría muy, muy alejado de la rara.

Cuándo hablo parecía un doctor de una serie de drama que ve un espécimen único. ¿Esa era una mirada de una niña de 13?, estaba seguró que en el futuro sería una criminal buscada… Pero seguró que Aradia le contagiaria su seriedad.

Tal vez ella sería una mala influencia… Pero Aradia prevalecerá.

Levanté la mano perezosamente, y hablé sin darle mucha importancia.

“No te preocupes, no me molestan esas nimiedades… Soy un hombre que solo ve la eficiencia, así que trabajen seriamente.”, mi tono era serio. Tal vez… Pude haber sido un actor en mi otra vida.

Casi sonrió, casi… Pero mantuve mi rostro serio. Mire sutilmente al cuervo, quién parecía divertido, o aburrido… O quizás indiferente, no lo sabía.

El pareció entender mi mirada y, tras esperar que las sirvientas terminaran su agradeciendo que sinceramente no preste atención, se acercó a Aradia y probablemente le dijo algo sobre si podía irse unos minutos.

Tras otras reverencias tediosas… Las 3 jovenes se retiraron siguiendo a su seria joven dama. Que grupo más variopinto, esperaba que se llevarán bién.

××××××××

××××××××

Habían pasado unos minutos tras la partida… Todos estábamos en silencio, silencio que yo rompí… Mirando a los dos con una sonrisa sutil.

Hablé apuntadolos con el dedo acusadoramente…

“Entiendo si tienen un gustó extrañó… Pero por favor, tengan un poco de decencia. Yo sabía que ustedes coqueteaban sutilmente, dejando de lado mi reproche anterior… Y que no me agrades… Laverna… Quiero decir que los apoyó.”, dije quitandome una lagrima imaginaria… Aun que no sean mis amigos, yo era un buen amigo.

Laverna ante mis palabras se inspeccionó en el espejo de pared con un leve rubor, podía ser linda cuándo se avergüenza.

Y el cuervo… Sólo pestañeo con indiferencia, aún que juré que vi su mandíbula tensarse…¿Victoria?, tal vez.

¿Cómo podía ser tan serio?, claramente no sabía disfrutar de la vida, yo ganare la guerra. Sonreí ante los dos tortolitos… Lo veía con claridad, la primera del harem del cuervo era Laverna.

Una ladrona torpe y con mucha suerte conoce a un caballero serio, pero en el fondo con un corazón justo… Claramente era una buena pareja.

¿Viviré para ver nacer una hermosa familia?

No pude contener la risa, me reí a carcajadas ante los dos, quiénes me miraban con perplejidad… Bueno, solo Laverna.

El cuervo me interrumpió hablandome con su tono habitual, cómo una espada me atravesó sin piedad.

“Has dormido por 5 días… Solo falta una semana para la cena. Cómo estás tan de buen humor creó que podrás llegar solo a tu cama… Me despido, que tengas una buena noche.”, y se fue sin esperar respuesta… Laverna parecía indecisa antes de decidir irse también…

La calma había vuelto a mi cuarto… Mi risa se había apagado mientras miraba la ventana… Lamentablemente la vista estaba cubierta por una cortina.

Solo suspire ante el silencio, yo había ganado… ¿Estaba solo en este mundo como la bestia?

El susurró llegó sacandome de mis pensamientos, su hermosa e irritante voz no se podía ignorar del todo.

“Ganaste… No hagas una cara así, nunca enamoraras a una doncella noble con esa expresión.”, me reí ante sus palabras, que tontería.

Negué con la cabeza con irritación hacía la diosa, susurre mi respuesta ante su burla.

“¿Por que querría enamorar a una doncella, teniendo a una encantadora diosa?… Claro, tu encantó esta muy dentro tuyo.”, mentí descaradamente, esa horrible diosa no tenía encantó.

Ella solo soltó un bufido para nada femenino… ¿Pero acaso esa cosa tenía siquiera un género? Era una buena pregunta, pensaba en ella en femenino, ¿Pero era en realidad una mujer?

Claro que no iba a preguntarle… Si en verdad era mujer, no creó que le agrade esa pregunta.

La diosa me sacó de mis pensamientos con su irritante voz

“¿Estás teniendo pensamientos blasfemos hacía tu patrón?… Un mortal no debería cuestionar la divinidad, y menos el posible género de su bondadosa diosa… La próxima vez que se te ocurran esos pensamientos te hare un eunuco.”, la diosa soltó la risita mas inocente que escuché en mi vida…

Decidi que era hora de ver la recompensa final… La clase de rang-… Un ruido me interrumpió, alguien había tocado la puerta.

Vi como se abría la puerta lentamente y emergía una niña con cuernos, su expresión tan vacía cómo siempre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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