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Los cielos indiferentes - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 Capítulo 8 - Devorador de Ecos
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9: Capítulo 8 – Devorador de Ecos.

9: Capítulo 8 – Devorador de Ecos.

Capítulo 8 – Devorador de Ecos.

Caminé tambaleante por el oscuro bosque, los cielos plateados me bañaban en su luz mientras mí verdad oculta en mí corazón se fortaleció.

El bosque era extraño…

Sus troncos oscuros y torcidos, con ramas afiladas qué se elevaban hacía arriba con sus hojas esmeraldas cubriendo el cielo.

Aún qué la luz plateada se colaba igual entre sus hojas, el bosque era vibrante con los sonidos de insectos qué sonaban por todas partes y los gruñidos animalisticos qué se oían sin fin.

Caminaba con pasó ligeramente rápido, aún qué la diosa dijo que nada me atacaria, no quería quedarme mucho en esté tenebroso bosque.

Solté un gritó silencioso ante una mariposa con rostro humano, la vi sonreirme mientras me evitaba, y en su error fue atrapada.

La mariposa horrorosa fue atrapda por una red de seda negra, cuando instantes después una polilla se poso en el capullo, sus alas vastas y raídas cómo bordadas con patrones de ojos cosidos en su membrana translucida miraban a la mariposa con hambre bestial.

Su horrorosa cabeza bulbosa fijada en el capullo, emergian antenas segmentadas, mientras de su boca abierta se escapaba su saliva viscosa y maloliente.

Bilis amenazaba con escapar de mís entrañas, caminé mucho mas rápido mientras mí pasó tambaleante se esfumaba.

Así, más horrores sobrenaturales vi en el terrible bosque, pero…

Me evitaban como la peste.

Caminé hacía adelanté buscando civilización, pero solo encontraba mas monstruos horrorosos, por suerte me evitaban, pero eran horrorosos, así qué aparte la vista.

Miré a los cielos esperando encontrar aquéllas vistas desconocidas, pero solo encontré a otro horror acechando.

Era un pájaro de plumas quemadas, en su cuerpo alargado y huesudo se encontraba acechando en los cielos, su pico obsidiana goteaba una saliva negra, sus tres ojos rojos brillaban de perversa inteligencia.

Me miraba con fascinación, e hizo algo que me dejó mudo de miedo.

Su voz perverza y hueca sono, cuál eco hueco pareció no importarle el vibrante bosque perverso.

“Je…

Je…

¿Me ves?…

Je…”, susurró la pesadilla.

Aparte lentamente la vista, mientras empezaba a correr de miedo.

El aire puro entraba en mis pulmones mientras corría con rapidez, queríendo escapar de la vil abominación, casi me atore con una de las enredaderas rojizas que crecían desde el centro del bosque tenebroso, aún qué naturalmente me dirigía hacía las afueras.

Esquive un cadáver podrido llenó de gusanos qué devoraban su carné putrefacta.

Mientras corría, oí el podrido aleteo del pájaro seguirme desde la distancia, así qué con tranquilidad pense en mí mente.

“¡Perra!

¡¿Por que me sigue?!…

¡Contesta, diosa de mierda!.”, susurre sin mucha de la tranquilidad qué quería.

La eterna voz irritante de la diosa maligna respondió con una risita divertida.

“Deberías tranqulizarte un poco, ¿Por que siempre estas tan alterado?…

Mira, esa criatura es claramente inteligente…

Te sigue por que podrías parecerle un manjar.”, respondió ella divertida.

Corrí mas rápido mientras juré en mí corazón que me vengaría de ella.

Susurre en mí mente alterada.

“¡No pregunté eso!…

Dijiste que no sería atacado por ninguna criatura hasta después de 7 horas…

Mentirosa de mierda.”, dije en mí consciencia mientras casi tropiezo con una roca qué me hirió un poco el pié con su afilada superficie.

¿Por qué todo parece tan afilado y mortal?.

Los hororres seguían evitandome, menos el vil pájaro susurrante, sus aleteos perversos se escuchaban acechandome.

La diosa me contestó.

“¿Ves otra criatura cazarte?

A qué no, ¿Verdad?…

El pajarillo te sigue por qué es inteligente, las demás criaturas te evitan por qué siguen sus instintos…

Pero el no.”, dijo ella sin mucho interés.

“Entonces creó…

Qué pase un tiempo aprendiendo a caminar, tal vez tenga menos de 5 horas para escapar…

Así qué tendré que irme en 3 horas antes para estar completamente seguró.”, pensé para mí mismo.

Esquive una rama torcida afilada como todo lo demas en el bosque, e instantes después tuve qué evitar una telaraña qué en sus hilos llevaba un líquido extrañó.

Rodeé un perturbador hoyo en el suelo mientras corría con rapidez, las ramas afiladas de los árboles torcidos me cortaron mí espalda con facilidad.

Miré hacía atras esperando que el horripilante animal haya desaparecido, pero seguía ahí…

Acechante.

El vil pájaro susurrante esquivaba los obstáculos y otros cazadores con injusta facilidad.

Ademas…

¿Cómo podía volar con esas alas quemadas?.

Corría con sorprendete velocidad, pero una raíz sobresaliente me hizo tropezar y caí al suelo de cara, tragué la tierra negra sin querer mientras juraba en mí corazón qué desinfectaría todo mí cuerpo.

Me levanté tambaleante mientras miraba con odio sin contener a la raíz causante de mí caída y le daba una patada cómo venganza.

Pero, oí la risita del horror susurrante que me miraba con hambre.

Me quede pálido mientras echaba nuevamente a correr con pelos de punta.

Mí cuerpo poderoso no se sentía cansado, sólo tenía rasguños por ramas, piedras y corteza qué también tenía un inquietante filo, todo era capaz de atravesarme, ¿Todo quiere matarme?.

Era un pensamiento sorprendente.

Respire hondo el cargado aire de algo que no pude identificar…

¿Quizás maná?.

El aire era puro, libre de impurezas cómo las de mí mundo.

Escuché mientras corría con agitación el sonido del agua, era para dónde me dirigía, según la diosa en esa dirección estaba la civilización, y se escuchaba cerca.

Rodeé a unos animales que se parecían a los de mí mundo, eran unos ciervos con manos humanas y ojos en sus espaldas esqueléticas, sus astas estaban podridas.

Estaban comiendo cadáveres de caninos sin pelo, manchandose de sus vísceras y con su sangre negra pegándose a su piel.

Me dirigí hacía el probable río ignorando la escena de pesadilla.

¿La bestia me seguiría aún allí?, si en verdad era inteligente, no lo haría.

Tampoco había pasado más de una hora…

Así qué saboree el sabor de victoria.

Me giré hacía el maldito pájaro y le hice un gesto obsceno con una sonrisa burlona.

Pero…

tal vez debería replantearme el celebrar una victoria antes de llegar a la meta.

Me caí de espaldas rodando sobre lo qué al parecer era una colina…

¿En serio?.

Maldije interiormente mientras chocaba contra lo que suponía qué era un árbol, y seguí cayendo de lado.

Había empezado a sentir caliente la cabeza y ya me estaba mareando.

Mí cuerpo antes poderoso se estrelló contra un árbol especialmente duró y tal vez mí pierna se dobló, si es que es posible, o tal vez se rompió.

Un líquido qué esperaba qué sea sudor caía de mí cabeza metiendose en mí ojo izquierdo.

Mí cuerpo recién curado me dolía todo, probablemente me iban a salir moretones por todos lados.

Me queje de dolor cuándo trate de ponerme en pié, al final, si se había roto mí pierna dominante.

Maldije nuevamente mientras qué en la distancia oía el susurró del vil pájaro, su risa desde la distancia se acercaba, la cacería se acababa.

Me arranqué mí desdichada ropa y agarré una rama rota, miré hacía mí pierna la cuál sangraba y el hueso sobresalía.

Apreté los dientes ante el dolor e inmovilice la pierna con la rama atandola con la tela y asegurando que esté por encima y por debajo de la fractura, solté un silencioso gritó de dolor.

Me arrastre llegando al árbol del qué casi robote, me agarré de la corteza qué me hizo sangrar las manos y rompí una rama con una punta afilada.

Con la tela desgarrada sobrantes y algunas de las carmesíes enredaderas cubrí la improvisada lanza, la sostuve desde la tela y las enredaderas atadas.

Mientras me ponía en pié con mí lanza improvisada una voz susurró curiosa.

“Reaccionaste demasiado rápido…

para alguien qué vive en un mundo pacífico cómo el tuyo es bastante impresionante.”, dijo la diosa divertida.

Frunci el ceño, el susurró del vil pájaro sonaba cada vez más cerca, ¿Podría sobrevivir?…

No, lo haré aún qué me desgarre el cuerpo enteró, tengo que vivir…

Para crear un mundo perfecto.

“Mí padre amaba ir de caza…

Y a veces me llevaba con el, así qué me enseñó cómo sobrevivir si nos perdíamos alguna vez…

íbamos a veces, pero cuándo ingresé a la Universidad ya no tenía tanto tiempo…

Pero aún me acuerdo.

¿No deberías saber ya esto?…

viste mis memorias.”, dije mientras me tocaba la cabeza, miré mi mano y el líquido rojizo qué no quería ver apareció.

Apreté la lanza con fuerza…

Y lo vi.

Allí estaba aquél cazador susurrante, el vil pájaro me miraba con ojos burlezcos desde una rama a unos metros, su pico obsidiana goteaba saliva negra.

“Sí…

Las vi, pero me salté lo aburrido.”, respondió la diosa en un susurró, aún qué no le presté más atención.

Miré atentamente al monstruo qué probablemente era mas grande qué un Cóndor andino.

Sus tres ojos me devolvieron la mirada, y levanté la lanza cuándo alzó vuelo.

Se lanzo hacía mí, esquive apenas su pico obsidiana qué me rozó el brazo, su saliva negra pudrio la herida qué la vil bestia me hizo.

Solté un gritó de dolor mientras barria el aire donde momentos antes había estado el vil pájaro susurrante.

Miré hacía el cielo nocturno y rápidamente me agache, el pasó justo donde mí cabeza había estado antes.

La bestia susurró cuándo volví a atacar.

“Je…

¿Tienes…

miedo?…

Je…”, susurró la bestia con diversión animal.

Apreté los dientes molestó, mientras volvía a esquivabar escasamente, y atacaba fallando nuevamente.

¿Estaba perdiendo?, No iba a ocurrir, tenía qué ganar a toda costa.

Me tiré al suelo justo cuándo pasó al lado mío la bestia, mí lanza se me había escapado de las manos, agarré la tierra negra y se la lancé.

Chillo molesta en la nube de tierra cuendo me lancé hacía el, y lo atrapaba en mis brazos, me mordió con su pico pestilente al brazo…

Y yo mordi su cuello con plumas quemadas como represalia.

Habíamos caído al suelos los dos mientras su pestilencia se extendía en mí brazo, probe su carne asquerosa y escupi su sangre negra.

Golpee su cabeza una y otra vez, el maldito solo apretó su afilado pico en mí brazo.

Agarré con mí brazo libre una piedra cercana y golpee su cabeza con ella, uno de sus ojos perversos se escapó de su cuenca en el segundo golpe.

En el tercero sangre empezaba a salir de su cabeza huesuda, en el cuarto su agarré por fin se aligeraba y lo agarré tirando para que suelte mí brazo desdichado.

Le di una patada qué lo mando a unos metros.

Agarre mí lanza partida y me acerqué tambaleante ante la ave cuál cuerpo temblaba.

Atravese su ala con la lanza, enterrandola en la tierra negra, con la piedra golpee su cabeza otra vez, su sangre negra mancho mí rostro, pero seguí.

Partí su otra ala, rompí su picó obsidiana.

Aplaste su cabeza sin piedad ante el pájaro susurrante, y un susurró sono el cuál me dio la victoria.

**Has asesinado al Engendró del ladrón de susurrós, el qué devora ecos.**, susurró él primordial.

Respire agitado y caí de rodillas, mí brazo estaba podrido y parecía qué se iba a caer.

La pestilencia del engendró…

No, el pájaro susurrante se había esparcido demasiado, sí no llegaba a la civilización…

Iba a morir, y esperaba qué sean capaces de salvar mí vida, en mí anterior mundo ya estaría condenado.

Me levanté tambaleante mientras usaba una rama como bastón.

Estaba lleno de sangre, tierra y la podredumbre se extendía en mí.

La voz susurró sin importarle mí estado.

**Haz obtenido el rasgo de raza: Devora ecos.**, susurró la voz, pero lo ignore.

Caminé con dolor mientras mí consciencia se tambaleaba, pero persistí, Caminé, caminé y caminé…

Mí brazo colgaba unido solo por la carné podrida, pero se mantuvo.

El susurró de la diosa llegó, tal vez felicitandome o burlándose, pero no lo registre mientras caminaba.

Los árboles se vieron cada vez menos mientras llegaba a un río rojo, caminé siguiendolo instintivamente.

Caminé y caminé, mí cuerpo roto se balanceaba inestable, pero no me rendí.

¿Cómo podría?…

Tenía un deber, crear un mundo perfecto.

Por eso persistía.

Aún que nada ni nadie me impuso esa ambición, lo iba hacer.

Por eso me enfrente al pájaro susurrante aún qué tenía miedo y quería rendirme, por éso no lloré ante el terrible dolor ni una vez.

Lo juré en mí firmé corazon.

Rasgare el cielo indiferente.

Lo fragmentare.

Caminé por quién sabe cuanto tiempo, pero…

al fin veía un muro.

Era la civilización, vi siluetas borrosas humanoides correr hacía mí.

Lo había logrado, había sobrevivido un día más.

Por fin me permitía descansar, caí al suelo de espaldas, mirando a los cielos que fragmentare sin importarme el dolor, el calmante abrazó del sueño me atrapó.

Lo último qué vi fue el cielo, un cielo que empezaba a conocer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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