Los días de un matrimonio falso con el CEO - Capítulo 224
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Capítulo 224: Ven conmigo (1)
Mu Huan lo miró y se vio obligada a preguntar: —Ya que te gusto tanto, ¿por qué no confiaste en mí?
¿Acaso se puede querer tanto a alguien y, aun así, no confiar en esa persona?
Si ni siquiera puedes confiar en la persona que quieres, ¿es eso cariño de verdad?
—Yo… —Gu Chenyi se quedó sin palabras.
—Gu Chenyi, tal vez no te gusto tanto como te lo imaginas. Quizá es solo porque perdiste antes de haber ganado, y te cuesta aceptarlo. Si de verdad quisieras a alguien, no te comportarías así; no sería que, por mucho que intente explicarte, no me creyeras; no sería que solo creyeras lo que dicen los demás y me lastimaras. Ya que les crees tanto y piensas que soy la clase de persona que ellos dicen que soy, ¿por qué te sigo gustando y no puedes superarlo ni siquiera ahora? ¿Qué es lo que te gusta de mí? ¿Qué es eso a lo que no puedes renunciar?
Mu Huan no entendía cómo podía decir que le gustaba y, a la vez, despreciarla con sus actos. Si él pensaba que ella era esa clase de repugnante materialista que solo busca el dinero, ¿qué le gustaba de ella?
¿Le gustaba su nauseabundo materialismo y su afán por el dinero?
—No sé qué me pasa, no quiero ser así… —dijo Gu Chenyi con angustia.
Era como ella decía, si él sentía que era el tipo de mujer que quería acercarse a él por dinero, que vendía su cuerpo y se había convertido en una chica de alterne por dinero, ¿qué le gustaba de ella?
¿Por qué no podía dejarla ir?
—Si no quieres ser así, entonces deja de darle vueltas —dijo Mu Huan con un suspiro.
—¿Cómo quieres que no le dé vueltas? ¡Te veo todos los días! —¿Cómo podía dejar de pensar en ella?
—O si no, ¿por qué no te vas al extranjero? Si te fueras, no me verías, y como dicen, ojos que no ven, corazón que no siente. Podrías empezar de nuevo. ¡Muy pronto lo olvidarías todo! —sugirió Mu Huan.
—¿Fuiste tú quien le sugirió a mi tío que me enviara al extranjero? —Lo que ella acababa de decir le recordó la vez que su tío le había lanzado dos gruesos volúmenes y le había ordenado que terminara de leerlos en dos días. Si no, lo mandaría al extranjero. Eran unos libros tan gruesos que era obvio que estaba intentando ponérselo difícil.
—¿Tu tío quería enviarte al extranjero? —Mu Huan pareció sorprendida.
Gu Chenyi no continuó. Se dio cuenta de que ella no sabía nada sobre el asunto.
Miró a Mu Huan durante un largo rato. Finalmente, se decidió: —¡Xiao Huan, ven conmigo! No importa lo que pasara en el pasado, a partir de ahora, me tienes a mí. Dejaremos todo esto atrás y nos iremos a algún lugar donde nadie nos conozca. ¡Empezaremos de cero!
Ella abrió los ojos de par en par, incrédula.
Él estaba…
¿Le estaba pidiendo que se fugaran juntos?
¡Demonios!
Este crío… este crío… ¡¿en qué estaba pensando?!
—¡Xiao Huan, dejemos el pasado atrás, olvidémoslo todo! ¡Nos iremos de este lugar y estaremos juntos para siempre! —De repente, alargó la mano y le agarró las suyas con fuerza, mirándola con ojos suplicantes que parecían decir:
No me rechaces, ¡lo estoy arriesgando todo al tomar esta decisión!
No le importaba qué clase de persona hubiera sido ella antes, ni lo que hubiera pasado entre ella y su tío. ¡Con tal de que, a partir de ahora, solo lo quisiera a él!
Gu Chenyi no podía aceptar que Mu Huan siguiera con su tío, y no podía aceptar tener que casarse con Lin Qingya.
El rechazo de estos hechos lo empujó a tomar la firme decisión de dejarlo todo, de no preocuparse por el tipo de persona que era Mu Huan, de que no le importara lo que hubiera hecho en el pasado. Con tal de que, a partir de ahora, ella lo quisiera solo a él y le fuera fiel.
Su súplica, casi desesperada, impidió que Mu Huan se lo quitara de encima de una patada, como le daban ganas de hacer. No fue capaz de hacerlo y se limitó a retirar la mano a la fuerza.
—¡Gu Chenyi, eso es imposible! —Ahora era su tía, ¡y no podía ni imaginarse las consecuencias de fugarse con él! Es más, aunque no hubiera consecuencias, y aunque no fueran tía y sobrino, ¡tampoco se habría fugado con él!
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