Los días de un matrimonio falso con el CEO - Capítulo 30
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30: Sin título 30: Sin título Pero desde la perspectiva de Bao Junyan, su expresión feroz parecía la de una gatita fiera que intentaba mostrarse adorablemente enfadada.
No tenía ningún aura asesina a su alrededor, solo desprendía una especie de ternura que daban ganas de acariciarla.
—Pórtate bien.
Bebe un poco de agua y vete a dormir —intentó convencerla, acariciándole el pelo.
—¡No quiero!
¡Quiero helado!
—dijo Mu Huan con determinación.
—¡Obedece!
—Bao Junyan estaba acostumbrado a que los demás le escucharan.
No supo cómo seguir engatusándola y, por lo tanto, volvió a ser autoritario.
—¡No, no quiero!
¡Quiero helado!
¡Helado!
Bao Junyan se frotó la frente.
En ese momento, Mu Huan, que al principio estaba furiosa, empezó a sollozar.
—Quiero comer helado, quiero comer helado… Eres un hombre malo por no dejarme comer helado… Bua, bua…
No era un sollozo fingido.
Estaba llorando de verdad, con lágrimas rodando por su cara.
Esas brillantes y translúcidas lágrimas hicieron que Bao Junyan no pudiera permanecer insensible ante ella.
Solo pudo hacer que alguien trajera un poco de helado.
Mu Huan sonrió satisfecha cuando pudo comer el helado que quería.
Volvía a ser una chica adorable, encantadora y obediente.
Mu Huan dejó de comer a medias mientras lo recorría con la mirada.
—Tío, ¿por qué eres tan entrometido?
¡Por qué tenías que meterte donde no te llaman e impedir que los demás coman helado!
Bao Junyan: …
¿Tío?
¡Solo tenía 30 años!
¡Era la flor de la vida para un hombre!
—No te enfades, solo digo la verdad… —dijo Mu Huan, haciendo una pausa por un momento al haber olvidado lo que quería decir.
Justo cuando se esforzaba al máximo por recordar lo que quería decir, le arrebataron el helado de las manos.
—¿Que dices la verdad?
¡Genial!
—se rio Bao Junyan en lugar de enfadarse.
Sin embargo, la borracha Mu Huan no pudo evitar sentir un escalofrío y temblar ante su sonrisa.
Pero ella aun así insistió en que quería comérselo.
—Devuélveme mi helado…
—¿Todavía lo quieres?
—Ese tono grave y atractivo era como la voz seductora de Satanás desde el infierno.
Se sabía que era peligroso, pero era imposible rechazar su atracción.
—Sí.
…
Como de niña pasó hambre, Mu Huan se despertaba constantemente por esa misma sensación.
Cuando creció y tuvo la capacidad de cuidarse a sí misma, se permitía sufrir cualquier tipo de agravio, excepto el hambre.
En cuanto sentía un poco de hambre, comía algo.
Esto la hizo incapaz de soportar la más mínima punzada de hambre.
Por lo tanto, sin importar lo cansada que estuviera o lo tarde que se durmiera, en el momento en que sentía hambre, se despertaba.
Se dio la vuelta en la cama y se preparó para levantarse, pero entonces su mano tocó una pared de duros músculos.
Se quedó atónita un momento antes de incorporarse al instante.
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