Los Ecos de la Guerra - Capítulo 12
- Inicio
- Todas las novelas
- Los Ecos de la Guerra
- Capítulo 12 - 12 El futuro distante
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
12: El futuro distante 12: El futuro distante Mientras Kayn acariciaba la cabeza del pequeño, un profundo y sonoro rugido resonó junto a él.
Sor levantó las orejas con curiosidad, y él giró la cabeza hacia Burst, quien se encontraba con una mano firmemente sobre el estómago, el rostro pálido y crispado por una evidente molestia.
Además de Kayn, algunas personas cercanas también parecieron escuchar aquel rugido, soltando risas disimuladas y comentarios.
―¿Eso ha sido tu estómago?
―preguntó Kayn.
Burst gruñó por lo bajo, evitando su mirada.
―Parece que algo me ha sentado mal.
―¿No decías hace nada que habías ido al baño antes de venir?
―Sí, pero tal vez comí algo en mal estado durante el desayuno y parece…
que ha empezado a hacer efecto ahora ―admitió, visiblemente incómodo y apretando aún más la mano contra el estómago.
―No sería la primera vez que te pasa.
―En serio, necesito ir ahora mismo al baño.
Si me llaman antes de que vuelva, di que…
no sé, que me ha surgido un problema o algo así, ¿de acuerdo?
―Espera, ¿qué?
No puedes solo…
Antes de que Kayn lograra articular una sola palabra, Burst ya se había dado la vuelta.
Avanzó entre la multitud con pasos rápidos, empujando sin mirar atrás, decidido a desaparecer.
No dejó espacio para una réplica ni para el más mínimo gesto de respuesta.
«En menos de un minuto me he quedado solo», pensó.
Sor alzó la cabeza.
Los ojos redondos y brillantes lo miraron con una atención que parecía demasiado lúcida para un ser recién nacido.
Kayn bajó la mano, acariciándole el lomo.
Fue entonces, en medio de aquel breve momento de paz, cuando su atención fue capturada por una voz profunda a pocos metros de él.
Provenía de una pareja de domadores, vestidos con túnicas oscuras y adornadas con símbolos plateados, que hablaban entre susurros.
Sin embargo, resultaban lo bastante claros para que Kayn los escuchara.
Debían de haber venido junto a Rolland dado que sus vestimentas eran bastante similares.
Cada uno de ellos tenía a su lado un guardián.
Uno de ellos tenía la apariencia de un tejón de color azulado mientras el otro acariciaba la cabeza de un lince con un pelaje grisáceo.
El primero parecía hablar con su guardián lo que hizo a su compañero mirarlo de forma preocupada.
―¿Ocurre algo?
―Al parecer han atacado el Bastión Borg ―susurró el primero frunciendo ligeramente el ceño―.
Aún no han dado todos los detalles, pero el mensaje dice que fue una incursión repentina en la mañana.
―¿Quién sería tan insensato como para atacar un lugar tan protegido?
―preguntó el segundo domador, desconcertado―.
Las defensas del Bastión Borg son legendarias.
―No se sabe aún quién está detrás de esto, pero parece que lograron llevarse uno de los artefactos resguardados en las cámaras más profundas ―explicó el primero con tono sombrío―.
Aunque parece ser que solo fue un trasto inútil.
―¿Qué hay de los guardias?
¿Muchos heridos?
―Ni idea, no han informado de nada.
―¿El maestro Windwalker se habrá enterado?
―Lo hará.
Tan pronto como acabe la ceremonia recibirá la información a través de Luka.
Puede que incluso ya lo sepa, pero supongo que ahora mismo no le sirve de nada preocuparse.
Vamos a tener que investigar esto seriamente.
«¿De qué están hablando?» ―¿Qué miras?
Sobresaltado como si lo hubieran pinchado con una aguja, Kayn dio un pequeño respingo, acompañado de un leve jadeo que se quebró en el aire.
Retrocedió un paso con torpeza, y en su movimiento inesperado, por poco colisiona con otra figura, aunque consiguió evitar el choque en el último instante.
Parpadeó varias veces, visiblemente confuso, hasta que se dio cuenta de que la persona frente a él era Lyra, quien trataba de ocultar una carcajada bajo su mano.
Estaba tan concentrado en aquella conversación que ni siquiera fue capaz de reparar en su llegada.
―¿Lyra?
¿Desde cuándo estás aquí?
―preguntó, todavía desorientado mientras intentaba recuperar su dignidad.
―Más tiempo del que me gustaría admitir, pero estabas demasiado concentrado en… lo que sea que haya entre esos matorrales ―comentó ella―.
¿Qué se supone que estabas mirando?
―Solo estaba…
Kayn volvió al mirar el lugar donde antes de encontraban aquellos domadores, pero ahora esa zona permanecía vacía, como si nunca hubiesen estado allí.
Eso le produjo una extraña inquietud que prefirió disimular con torpeza.
Lyra inclinó la cabeza algo confundida.
―Nada importante ―dijo, encogiéndose de hombros de manera forzada―, solo me distraje.
Lyra extendió sus brazos para recuperar a Sor, quien al verla agitó felizmente la cola y saltó hacia su pecho con un movimiento ágil, acomodándose al instante.
Ella sonrió con ternura, acariciando la cabeza del pequeño guardián, que respondió con un débil gruñido.
―Por cierto, ¿dónde se ha metido Burst?
―preguntó con curiosidad mientras el guardián escalaba hasta posarse sobre su cabeza―.
No lo veo por ninguna parte.
―Digamos que…
tuvo un pequeño contratiempo.
Tardará en volver.
La muchacha asintió, percibiendo que su amigo no deseaba dar más detalles.
Prefirió no indagar más al respecto.
Durante unos segundos, ambos permanecieron en silencio, dejando que una ligera incomodidad se instalara entre ellos.
El joven se aclaró ligeramente la garganta, intentando romper la tensión mientras miraba de reojo como Lyra jugueteaba con Sor.
―¿Cómo se encuentra Hana?
Lyra se quedó callada por unos segundos.
―No muy bien.
Está bastante deprimida.
Ya sabes la ilusión que le hacía obtener un guardián.
Ahora tiene compañía, pero en un rato volveré junto a ella.
Dijo que quería conocer a Sor.
Kayn recordó el rostro de desilusión que Hana tenía momentos antes.
Pensar en ello solo le causaba más malestar por lo que lo dejó a un lado.
―Y…
¿has pensado ya en lo que harás cuando lleguemos a la academia?
Lyra levantó la mirada, sorprendida por la pregunta, pero enseguida sonrió con dulzura.
―Si te soy sincera, ya no me acordaba de eso.
Imagino que tú lo ya lo tienes decidido.
―Desde luego.
Pienso convertirme en el domador más fuerte de toda la academia.
Derrotaré a todos los de la de la rama de combate.
Y después de graduarme haré el examen de admisión de la guardia real, justo como hizo mi padre.
Lyra comenzó a reír.
―Siempre pensando en grande, ¿verdad?
―comentó con una sonrisa cálida, aunque en su voz había un matiz divertido―.
Deberías ir un poco más despacio, sobre todo teniendo en cuenta que ni siquiera tienes guardián todavía.
―Detalles menores.
―Veo que has recuperado la confianza de antes ―resaltó Lyra e inmediatamente una sonrisa juguetona curvó sus labios―.
Me alegra.
Aunque espero que recuerdes que la academia no consiste solo en luchar.
Van a exprimirte con los estudios.
Si descuidas eso, acabarás expulsado.
―No me lo recuerdes.
―Ambos se miraron por un instante antes de echarse a reír―.
¿Y tú?
¿Qué planes tienes?
¿Te animarás a tomar clases de combate?
―No estoy segura aún, pero creo que me centraré más en el estudio de los guardianes y el Éther.
―respondió ella apartando la mirada de su amigo y mirando a los ojos del pequeño guardián―.
Dudo que los combates sean lo mío.
―Bueno, puedes probar, y si no te gusta, siempre puedes dejarlo.
Por un momento, Lyra dudó, inclinando la vista hacia el suelo.
La calidez de sus mejillas se intensificó, y Sor agitó la cola, captando las emociones de su domadora.
―Oye, podrías…
―¡Qué a gusto me he quedado!
La voz fuerte y despreocupada de alguien resonó de manera repentina, interrumpiendo cualquier cosa que Lyra hubiera estado a punto de decir.
Tanto ella como Kayn se giraron sobresaltados al ver aparecer a Burst de la nada.
Caminaba con paso relajado hasta que vio la mirada de Kayn clavada en él.
―¿Pasa algo?
―preguntó Burst, confundido.
―Ya era hora de que regresaras, ¿no?
―comentó Kayn―.
Has tardado casi media hora.
―¿Media hora?
No exageres…
Bueno, quizá un poco.
Es que se me ha complicado más de lo que creía.
―dijo entre risas―.
En serio, deberías haber visto lo que he dejado allí, ¡ha sido colosal!
Lyra entornó los ojos sin saber muy bien cómo reaccionar a ese comentario.
Kayn, en cambio, negó repetidamente con la cabeza, llevándose una mano al rostro en un gesto de evidente frustración.
―Gracias por compartir los detalles, pero no necesito saber absolutamente nada sobre el tamaño o la forma de lo que hayas expulsado.
Guárdatelo para ti.
Lyra carraspeó ligeramente.
―Será mejor que vaya a enseñar a Sor a mi padre.
Además, seguramente Hana necesitará compañía después de lo ocurrido.
Mucha suerte a los dos.
―Claro, luego nos vemos en la entrada de la plaza.
Lyra sonrió antes de alejarse con pasos acelerados, desapareciendo entre la multitud mientras sujetaba firmemente a Sor contra su pecho.
En cuanto ella estuvo lo bastante lejos, Burst se inclinó ligeramente hacia Kayn, observándolo con detenimiento.
―Qué le… ―Cierra la boca si no quieres llevarte un puñetazo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com