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Los enredos de la chica gordita - Capítulo 11

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  4. Capítulo 11 - 11 capítulo 11 Enfado y protección
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11: capítulo 11: Enfado y protección.

11: capítulo 11: Enfado y protección.

Gianluca.

Luego de revisar los papeles y el archivo de un caso que debo llevar a cabo una vez que vuelva de Seattle, recibo la llamada de Isobel desde la tienda de vestidos.

Estaba inquieta porque “rino” todavía no había llegado y tenía miedo de que no fuese.

– Iso en 10 minutos estaré ahí – respondí – debo comprar un regalo para mi padre y mi hermanita- – Está bien señor, aquí lo espero- – Iso que hemos hablado?

No me digas señor, eso déjaselo a mi padre- – muy bien señ…

digo Gianluca- dice finalmente.

Me dirijo junto a Vincent hacia el auto que nos llevará a la tienda de vestidos, mientras me comenta la agenda durante los días que estaré fuera.

Estamos llegando, cuando veo a lo lejos a Isobel esperando por nosotros.

– ¿La señorita Monroe ha llegado?- pregunto – Si joven Gianluca, está probándose los vestidos de gala.- -Muy bien, vamos hacia la tienda quiero ver un vestido para Marie- digo Mientras vamos llegando a la tienda se hacen cada vez más fuertes unas carcajadas, al llegar a sus puertas veo lo que son 4 adolescentes riéndose y burlándose de alguien, trato de distinguir de quien lo hacen.

Cuando enfoco la mirada veo a mi secretaria junto a las que parecen estar burlándose de ella, y cuando menos lo espero estoy presenciando el momento exacto en el que una de ellas le desata el vestido y este cae a sus pies.

Mi enojo va en subida, ya que no entiendo por qué no se defiende.

Sigo escuchando sus burlas y ya mi sangre hierve en mis venas.

Creo que es hora de terminar con esta insolencia.

-¿ Quiénes son ustedes y qué derecho tienen de humillar al pequeño rino?- Las cinco chicas miran en mi dirección y puedo ver la cara desencajada de mi secretaria al verme entrar en la tienda, mientras las otras comienzan a reírse a carcajadas de lo que acabo de decir.

– Pequeña rino jajaja, nunca se me hubiese ocurrido llamarte así gorda- se reían cada vez más fuerte.

Mire a la señorita Monroe, su cara había perdido color y lloraba desconsolada, creo que elegí mal mis palabras para dirigirme a ella.

– Señoritas, creo que es momento de que se vayan de aquí o llamaré a seguridad- Digo bastante ofuscado – ¿Por qué deberíamos?

Estamos divirtiéndonos con la gorda- – ¿Ustedes acaso saben quién soy?

Me imagino que no, por lo que puedo ver no tienen muchas neuronas vivas en esas cabecitas- digo esbozando una sonrisa – Jajaja – escucho la risa de mi pequeña rino, lo que me hace mirarla sorprendido.

Las chicas la miran incrédulas -¿ qué te crees vaca para reírte de nosotras?- – Es que es muy gracioso- dice ella, lo que provoca que me ría a carcajadas Las adolescentes se giran y levantan la mano para pegarle y antes de que suceda me interpongo entre ellas, quedando sus manos suspendidas de sorpresa.

– Vincent llama a seguridad y que escolten a estás señoritas- digo ante la mirada atónita de los presentes – Y de ahora en más tienen la entrada prohibida a este lugar- digo finalmente.

-Asi será señor Vari- Cuando llega seguridad y las escolta fuera de la tienda puedo sentir como se relaja el ambiente.

Me giro y veo que la señorita Monroe está parada detrás de mí sin darse cuenta que está en ropa interior.

Miro hacia abajo y puedo ver qué tiene puesto un hermoso conjunto de encaje negro que le queda muy bonito.

Me aclaro la garganta- hmpj, señorita creo que debería entrar en el probador, está mostrando demasiado- digo dándome cuenta que mis orejas se van calentando.

Mira hacia abajo dándose cuenta de lo que digo; sorprendida se tapa como puede con las manos, mordiéndose el labio e ingresa al probador diciendo: -Qué vergüenza, no puede ser, no puede ser!!- Me río por como se va poniendo su cara roja como un tómate mientras ingresa al probador cerrando la puerta detrás de ella.

Después de media hora salimos de la tienda con sus compras y el vestido para mí hermana, me despido de ella y mientras Vincent termina de explicarle lo que tiene que hacer me voy con Isobel a una tienda de relojes para comprar el regalo de mi padre.

Me quedo distraído pensando en como le quedaba el conjunto de ropa interior a la pequeña rino ,lo que de vez en cuando me saca una sonrisa.

– Joven Gianluca, joven Gianluca- me toca el brazo Iso y vuelvo a concentrarme en lo que estoy haciendo – ¿Se encuentra bien?

-Si si, Iso estaba pensando en la gala -Este reloj es perfecto para el señor Marco- me dice.

– Si, tienes razón.

Me llevaré este- le digo al vendedor.

La verdad no sé por qué pienso en la pequeña rino en ropa interior, debo sacarme esa imágen de mi cabeza.

Luego de unos minutos, salimos de la tienda de relojes y me voy a mi departamento a empacar para estos días, solo espero que pasen sin ningún problema.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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