Los enredos de la chica gordita - Capítulo 48
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Capítulo 48: capítulo 48: la tristeza de Gianluca.
Gianluca.
Cuando salí de la oficina, decidí comunicarme con Lila, quería invitarla a cenar, pero en ningún momento me atendió la llamada.
Seguramente habrá ido al hospital a visitar a ese maldito muchacho. No veía la hora de que le dieran el alta, así podría estar tranquilamente con mi rino.
No quería que estuviera tanto tiempo con él.
Le pedí a Vincent que me llevará hasta el hospital, necesitaba saber si estaba ahí o debía buscarla en su departamento. Mientras íbamos en camino decidí parar en una florería, quería regalarle unos jazmines ya que creía que seguramente le gustarían.
suspiro por lo que estoy por hacer, hace tiempo que no tengo una cita con alguien y estoy nervioso por lo que pueda pasar si me responde que si, ansio tanto esa respuesta que me sudan las manos de los nervios.
Al llegar al hospital le pido a Vincent que busque al médico, para que vaya a la habitación de Timothy y nos diga cuando le dan el alta.
Al llegar a la puerta de la habitación, no siento que haya ruidos, como si no estuviese nadie ahí.
Tal vez el muchacho está durmiendo y Lila se fue , o tal vez ni siquiera vino.
Estoy por sentarme en uno de los asientos que están en el pasillo cuando escucho un leve gemido, me pongo a pensar que tal vez Timy o Tomy o como demonios se llame, está con dolor, por lo qué me decido a entrar.
Pero una vez que lo hago me arrepiento de haberlo hecho, mi rostro se desfigura por la escena que estoy presenciando, Mi Lila, mi amada, mi rino está besándose con el bastardo ese.
La opresión en mi pecho es demasiada, no logro concebir como dejó que ese niño la ultrajara de esa manera, parecía que realmente lo estaba disfrutando.
Decidí que debía cortar con esa estupidez y en cuanto ví el jarrón que estaba en una mesita cerca de la puerta no lo dudé, con toda la rabia contenida que tenía arrojé esa decoración para que se separaran de una vez.
Lila tendría que explicarme que estaba pasando por qué no iba a permitir que ella lo besara a el teniéndome a mí para que lo haga.
Ambos se asustaron por el ruido provocado por el jarrón roto, y se dieron vuelta para mirarme.
-ALEJATE DE ÉL AHORA LILA!!- Grité y ella se estremeció del susto.
Traté de acercarme a ella y tomarla de la mano, pero el muy canijo no me permitió alejarla de él.
-Señor Vari no debería estar aquí- Me soltó el desgraciado.
-Oh claro que sí, sobre todo por qué estás tratando de quitarme a mi amada- le dije al muchacho, lo que hizo que Lila se pusiera tensa.
– Señor está usted equivocado, yo puedo estar con mi novia y no se la he sacado a nadie, ella siempre estuvo conmigo-
La ira se me subía a la cabeza y en cualquier momento era capaz de golpearlo y noquearlo, para que dejara de decir tonterías.
Miraba a Lila tratando de que me diga que estaba sucediendo pero no se fijaba en mi, se fijaba en el niño bonito, apretando sus brazos para que se mantuviera en calma.
Sin embargo eso me provocó seguir peleando con Timy, no podía verlo hacerse el víctima delante de Lila.
Ella se notaba que estaba ya fastidiada, directamente ya no nos prestaba atención.
La puerta de la habitación se abrió y entro Vincent, diciendo que el médico estaría pronto con nosostros para darnos el parte médico de este mocoso.
A los pocos minutos llegó el doctor Hayes, comentó que la evolución de Timothy era favorable y que debían hacerle algunos estudios más, pero que probablemente en unos poco días más se podría ir de aquí.
Trataba de no pensar en nada más que Lila, cuando sentí que me perforaban la cabeza con la mirada. Al levantar la vista, me di cuenta que era ella, como diciéndome que si le pasaba algo a timy estaría perdido.
Para cuándo el médico se fue de la habitación, todos respiramos con un toque de alivió, Lila por qué veía que su amigo pronto saldría de aquí, yo por qué ella estaría más tiempo conmigo en el trabajo y ahí podría conquistarla.
– Señor Vari, debo hablar con usted- dijo mi rino con su dulce voz.
En cuanto salimos de la habitación toda la amabilidad de ella se perdió, me miró con ojos asesinos y me dijo lo que no quería escuchar:
-Señor Vari, le voy a pedir que no vuelva al hospital, no lo necesito ni Timy lo necesita. Y otra cosa, estoy empezando una relación con él por lo que le pido encarecidamente que esos comentarios que hace se los guarde para usted.-
– Pero Lila, no puedes estar hablando en serio de que vas a tener una relación con ese niño, debes estar bromeando- dije un tanto abatido.
– No le interesa, lo que yo haga con mi vida,no es asunto suyo- Se dió la vuelta y volvió a entrar en la habitación dejándome con un nudo en el estómago, como si fuera que me hubiesen dado varios golpes dejándome sin aire.
Nunca jamás me había sentido así. Jamás había sentido lo que sentía por ella, y sin embargo aquí estoy sufriendo por qué lo eligió a él, un niño, que todavía no sabe nada de la vida. Uno que todavía se hace pis en los pantalones.
Todavía no entendía, que tenía él que yo no tuviera, me sentía como el villano del cuento que termina muriendo por el amor de los protagonistas. Dios odiaba este sentimiento, no me sentía cómodo, me dolía el pecho.
Y sin esperarlo, sentí algo cálido en mi mejilla, al tocarme me di cuenta que eran lágrimas, estaba llorando por Lila.
un Vari jamás llora, somos fuertes, no sufrimos por amor. Pero aquí estaba yo, como una excepción a la regla, llorando por una chica.
Tenía que salir de ahí antes de que alguien me viera, no esperé a Vincent, solo enviaría un mensaje más tarde, ahora debía irme, necesitaba alcohol en mis venas para sacar el dolor que sentía en este momento.
Mañana vería como afrontaba está nueva realidad, la de tener al amor de mi vida a mi lado pero que su amor correspondiera a alguien más.
Lila.
Después de decirle todo lo que tenía atorado al demonio que tenía por jefe me relajé. Creí que me sentiría así por mucho tiempo y estaría más cómoda con Timy, ahora que sabía que el señor Vari no volvería ,pero no fue así.
La ansiedad me empezó a carcomer en mi interior, no sabía por qué me sentía así, si era lo correcto trazar una linea que no tendría que haberse cruzado jamás.
Después de unas horas de charlar de cosas sin sentido con Timy y hacerlo reír un rato me fuí a mi departamento, tenía que descansar si quería rendir al otro día en la oficina.
Aunque traté con todas mis fuerzas dormir, ya que estaba agotada, no logré hacerlo.
La cara de Gianluca seguía apareciendo en mi mente, la tristeza, el enojo seguían que noté en el me hacía sentir culpable.
No sé si debería haber sido tan cruel al decirle todo eso Pero estaba segura que era por el bien de todos nosotros.
Para cuándo sonó mi despertador, no había pegado un ojo en toda la noche. Al mirarme frente al espejo mis ojeras de oso panda se extendían por toda mi cara, no solo eso. Un grano enorme apareció en mi frente.
– Como diablos sucedió eso!! buuu buuu- lloraba.
Ahora no solo tenía ojos de panda y un grano gigantesco como el monte Vesubio, sino también tenía los ojos tan hinchados de llorar por mi aspecto.
Sin más remedio traté de arreglar un poco el desastre andante que era, pero no logré mucho.
Me puse unos lentes que disimularían un poco, y mucho maquillaje en el granote que cubría mi frente y salí de mi departamento con destino al infierno que seguramente sería mi trabajo.
Al llegar rogué a todos los santos que estuvieran disponibles que nadie me viera llegar, pero como el destino, Dios y demás deidades alrededor de la tierra que obviamente no me querían ni un poquito, me encontré con el demonio en persona ni bien salí del ascensor.
Agaché la cabeza lo más que pude, pero como si fuera que tuviese visión de ratos x, su vista se dirigió directamente a eso, si si, como escuchan o leen, bueno ya no se.
Sus ojos tan bonitos se fijaron en el granote que tenía en medio de la frente; traté de esquivar su mirada ,pero cuánto más lo hacía era evidente que más podía ver el grano y de repente después de tanto silencio se escuchó una carcajada, no una risita sutil, no. Una carcajada de esas que se escuchan a cinco cuadras de distancia.
Mi rostro se puso rojo tomate, tal vez un poco más morado que eso de la rabia y le solté sin más
-¿DE QUE SE RÍE MALDITO LOCO? SI, TENGO UN GRANOTE, UNO BIEN GRANDE COMO EL EVEREST. ¿QUIERE MIRARLO MAS DE CERCA?-le dije y como si estuviera poseída empecé a correrlo mientras me sostenía el cabello mostrando aún más el bendito grano, haciendo como si se fuese a reventar.
Gianluca empezó a correr mientras gritaba el nombre de Iso.
-ISOOOOO, AAAAAH, ISOOOOO, ESTA POSEIDA ME ESTA CORRIENDO CON UN GRANO.. LO QUIERE REVENTAR EN MI CARA, ISOOO.-
Parecíamos dos criaturas que se odian y se hacen la vida imposible a los gritos en medio del salon de la oficina.
Bueno no está tan alejado de la realidad, pero tampoco era tan acertado, por qué aunque mi jefe me hizo la vida imposible no lo odio, mmm tal vez solo un poquito.
Seguíamos corriendo y gritando como locos hasta que Vincent hizo acto de presencia y con un solo grito nos detuvimos al instante.
-ALTO!!-
ambos nos detuvimos y miramos a Vincent desconcertados ya que no pensábamos que pudiera gritar. Era un ser tan amable que no lo podía imaginar enojado, pero ahí estaba con el ceño fruncido y cara de disgusto.
Parpadeé dos veces, tres hasta que me di cuenta de que estaba corriendo a mi jefe mostrándole el grano. Me puse de todos los colores en menos de un minuto, hice una mueca de vergüenza ante mi estado en este momento.
Para cuándo levanté la cabeza Vincent y mi jefe me miraban atentamente.
-Lo siento- murmuré, pero ellos no emitían sonido, cuando levante la mirada ellos me observaban, pero no con lastima sino con asombro, sorprendidos, ambos con la boca abierta.
Mi jefe tenía una expresión aún más grotesca, hacía una mueca rara con la cara como si algo le provocara ganas de ¡¡¿vomitar?!!
– ¿Qué?- dije
Vincent, mientras trataba de no reírse, levantó su mano señalandome.
– Srta Lila, su cara.-
-¿Qué?¿Qué tiene mi cara?-
me miré en uno de los espejos que había en la oficina para ver qué es lo que tenía no pude evitar gritar.
– AHHHHHHHH AHHHHHH-
lo que ví en ese espejo no se lo deseo a nadie, no solo se me había reventado el bendito grano, sino que se me corrió todo el maquillaje y parecía la maldita llorona saliendo del pantano, tenía el rimel ya cerca de la boca como si hubiese llorado, mis ojos parecían dos bolas de billar negras, mi cabello estaba pegado a mi cara por el sudor y ni hablar del grano que se reventó.
Mi día no podía ser peor, pero si podía.
Gianluca comenzó a reírse de nuevo y esta vez como un loco desquiciado. Creo que tendría que acudir a un psiquiatra y que le recomiende algún medicamento, porque este hombre está cada vez peor.
Pero no solo eso, en el momento en que iba a decirle sus verdades a mi jefe se abrió la puerta del ascensor y ahí estaban ellos, los hermanos Franklin.
Pero antes de que pudieran verme, salí corriendo disparada tapando mi cara con el cabello al baño más cercano y ese no era otro que el baño de la oficina de mi jefe.
Si tenía que pasar toda la mañana escondida lo haría, no saldría ni para ver la cara de satisfacción de mi jefe ni para verlos a ellos, los adonis Franklin.
Dios, mi vida realmente es un desastre, pero más lo es desde que conozco a Gianluca ” el demonio” Vari.
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