Los enredos de la chica gordita - Capítulo 51
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Capítulo 51: capítulo 51: El desliz.
Timothy.
Había pasado todo un día sin hablar con Lila, sabía que debía trabajar, pero la extrañaba; necesitaba su presencia.
Todavía me sentía aturdido por todo lo que había pasado en la pelea, seguía teniendo flashes, recuerdos de lo que había sucedido.
Parecía que todavía sentía cada golpe caer en mi cuerpo, lo que hacía que mi cabeza doliera bastante y por lo que me tenían que medicar para que no sintiera los dolores que me provocaba.
Tuve que tocar el botón para llamar a la enfermera, Cristal, parecía una chica dulce, era bastante simpática, bonita, Pero no más que mi Lila, si tuviera que elegir sin duda dejaría que Lila fuera mi enfermera hasta que me recuperará.
Al poco rato entro Cristal en la habitación, me hizo un chiste que no recuerdo bien, solo me sonreí por cortesía, solo quería que hiciera desaparecer el dolor.
Colocó la aguja en el suero y me dijo que en pocos minutos más dejaría de dolerme, tocó mi frente y mis mejillas, donde se detuvo demasiado , para mí gusto. Miré hacia arriba y la vi observando detenidamente.
-¿Pasa algo?- solté un poco frustrado.
– Lo siento, pero ¿cómo puedes ser tan apuesto?- soltó sin un atisbo de vergüenza.
– ¿Disculpa?- dije frunciendo el ceño
– Si, eres demasiado apuesto para andar con esa chica- Me dijo
-Esa chica como tu le dices es mi novia- dije enojado.
De repente se acercó demasiado y cuando menos lo esperé me besó, fue un beso dulce, tenía los labios suaves. Quise detenerme en verdad lo quise, pero no sé porqué no la detuve, es más correspondí su beso tomándola de la nuca para profundizar el beso. La atraje hacia mi y comencé a tocar con suavidad sus senos sobre la ropa, ella gimió en conformidad.
Seguía besándola bajando mis manos hasta el pliegue de su falda cuando escuché que alguien aclaraba su garganta. Me detuve en seco, no podía creer lo que estaba haciendo en este momento, me dejé llevar por la lujuria del momento y me olvidé por completo de Lila, mí dulce Lila.
-Carajo, carajo , carajo- me decía a mi mismo.
Cuando voltee a ver quién era, ví esa cara de satisfacción del jefe de Lila, odiaba a ese tipo.
Odiaba que él me hubiera visto, por qué él no dudaría en decirle a Lila.
– Vaya, vaya, vaya. No sabía que las enfermeras en este hospital hicieran este tipo de trabajo- dijo el bastardo ensanchando su sonrisa, esa que me gustaría arrebatarle de la cara ,en este momento a golpes.
-¿Vincent?- Llamó a su asistente.
-¿Si, señor Vari?- dijo apareciendo atrás de él.
-Avisa al director de la clínica que la enfermera Cristal, creo que así se llama, acaba de besar y casi mantiene relaciones con un paciente, con Timothy.
Mi cara hervía de furia, no solo por lo que acaba de decir sino por qué no podía creer que estaba a pasos de perder a mi todo, a mí amiga, a mi amor, por un descuido mío, por haberme dejado llevar por el deseo, por perder la compostura en vez de valorar a la mujer que tengo a mi lado y que aceptó tener una relación conmigo.
Pero cuando pensé que las cosas no podían empeorar más, escuché su voz..
-¿Qué ha dicho?¿ Dígalo de nuevo Señor Vari?-
Apareció con una venda en la frente, mirando a su jefe consternada, luego dirigió su mirada hacia mi y hacia Cristal con su ropa desordenada y supe que eso era todo.
Vi como las lágrimas se arremolinaban en sus ojos, apagando por completo su brillo. La volví a ver como cuando estaba con Bianca, desprovista de su brillo, perdiendo toda esperanza en mi.
-Lila, por favor, no es lo que parece- traté de explicar algo que realmente sabía que era mentira
– Ja, ja, ja- soltó una carcajada el muy maldito de Vari.
Hasta que Lila pasó entre ellos sin mediar palabra hacia mi, con lágrimas cayendo y fue donde él se detuvo, cambiando su mirada en una de dolor por ver en ese estado a mi hermosa amiga de toda la vida, a mi amor.
Traté de tomar su mano, pero ella esquivó mi intento de acercamiento y lo único que hizo fue decirme lo que me rompería el corazón en pedazos
-Desde este momento Timy, tu y yo no tenemos nada más que ver, no tenemos relación alguna. No puedo creer que destruyeras mi amor por ti en segundos y todo por una calentura del momento.-
– Quiero que sepas que desde hoy, ya no seremos ni siquiera amigos, y ya no vendré a cuidarte, ni mucho menos visitarte-
Y así como lo dijo, se dió media vuelta y se fue.
Quedé en un estado de vacío total, aún sentía la risa burlona del maldito de Gianluca, Pero en realidad el no tenía la culpa. La culpa la tenía yo, por no detener a esta enfermera cuando me besó.
Al poco rato entró, el director de la clínica para despedir a la chica en cuestión, aunque ella buscó mi ayuda ,no le dí ni una sola mirada, solo quería quedarme solo en mi dolor de haber perdido a mi amiga de la infancia, a la persona con la que quería pasar el resto de mi vida.
Pero eso sí, trataría de buscar la forma de que me perdonará, no podía dejar que me dejara así.
No, ella no podía abandonarme, tenía que estar a mi lado y haría todo lo que estuviera en mis manos por tenerla de regreso así fuera que le tuviera que mantener encerrada para que me amara de nuevo, por qué no permitiría que ese abogaducho la tuviera.
Ella era solo mía y nadie más podría poseerla.
Lila, serás mía pase lo que pase, no me abandonaras.
Serás mía o no serás de nadie, por qué mataré a cualquiera que quiera arrebatarte de mi, y si tengo que encerrarte para que seas mía, lo haré.
Por qué eres mi amor Lila y siempre lo serás hasta en la muerte.
Lila.
Luego de que Vincent lograra, al fin, abrir la puerta del baño de la oficina de Gianluca decidí ir al hospital para que me limpiaran la zona en la que estuvo el maldito grano.
Quería irme sola, Pero tenía tanta vergüenza que no me quedó otra opción que pedirle a “él” que me llevará, ya que el ya me había visto en mi peor estado, y no solo no se burló sino que hasta el muy desgraciado me besó, otra vez.
Ya había perdido la cuenta de cuántas veces me había robado un beso, había perdido la cuenta de cuántas veces yo había correspondido cada uno de ellos.
Por más que quisiera olvidarlo, esconderme bajo tierra para deshacerme de cada sensación que me provocaban sus besos no podía y tampoco iba a admitirlo en voz alta, me encantaba.
Deseaba cada vez más sus besos, deseaba con toda mi alma y toda la rabia que me tomara ahí mismo, en el baño de su oficina, pero me contuve.
-¿Señor Vari, podría ser tan amable de llevarme al hospital, por favor?-
-¿Perdón?¿Acaso, la señorita rino dijo por favor? Eso sí que no lo esperaba- dijo el muy desgraciado.
La rabia me subía a la cabeza y ya sentía que en cualquier momento iba a explotar, pero me detuve. inhale profundamente y exhalé de la misma forma y esbocé una sonrisa, falsa, pero sonrisa al fin.
-Por favor, por favor, por favor- hice ojitos de cachorrito herido e hice un pequeño puchero, pero por la expresión extraña que estaba haciendo mi jefe, estaba segura de que mi cara se veía más bien como la de una vaca a punto de ser sacrificada en el matadero.
De reojo ví como Vincent aguantaba la risa, por lo que no dude en dedicarle una mirada sombría.
Su expresión cambio tan rápido, que pude ver como se le iba el color del rostro.
– Está bien señorita Monroe, ya que me lo pide así con esa cara tan rara la llevaré- Me dijo mirándome de nuevo como si hubiera salido de una película de terror.
El viaje en automóvil, fue tranquilo, aunque demasiado para mí gusto.
Ninguno habló en todo el camino. No era tampoco que quisiera recordar que el hombre que tenía al lado, a pesar de mi estado desastroso, me besó como si fuera la última mujer en la tierra.
Realmente me hacía un favor enorme al no hablarme.
Cuando quise recordar ya estábamos en la puerta de la guardia del hospital. Al cabo de unos quince o veinte minutos ya tenía la zona donde estuvo el grano limpia y vendada.
-Señor Vari, debo ir al baño y después iré a ver como está Timy, no hace falta que me espere- dije tratando de ser cordial con la persona que me había traído al hospital.
-No se preocupe srta Monroe, iré hasta la puerta de la habitación y ahí la esperaré, así cuando salga la llevo hasta su casa.- dijo Gianluca y yo asentí. La verdad era que no quería discutir con él, aunque estaba agradecida de que haya dicho que se quedaría en la puerta, al menos no molestaría a Timy.
Al salir del baño, me dirigía hasta donde estaba internado Timy y ví que el señor Vari se adentraba en la habitación.
-Sabia que no debía confiar en él- Me decía a mi misma.
A medida que me iba acercando escuchaba la risa de mi jefe como burlándose de Timy, estaba a punto de reprenderlo cuando lo escuché.
Escuché la revelación de algo que me rompería en mil pedazos, la revelación de que mi Timy, mi amigo, mi primer amor, la persona en la que había decidido confiar y con la que había decidido entablar una relación me había engañado con la primera persona que se le cruzó.
-¿Qué ha dicho?¿ Dígalo de nuevo Señor Vari?- dije sin poder creer todavía lo que mi jefe estaba diciendo hasta que dirigí mi mirada a Timy que estaba respirando entrecortado, luego dirigí mi mirada a Cristal, la enfermera que pensé que era buena en su trabajo, se ve que lo hacía demasiado bien, con la ropa desordenada y una pequeña sonrisa de satisfacción en su rostro, una vez que vio mi estado.
Mis lágrimas empezaron a acumularse en mis ojos, pero no dejaría correr ni una de ellas. No delante de ellos, no eso sí que no.
Me adentré en la habitación, pasando por al lado de Vincent y mi jefe, y me acerqué a cierta distancia de Timy, que repetía que no era lo que parecía.
Acaso pensaba que era tonta, que no veía como estaba él con el labial de Cristal en su boca y que no la veía a ella despeinada y con la ropa hecha un desastre.
Intentó tomar mi mano y yo lo esquivé, con toda la fuerza del mundo, me contuve de golpearlo, teniendo empatía por su estado.
Lo único que pude hacer fue decirle algo que cambiaría el rumbo de mi vida, y tal vez si le importaba un poco el de la suya.
-Desde este momento Timy, tu y yo no tenemos nada más que ver, no tenemos relación alguna. No puedo creer que destruyeras mi amor por ti en segundos y todo por una calentura del momento.-
– Quiero que sepas que desde hoy, ya no seremos ni siquiera amigos, y ya no vendré a cuidarte, ni mucho menos visitarte-
En cuanto terminé de decir esas palabras, me di media vuelta y salí de la habitación. Ni siquiera ví la cara que puso, no me interesaba en lo más mínimo.
El me defraudó, me humilló y me hizo perder a mi mejor amigo.
Ni siquiera esperé al señor Vari, una vez que salí por esa puerta decidí correr, quería perderme en la noche, no quería que nadie me dijera nada, que nadie se burlara.
Las lágrimas corrían por mis mejillas, sentía un zumbido en los oídos que no me permitían escuchar nada a mi alrededor, aunque me pareció que alguien decía a lo lejos
-Lila, por favor detente- Pero yo no podía, no quería detenerme, quería desaparecer, esconderme en algún rincón donde nadie pudiera encontrarme, tenía el corazón destrozado y no sabía que hacer.
Solo deseaba que esté dolor desapareciera, pero no sabía si podría lograrlo. Lo único que sabía es que en este momento estaba totalmente sola, y seguramente así me quedaría.
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