Los enredos de la chica gordita - Capítulo 54
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Capítulo 54: Capítulo 54: Primera vez.
Lila.
Luego de salir corriendo del hospital, me detuve a un par de calles, en un pequeño parque, me senté en uno de los bancos y respiré profundamente.
Aún me costaba creer lo que había hecho Timy, pero a la vez me sentía aliviada, si, así como escuchan, yo, Lila Monroe aliviada por qué mi primer amor me haya engañado al poco tiempo de haber iniciado una relación.
Me empecé a reír, por lo tonta que fui en creer que el realmente me quería; también me reí, por que no me sentí destrozada por lo que pasó. Cuando me calmé un poco de tanto reírme, comencé a llorar.
Lloraba por qué al final, después de todo lo que amé a Timy, ahora ya no lo sentía.
Había terminado con mi amor unilateral de casi toda mi vida.
Debería sentirme devastada, pero no fue así.
Sentía ligereza, alivió de no tener que seguir manteniendo una relación que realmente no quería, pero que había aceptado tal vez por lástima de verlo en ese estado a él, a mí mejor amigo, postrado en una cama por haber estado en una pelea clandestina.
Decidí después de unos minutos, volver a casa, pero primero compraría unas donas de chocolate para terminar de sacar la frustración que sentía en este momento.
Quise mirar la hora en el celular, lastimosamente la batería había muerto, así que lo volví a guardar en mi cartera.
Para cuándo estaba llegando a mi casa había pasado una hora más o menos o eso calculaba, pensaba en como iba a afrontar esta nueva etapa en mi vida sin Timy, se que lo extrañaría, extrañaría a la persona que fue, a mi amigo, aunque ahora después de todo no quedaba rastro alguno de esa persona.
Al acercarme al edificio donde vivía observé que el auto de mi jefe estaba estacionado, seguramente vino a ver como me encontraba.
Ya me lo imagino riéndose, burlándose de mi, pensaba mientras subía en el elevador. Apenas se abren las puertas escucho a mi jefe maldecir.
Al acercarme a la puerta de mi casa lo veo golpear la pared con fuerza. Que habrá pasado para que reaccione de esa manera me pregunto.
-¿Sr. Vari??¿Por qué golpea la pared de mi casa?¿Que culpa tiene la pared si usted está loco?- Dije.
Lo que sí no me esperé la reacción de él al escucharme.
– No vuelvas a desaparecer así Lila Monroe, no te lo permito-dijo mientras me abrazaba con fuerza.
Acaso se golpeó la cabeza antes de venir que reacciona así ,pensaba.
– ¿mhm?¿Desaparecer?Solo fui a comprar donas para ahogar mis penas.- comenté con una sonrisa.
Lo que siguió después me tomó por sorpresa, me sostuvo con sus manos acunando mis mejillas observándome detenidamente.
Sentí como me ruborizaba ante semejante vista, Dios, en serio, este hombre era perfecto.
-Te llamé mil veces, pensé que te habías escapado, pensé que harías algo por culpa de ese muchachito- soltó enojado.
-No se preocupe sr. Vari, aunque estoy enojada y mucho con Timy, sabía bien que no iba a durar mucho mi relación con él-Sonreí, aunque me sentía un poco conmovida por haber perdido a mi amigo de toda la vida.
-¿Cómo dices?- me dijo algo incrédulo
– Con unas donas se arregla todo. ¿Quiere una?- observé con una sonrisa genuina está vez.
El me miraba como si me hubiesen salido dos cabezas y luego sin esperarlo se inclinó y me besó.
Fue el beso más dulce que me hayan dado, más dulce que el que me dió Timy la última vez.
Me bloqueé, literalmente lo hice, lo miré aturdida, respiraba profundamente, quedé roja como un tomate seguramente por el calor que sentía que me recorría el cuerpo.
Me reí, por qué otra cosa no podía hacer, este hombre me ponía nerviosa.
– Ehmmm, sr. me besó!!-
– Si, así es- sonreía como un tonto
– Usted es raro- le dije.
-Tenías algo de chocolate en la boca y a mi me fascina el chocolate- contestó él y yo volví a sentir calor.
-okkkkk- lo rodeé y me acerqué a la puerta de mi departamento para abrirla.
-¿Quiere pasar?- solté sin mirarlo
-¿Que ofreces a cambio?-
-Café y donas de chocolate- sonreí mientras lo decía
– De acuerdo señorita Monroe, acepto su propuesta- y yo asentí.
Al adentrarnos en el departamento, el tomó de mis manos la bolsa con las donas y yo fui a la cocina a poner la cafetera.
Mientras tanto, él dejo todo sobre la mesa y luego fue hasta donde estaba.
Se puso justo detrás de mí, poniendo sus brazos a los costados de la mesada.
Apoyó su cabeza sobre mi hombro y me dió un pequeño beso casto en mi cuello, algo que hizo que me erizara por completo.
Luego dió otro, y otro sucesivamente. Yo no lo detuve, al contrario, me encantaba lo que estaba provocando en mí.
Cuando se detuvo, me di la vuelta lentamente y lo observé por un momento. Y luego, sin ninguna razón, rodeé su cuello con mis brazos, me puse en puntillas y lo besé.
Está vez el sorprendido fue él, al principio no respondió, pero fue solo unos segundos, hasta que rodeó mi cintura y me acerco más a él.
En este momento, no se que cruzaba por mi cabeza, pero sin duda deseaba esto, quería esto que estaba pasando, no por venganza hacia Timy, sino por qué realmente quería que esto pasara con Gianluca.
Y entonces cuando menos los esperaba, él, mi jefe, me levantó como si no pensara nada y me llevó hacia el comedor, se sentó en el sillón y me sentó a horcajadas.
Está vez me besó con devoción, como si fuera una joya preciosa que debía manipularse con cuidado, yo lo besé de la misma manera.
Sentía el calor de mi cuerpo escalar cada vez más, y algo más, comencé a sentir su dureza entre mis piernas al igual que comencé a sentir mis bragas humedecerse.
Mi respiración comenzó a entrecortarse, me sentía extasiada ante cada beso que él me daba. Sin darme cuenta, mi camiseta ya no estaba, a la vez que su camisa tampoco, pero no me importaba.
Quería más, necesitaba más.
Sus besos y caricias se incrementaban a medida que el fuego entre nosotros iba aumentando.
Comenzó a rozar mis pezones sobre el fino corpiño, y mi mente se nubló de placer, gemí sin quererlo y eso lo motivó aún más.
Liberó uno de mis pechos de la fina tela que lo cubría, inclinó su cabeza sobre el y comenzó a lamer, succionar y a dar pequeñas mordidas que me hacían perder todo control sobre mi cuerpo.
Realmente estaba pasando, estaba por tener mi primera vez con él, con mi jefe, la persona que me volvía loca y a la vez me exitaba de una manera que jamás pensé..
Gianluca.
No podía creer lo que estaba pasando, realmente estaba sucediendo, iba a hacerle el amor a la mujer que amaba con devoción.
Era magnífico escuchar como gemia ante mis roces y mis besos, si ella ya se sentía tan bien, solo podía pensar en como se sentiría cuando entrara en ella y la hiciera completamente mía.
No dude ni un segundo, cuando ella me permitió tocarla, rocé sus senos, esos senos turgentes que llenaban la pequeña tela que los cubría.
No dude en liberar su pecho y tomar posesión de él, lo besé, lo amasé, mordí con delicadeza su pezón y ella gimió aún más.
En algún momento, que no recordaba, logré dejarla totalmente en su ropa interior, que estaba de infarto, no podía creer la belleza que era esta mujer. Sin duda una vez que fuera mía, no la dejaría escapar, sería completamente mi mujer.
Ella me tomó de la mano mientras desprendía su brasier con la otra y liberaba ambos pechos, lamía y besaba cada parte de ellos. Sentía como su respiración se entrecortaba, me sentía en la nubes por escucharla en ese estado, algo que me hacía poner más duro.
Sostuvo mi cara con ambas manos y me dijo lo que me volvería loco por completo.
-Gianluca, realmente quiero esto que está pasando, quiero que seas mi primera vez, mi primer hombre- eso me derritió completamente, ella quería que yo tomara lo más preciado para ella, su virginidad.
– Una vez que esto pase Lila, no te dejaré ir jamás. ¿ Lo entiendes, verdad?- le contesté
Ella asintió y eso fue todo para mí, la tomé en mis brazos al estilo nupcial y la llevé a la habitación.
La apoyé sobre la almohada suavemente y observé a mi hermosa Lila sonrojada, respirando profundamente.
-Eres hermosa Lila, eres la mujer más hermosa que han visto mis ojos- logrando que se pusiera aún más roja.
Me incliné hacia ella y la besé, dulcemente. Ella rodeó mi cuello y me acerco aún más.
Me separé un poco de ella, la admiré como si estuviese viendo una obra de arte, por qué realmente ella lo era, era perfecta en todos los sentidos.
-¿Estás segura de esto Lila? Si no quieres, no te obligaré a nada que no desees.-
– Si, lo quiero Gianluca, sin reservas-
Me acerqué nuevamente, besé su cuello, bajando hasta sus senos , los cuales besé y mordí tiernamente, sabían a gloria, podría quedarme en ellos toda la vida.
Fui descendiendo por su torso, haciendo que ella se estremeciera, hasta llegar al paraíso que ella tenía apenas cubierto por una delicada pieza, podía sentir y oler su excitación, esa sería mi perdición.
Tomé la fina tela y la deslicé de sus muslos, una hermosa vista se presentó ante mí.
froté cada muslo interior y los besé hasta llegar a sus pliegues, los toqué con mis dedos y sentí la humedad que los cubría.
– Estás muy mojada Lila, me encanta-
-mhm, mhm- solo escuché.
Tomé sus piernas y las mantuve abiertas para ver su delicada entrada, era sin duda lo más precioso que ví en mi vida. Y sería solo mío.
frotaba con mis dedos sus labios vaginales, mientras ella gemia mi nombre, penetré su entrada con uno de mis dedos primero y luego otro, se sentía tan bien, tan apretado, que me excitaba cada vez más.
Luego me incliné y observando su vagina le dije..
-Lila, te haré sentir la mujer más amada sobre la tierra, sentirás todo el amor que te tengo.-
Y así tomé cada sorbo del nectar que ella me ofrecía, pasé mi lengua una y otra vez por su vagina haciendo que ella se estremeciera y gimiera cada vez más, la penetré varias veces con ella y también con mis dedos.
Esta mujer sin duda es todo lo que yo quería en mi vida y así lo sería por el resto de mi vida.
Llegó a su primer orgasmo, sosteniendo mis cabellos para acercarme más a su entrada algo a lo que no me opuse, me encantaba.
succioné cada sorbo del líquido que me ofrecía.
-sabes riquísimo mi bella Lila- Le decía mientras me relamía los labios algo que la hizo sonrojarse.
Me paré, saqué mis pantalones y mi ropa interior y quedé expuesto ante ella, mi virilidad estaba totalmente erecta y ella se mordió los labios, le gustaba lo que estaba viendo.
-¿Quiéres tocarla mi bella dama?-
Me observó primero y luego asintió.
Me acerque a ella nuevamente y coloqué una de sus manos en mi pene que se encontraba totalmente erecto y ya tenía líquido preseminal saliendo de él.
Empezó a acariciarlo de tal manera que hacía que gimiera.
-Joder Lila, con solo tu tacto me pones a mil-
Ella sonreía sonrojada ante mi presencia, se acercó un poco más mientras comenzaba a masturbarme con sus manos y se acercó a la punta de mi virilidad, abrió su boca y pasó la lengua por el líquido que salía.
Metió un poco más de mi pene en su boca y me estremecí, a pesar de que es su primera vez , me sentía en el paraíso, ella succionó, lamió cada parte de el sin que yo le dijera que hacer pero me sentía extaciado, sentía que en cualquier momento iba a llegar a mi orgasmo, la detuve antes de que pasara no por qué no me gustara sino por qué quería tener mi orgasmo dentro de ella.
-¿Pasó algo? ¿ Acaso te mordí? Qué vergüenza- comenzó a decir y la silencie con un beso.
– No Lila, quiero que me sientas llegar a mi orgasmo dentro de tí, quiero que sientas cuánto te amo y cuánto me excitas mujer- automáticamente se sonrojo y la volví a besar.
Saqué un condón de mi billetera, no me malinterpreten, desde que conocí a Lila siempre llevo uno, siempre supe que quería estar con ella.
Rompí su envoltorio y lo coloqué en la punta.
-¿Quiéres ayudarme preciosa?- le pregunté y ella aceptó.
Con sus manos terminó de colocarlo, la observé mientras lo hacía y sonreí, mi mujer estaba por ser mía para siempre.
La apoyé sobre la cama nuevamente, me coloqué sobre ella, mientras ella contenia la respiración.
– Esto va a doler un poco al principio, pero lo haré lentamente para que no sientas mucho dolor. Respira y mírame Lila, yo te cuidaré-
Ella me observó con ojos bien abiertos y asintió.
Me acerqué a su entrada y comencé a penetrarla lentamente, sentía lo apretada que estaba, me estaba volviendo loco. Ella se sostuvo de mis hombros y respiraba profundo.
-¿Estás lista?- le dije besándola.
-mhm- sonrió.
La penetré totalmente está vez despacio para que no le doliera tanto y me detuve. Su presión en mis hombros era más fuerte,señal de que le había dolido. La volví a besar mientras ella gemia de dolor, pero pronto ese dolor cesaría y le daría paso al placer que jamás había sentido.
Por qué yo la amaría hasta el final de mis días, por qué ella era desde este momento mi todo.
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