Los enredos de la chica gordita - Capítulo 59
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Capítulo 59: capítulo 59: El lamento de Lila.
Lila.
Después de que la llamada con Timy se cortara, mi mundo se hizo pedazos. A pesar de las cosas que pasaron estos últimos días, no quería que le pasara nada. Aún lo amaba, no como hombre, Pero como amigo, confidente, hermano.
No se puede olvidar de un día para el otro, más de diez años viviendo juntos como familia.
Llegué a creer que con el tiempo tal vez podría olvidarme de él pero a quien le miento, el estuvo ahí cuando nadie más me quiso, su tía me acogió cuando sufrimos nuestra perdida, a él y a mi. Cosa que no tendría que haber hecho ya que solo era su amiga, pero aún así lo hizo, por qué sabía de la amistad de nuestros padres y ella también era una muy buena amiga de mis padres también.
A ellos les debía mi estabilidad emocional en estos años, no podría dejar nunca de seguir siendo amiga de Timy, eso lo sabía bien.
A mi lado ,Gianluca, trataba de consolarme, aunque sin lograrlo, me sentía devastada.
Como daría lo que fuera por revertir mis palabras ese día en la habitación del hospital, estaba enojada con él por lo que había hecho con la enfermera pero a quien quería engañar, estaba aliviada de que lo haya hecho ya que me sentía menos culpable por intentar algo con él que sabía no iba a funcionar, por qué tenía a Gianluca en mi corazón, aunque no quería admitirlo.
Me preguntaba, si tendría medicina para los dolores de cabeza, si se sentiría mareado o débil, si al menos se hacía las curaciones correspondientes para que no se infectaran los puntos en la cabeza.
Me largué a llorar de la impotencia que tenía, de no saber que hacer, de no saber a quien recurrir para poder encontrarlo, había llamado a todo el mundo, incluso a Drake, uno de esos amigos que tenía Timy de no muy buena reputación pero que sabía que si Timy necesitaba el estaría ahi para él, incluso él no sabía dónde se encontraba y hacía rato que no tenía noticias de Timy.
-Hey Lila, no llores más por favor, me duele verte así- decía Gianluca.
– Lo siento, es que realmente no se que hacer, no sé dónde buscar-
– No te preocupes mi vida, ya lo encontraremos-
– ¿Estás enojado por qué me preocupo por él?-
– No digo que esté felíz, pero entiendo que tiene mucho valor para tí su amistad, dado que crecieron juntos-
-No se que haría si no estuvieras aquí conmigo, muchas gracias-
– No tienes que agradecerme nada Lila, siempre estaré aquí para tí, aunque no quieras estaré para ti hasta debajo de las piedras- dijo él y sonreí.
Realmente quería a este hombre en mi vida, aunque todavía tenía miedo de admitirlo.
-Vincent, llévanos al restaurante de siempre, está niña debe comer algo, no quiero que le pase nada- dijo Gianluca
-De acuerdo señor Vari-
Al llegar al lugar al que me llevaba me sentí fuera de lugar, no estaba acostumbrada a estos lugares y menos en mis fachas-
Solo llevaba un pantalón de pijama, una camiseta bordo un poco descolorida y un saco de abuelita.
-¿Gianluca??-
-Si, mi preciosa lila-
-Creo que sería mejor ir a otro lado, no me siento cómoda con esta ropa en este lugar-
– ¿Tu ropa? ¿Qué quieres decir?-
-Estoy vistiendo ropa de casa, no para un lugar de estos-
-Lila, quiero que entiendas algo- dijo levantando mi barbilla, observándome detenidamente a los ojos
– Tu eres a mis ojos la mujer más hermosa, no necesitas vestir ropa elegante para que yo sienta eso, además nadie tendría por qué decir algo de tu ropa- dijo y las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos.
-Está bien, entremos entonces- le dije y aunque me sentía un poco abrumada por todo lo que estaba pasando con Timy, también sabía que necesitaba sentir un poco de amor para seguir adelante.
Al entrar al lugar, apenas había gente, cosa que me hacía sentir un poco mejor.
Pero lo que no me esperaba era que el personal que se encontraba en ese momento me mirara con desdén, me sentía intimidada ante la mirada que recibía.
Gianluca pareció darse cuenta de mi incomodidad.
-¿Pasa algo?- le dijo a una de las mozas.
-La señorita no cumple con la vestimenta adecuada para este lugar señor, entiendo que quiera ayudar a una persona indigente Pero me temo que podría pedirle que la ayude afuera del lugar-
La cara de Gianluca cambio radicalmente, volviéndose fría al instante. El lugar pareció enfriarse de golpe por lo que la moza empezó a temblar ante la mirada escalofriante que le daba él.
– Necesito hablar con el gerente, AHORA!!-
Ante la exigencia de Gianluca, la moza que recién parecía muy altanera, salió corriendo a buscar al gerente con miedo en los ojos.
Para cuándo llegó el gerente, Vincent le explicó la situación.
La moza solo agachaba la cabeza, ya que el gerente no paraba de recriminarle su accionar, ya que no podía creer que le haya hablado de esa manera a un Vari..
Para cuándo nos sentamos a la mesa las pocas ganas que tenía de comer algo se esfumaron por completo.
-¿Estás bien?- me preguntó.
-La verdad, es que no. Quiero irme- dije y me levanté.
– No Lila, no puede salir huyendo cada vez que alguien diga algo malo de tí- me dijo.
-Tu no eres quién para decirme que tengo que hacer. Te dije que no me sentía cómoda por como estaba vestida y tú insististe- solté elevando un poco la voz.
-Lila tienes que entender que en todos lados hay gente cruel, que incluso te dirán cosas peores, pero tú no puedes salir corriendo cada vez que pase eso.-
-ESO YA LO SE!! TODA MI VIDA LO SUPE, NO SOY BONITA, NI TENGO EL CUERPO ESBELTO Y DELGADO QUE TODOS BUSCAN PERO SI NO ME SIENTO COMODA TU NO PUEDES OBLIGARME A QUEDARME!!- grité por qué ya estaba harta de que el mensopreciara mis sentimientos, mi forma de ser.
-Creo que es mejor que me vaya, y lo mejor sería que me dejes sola al menos por hoy- y salí corriendo del lugar.
A lo lejos podía escuchar los gritos de Gianluca pero no iba a detenerme, el tenía que entender que no todo en la vida es fácil para mi.
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