Los guerreros dragone s elementales forjando el poder - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 Relámpago Maldito
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6: Relámpago Maldito 6: Relámpago Maldito Antes de dominar el rayo, Tenshing fue sombra.
No porque estuviera preso…
sino porque algo ardía dentro de él desde aquella noche que lo cambió todo.
No hubo barrotes.
Solo una marca.
Y un grito que nunca debió escucharse.
El cielo rugía afuera.
Xelamg dormía a pocos metros, sin saber que el destino estaba cambiando.
Tenshing, con solo nueve años, dibujaba dragones mientras su hermana Sayuri le leía cuentos mágicos.
-Un día vas a ser un héroe -le decía ella con una sonrisa.
-¿Como los del libro?
-Mejor.
Como tú.
Pero la historia se quebró.
La puerta fue arrancada.
Una figura de humo carmesí entró con ojos dorados que parecían maldiciones vivas.
-Sayuri Takeda…
tu pureza es un faro -pronunció-.
Yo…
soy Eros.
Sayuri se interpuso entre la sombra y su hermano.
Pero no pudo contra el conjuro.
Antes de desaparecer, Eros alzó la mano y marcó a Tenshing.
-Tú cargarás mi marca.
Tu deseo…
será tu castigo.
El grito que Tenshing soltó no despertó a nadie.
Solo al sello que se encendía en su pecho.
Desde entonces, sus ojos brillaban con un azul eléctrico.
No por poder.
Por culpa.
-No la salvé -pensaba-.
Lo que arde dentro de mí no es fuerza.
Es fuego que no puedo apagar.
Es deseo.
Y Eros…
lo convirtió en veneno.
Pasaba entre los demás como si no fuera parte de ese mundo.
Las miradas lo seguían.
Las manos lo querían cerca.
Él se alejaba.
-Me desean, pero no me ven.
La marca de Eros hace que quiera…
lo que no me sana.
Esto no es amor.
Es castigo.
Techo de la escuela – Atardecer El cielo se teñía de dorado.
Xelamg y Tenshing entrenaban.
Ashli flotaba cerca, observando.
Cristal permanecía en silencio, atenta.
-¿Lo ves?
-dijo Ashli-.
Su energía vibra fuera de sí.
Es como si su alma no cupiera en el cuerpo.
Cristal entrecerró los ojos.
-No es solo energía.
Es deseo contenido.
Si no lo aprende a calmar…
Eros lo va a consumir.
El cuaderno temblaba entre sus dedos.
Adentro, un dibujo de Sayuri con alas de dragón.
Su sonrisa, intacta.
-Te voy a encontrar -pensó Tenshing-.
Y Eros pagará por cada noche sin tu voz.
El rayo empezaba a formarse entre sus manos.
Vibraba.
Quemaba.
Tenshing gritó.
La electricidad se descontrolaba.
Cristal se acercó con calma.
-Invoca tu espada.
No desde la furia…
desde el dominio.
Tenshing cerró los ojos.
Respiró.
El fuego se organizó.
El relámpago se dobló ante su voluntad.
Y entonces, la espada apareció.
Radiante.
Verdadera.
Cristal sonrió con respeto.
-El rayo no pide permiso.
Pero tú…
tú lo estás guiando.
Tenshing miró a Xelamg.
Su primo.
Su sangre.
-Él también tiene heridas.
No voy a dejar que la misma oscuridad que se llevó a Sayuri…
lo toque.
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